
La moda de los regalos a la carta
Cada vez más empresas optan por estas propuestas para agasajar a sus clientes o motivar a sus empleados
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Los regalos a la carta se convirtieron en la última moda en el mundo corporativo. De la mano de la popularización de propuestas como Valija Chica o Bigbox, en el último año se disparó la demanda de empresas que buscan una manera diferente y novedosa de agasajar a sus mejores clientes o de motivar a su fuerza de compras.
Copiando un modelo exitoso en Europa, cada vez son más las compañías –con los bancos y las aseguradoras a la cabeza– que prueban alternativas como los regalos de experiencia para reemplazar a la tradicional botella de vino o agenda de fin de año.
El concepto de regalos a la carta incluye un espectro cada vez más amplio de propuestas, que va desde una cena hasta un paseo en globo aerostático, pasando por días de spa, degustaciones de vinos o un curso a domicilio para aprender a hacer sushi.
Las cifras en juego además son cada vez más interesantes. El presente promedio no baja de los 250 pesos y en algunas situaciones especiales puede trepar hasta los 6000 dólares, como en el caso de un viaje personalizado al Tibet que organizó Valija Chica a pedido de su cliente, una multinacional que quería premiar a un gerente.
La hora de las estadías
A la hora de elegir los regalos, los clientes argentinos no se muestran demasiado originales y su comportamiento replica a grandes rasgos lo que sucede en otros mercados. Las propuestas de belleza y spa son las más buscadas para las mujeres, mientras que las actividades deportivas y al aire libre son las elegidas para el público masculino. "La categoría gastronómica es la opción clásica a la hora de regalar un obsequio para lucirse, por lo cual su crecimiento está apoyado en el incremento de ventas progresivo de Bigbox. Pero también las estadías y fines de semana (ya sea en estancias, hoteles boutique o establecimientos cinco estrellas) están teniendo muy buena aceptación por parte de nuestros usuarios, quizá por el hecho de haberse difundido ampliamente las «escapadas» para cortar con la rutina", explicó Gastón Parisier, el fundador, junto con su amigo Agustín Gold, de Bigbox. El proyecto nació en 2009, cuando Parisier conoció el concepto mientras estudiaba ingeniería en Lyon, Francia, y el año pasado se sumó al emprendimiento como tercer socio Lucas Werthein.
En busca del cliente final
En el sector coinciden que el futuro del negocio de los regalos a la carta pasa por una ampliación en el espectro de potenciales compradores de sus servicios. "Hoy el 90% de nuestras ventas son a clientes corporativos, pero creemos que el mercado argentino va a evolucionar igual que el francés o el belga, donde el principal comprador de este tipo de productos pasó a ser el consumidor final. Y para lograr este cambio es clave extender nuestra presencia a nivel retail, ingresando a librería o tiendas por departamento", explicó Wouter Van Landeghem, un emprendedor de origen belga que llegó a Buenos Aires en 2001 y siete años después fundó Valija Chica, replicando un modelo de negocios que conocía de su país de origen.
Cupones en guerra
El grado de desarrollo y competencia que alcanzó el negocio en algunos mercados europeos es de tal magnitud que en el último tiempo se masificó la reventa de este tipo de productos en sitios de subastas, similares a MercadoLibre. Sin embargo, en Valija Chica reconocen que hoy el principal motivo de desvelo para las empresas de regalos a la carta no es la competencia interna sino las más de cuarenta cuponeras que están operando en el mercado argentino. "Las cuponeras bastardean el negocio de la casa que ofrece el producto o el servicio, porque, al trabajar con un descuento tan importante, terminan afectando el valor percibido por el consumidor final", advierte Van Landeghem.





