
La muerte de Carlos Tacchi
Fue dos veces titular de Ingresos Públicos y batió los récords de recaudación
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"¡ Retenuta !", dijo el hombrecito calvo y de anteojos fijando la mirada en su frustrado interlocutor, quien acababa de intentar, poniendo un ejemplo cotidiano, que el disertante hablara en términos sencillos. "Eso que usted dice es una retenuta ", repitió -tratando de aclarar- el hombre que prometería pronto "hacer m..." a los evasores, Eran los primeros días de febrero de 1991 y hasta Juan José Llach -que como jefe de asesores estaba presentando a Carlos Tacchi a los periodistas- pareció tentarse de risa por el apego al lenguaje críptico de los contadores que mostraba el titular de Ingresos Públicos.
Tacchi -que murió ayer a los 63 años y tras batallar duramente casi siete contra el cáncer- había llegado al Ministerio de Economía para integrar el equipo de Antonio Erman González, quien renunció 15 días después.
Su inicial silencio ante la prensa, la renuncia de quien lo había designado y sus actitudes algo caricaturescas contribuyeron a que se lo tomara con muy poca seriedad en un principio.
Pero las sonrisas durarían muy poco en muchos rostros. Su empeño por recaudar, su inclaudicable voluntad que lo llevaban a trabajar hasta la madrugada en su oficina o en su casa, en la víspera de un feriado o mientras se recuperaba de una brutal operación y le realizaban quimioterapia surtirían pronto efecto.
La recaudación creció sin pausa y marcó varias veces récords históricos, mientras se eliminaban no menos de 20 impuestos -a los cheques, a los activos, al gas oil, entre otros- y se elevaba en más del ciento por ciento el mínimo no imponible de ganancias para los asalariados.
Mientras tanto, Tacchi lanzaba una embestida contra la evasión de la que habían pocos antecedentes.
Y sus intervenciones públicas eran para ratificar que no estaba dispuesto a perdonar a nadie.
"Es un fundamentalista de los impuestos y es la persona que más sabe de esta materia", solía decir Juan Alemann que, cuando fue secretario de Hacienda, tuvo a Tacchi como colaborador.
"Siempre lo admiré por su capacidad de trabajo, su absoluta honestidad y su brillante nivel intelectual", dijo Marcos Makón, que fue subsecretario de Presupuesto en el equipo de Cavallo.
"Ojalá hubiera muchos como él, con ese apego y dedicación por lo público, con esa permanente tarea en favor del bien común", dijo apenado Llach, apenas enterado de su muerte.
Tacchi con su tarea consiguió elogios impensados. No sólo del Fondo Monetario Internacional. También de Carlos "Chacho" Alvarez, que alguna vez dijo que de llegar al gobierno le gustaría tener a alguien como el contador ahora fallecido recaudando impuestos.
También Raúl Alfonsín elogió su tarea en los tiempos previos al Pacto de Olivos, cuando casi no había tarea de la administración menemista que no mereciera sus críticas.
Y hasta el presidente Carlos Menem subrayó alguna vez con ironía ante una reunión de empresarios que nunca había visto a los hombres de negocios aplaudir a quien les cobraba los impuestos.
Tacchi despertó enormes adhesiones hacia su persona, contando en el programa de televisión de Bernardo Neustadt la anécdota de su hijo gravemente herido tras rodar con el caballo que montaba.
"Lo atendieron en el hospital público de Moreno, sin preguntar quién era -recordó- me lo salvaron y cuando vi los pocos medios con que contaban, me prometí: "Voy a hacer m... a los evasores"" para conseguir más recursos para los servicios públicos.
Quizá sean esas actitudes las que generaron tanta simpatía y adhesión que llevaron alguna vez al presidente Menem a proponerlo como candidato a la intendencia porteña.
Sus detractores decían que sólo perseguía a los pequeños evasores, pero las denuncias contra Rodó, Angelo Paolo, Opalsen -por la que Franco Macri recibió una prisión preventiva y luego fue absuelto- demuestran lo contrario.
Y tampoco podrá decirse que protegió a los amigos del poder. La causa IBM - Banco Nación fue realizada por la DGI durante su gestión. Y también la de la llamada "mafia del oro".
Cavallo, consternado por la noticia dijo ayer desde España, que fue uno de los hombres que más lo ayudaron y que "el país pierde a un valiente".
Pero quizá la mejor definición de este hombre que será sepultado hoy a las 10.45 en el cementerio privado Memorial la haya dado el famoso escritor Cesar Aira, en su novela "La abeja".
Hace diez días, el propio Llach le leyó personalmente en su lecho de agonía la parte que lo pinta de cuerpo entero.
El protagonista de la novela es un evasor contumaz a quien "le bastaba ver a Cavallo en la televisión para sentir escalofríos; y a Tacchi, sobre todo a Tacchi. No era para menos, porque él estaba justo en la mira de la DGI: era un gran Autónomo, al que tenían derecho a exigirle todo, el cumplimiento completo de sus deberes de solidaridad social. Y realmente tenían derecho, eso era lo peor. Lo sentía hasta en el último nervio de su cuerpo. Era un delincuente. La más elemental razón y sentido común estaba de parte de Tacchi, y la sociedad entera, él incluido, no podían menos que reconocerlo. Era triste pero era así. Era el totalitarismo del Bien ".
Si para la Iglesia evadir impuestos es un pecado, tal vez hacer hasta lo imposible y dejar hasta la salud en la tarea de cobrarlos sea una virtud.
De ser así, Tacchi habrá pagado con creces el precio para entrar al Cielo. Y nada cuesta imaginarlo tampoco -aun a riesgo de ser irreverente- reclamando la correspondiente factura a la jerarquía celestial que le franquee la puerta.
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