Diagnóstico. El plan es la incertidumbre y la ambigüedad

Camilo Tiscornia
Camilo Tiscornia PARA LA NACION
Camilo Tiscornia explica la necesidad que hay que el Gobierno dé señales clara para reducir la incertidumbre
Camilo Tiscornia explica la necesidad que hay que el Gobierno dé señales clara para reducir la incertidumbre Fuente: Archivo
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19 de agosto de 2020  • 11:40

En los últimos días el Presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán, realizaron diversas afirmaciones muy relevantes en materia económica que, analizadas en conjunto, permiten llegar a un diagnóstico crítico de la situación en que nos encontramos y de lo que necesitamos para salir adelante.

"Cuando se emitió esa deuda se pagaba 7% y los acreedores sabían que tomaban un riesgo elevado. No hay deudor irresponsable sin acreedores irresponsables", dijo Martín Guzmán.

Cuando un inversor evalúa hacer una inversión realiza un análisis prospectivo de un sinnúmero de aspectos que hacen a la probabilidad con que recuperará la misma, con base en lo cual determina la tasa de interés que requerirá obtener en la operación. La aplicación de ese principio al caso de la Argentina durante el gobierno de Mauricio Macri revelaba dos grandes factores de incertidumbre : el primero era cómo haría su gobierno para revertir el enorme déficit fiscal heredado y asegurar el repago de la deuda; y el segundo, si él estaría en el poder al momento del repago o dependería de un gobierno en el que estuviera Cristina Kirchner , dado que en este último caso las probabilidades de sufrir pérdidas se percibían como mayores. Ambos derivaban en que los inversores demandaran una tasa de interés superior a la que podía observarse en otros países emergentes , que es el grupo contra el que hay que hacer cualquier comparación; decir que los países se endeudaban a una tasa cercana a cero sólo es válido para países desarrollados o muy estables, que nunca fue el caso argentino.

En este contexto analicemos la frase del ministro de Economía. Está estudiado que una economía puede enfrentar lo que se denominan técnicamente equilibrios múltiples. Aplicado al tema de la deuda sería algo así: si los acreedores piden una tasa alta y el deudor la valida, la probabilidad de que se repague la deuda es baja debido a que, por esa tasa elevada, la deuda se hará insostenible en algún momento; por el contrario, si la tasa es baja, hay mayores probabilidades de cumplimiento. En cierta forma, esto justificaría la afirmación del ministro y avalaría que el default era algo inevitable desde el origen y responsabilidad de los acreedores y del gobierno, que tomó la deuda en esas condiciones. Pero es una visión parcial, que deja de lado los factores de incertidumbre mencionados previamente.

Para avalar esta interpretación acerca de la influencia que los riesgos mencionados tenían para los inversores, baste notar que, con la victoria del oficialismo en las elecciones de octubre de 2017, el riesgo país convergió al promedio de los países emergentes, es decir, que en ese momento la Argentina hubiera pagado por su deuda lo mismo que otros países similares. Desde entonces todo cambió. Con el conflictivo cambio a la fórmula de ajuste de las jubilaciones, se verificó la dificultad que tenía el gobierno para reducir el déficit fiscal, lo que amenazaba la capacidad de repago de la deuda. Se sumaron en el arranque de 2018 la suba de tasas en Estados Unidos y la sequía, para reducir objetivamente más aún esa capacidad de repago y sumir al país en una recesión profunda. A partir de ello, comenzó un dramático círculo vicioso: con la pobre performance de la economía se reducían las chances de que el gobierno fuera reelecto, y por ende, aumentaban las de que Cristina Kirchner volviera a ser presidenta. Así, desde el piso que tocó en octubre de 2017, el riesgo país no paró de subir, reflejando la creciente probabilidad de que se materializaran los riesgos señalados, y en el camino, contribuyendo a agravar la falta de sustentabilidad de la deuda, en línea con la visión del ministro.

El proceso terminó con el default de la deuda y el triunfo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales; es decir, se materializaron los riesgos que los inversores temían, validando la decisión que tomaron al fijar sus tasas de interés.

¿Qué lección puede sacarse de esto? Para no caer en una nueva crisis, como las tantas que vivimos, hay que evitar que la economía enfrente tasas de interés altas (algo que va en línea con lo que el ministro sugiere), pero eso requiere bajar la incertidumbre, tanto sobre las finanzas públicas como sobre la política económica, y en la Argentina eso implica fundamentalmente definiciones claras por parte del gobierno.

Ahora es el momento de analizar una afirmación del Presidente: "Francamente, no creo en los planes económicos. Creo en los objetivos que nos podemos fijar y trabajar para conseguirlos". Y combinarla con otra frase muy repetida últimamente: "no miren lo que digo, miren lo que hago". Esto es la consagración de la incertidumbre y la ambigüedad en la forma de gestión de la política económica, es decir, el camino opuesto al que señalábamos como necesario. Ni que hablar si se combina con el enorme déficit fiscal y con la creciente turbulencia política de los últimos dos meses, que no hace más que validar, una vez más, la percepción de alto riesgo que tienen los inversores.

Y ahora analicemos otra frase del Presidente: "La forma de reducir la pobreza es con la inversión privada, no hay otro modo". Con todo lo analizado, ¿cuánta será la inversión, y por lo tanto, la reducción de la pobreza si se insiste con este rumbo? La respuesta es obvia.

No hay duda de que el camino para superar el drama de la pobreza es el de la inversión pero ello requiere mucho más que palabras. Requiere previsibilidad; certeza es imposible, nadie la puede dar, pero la previsibilidad sí. El gran obstáculo es que, por la forma en que históricamente el kirchnerismo gestionó el poder y la economía, cuando los inversores quieren hacer un cuadro del futuro, lo ven sumamente incierto.

La pelota está en el campo del gobierno. Si realmente tiene la convicción de la importancia de la inversión, tiene la oportunidad de dar las señales necesarias. Las mismas le requieren dejar de lado prácticas, conceptos y políticas absolutamente perimidos y abrirse al acuerdo con los principales espacios de la oposición, aspecto fundamental para bajar la percepción de riesgo y contribuir a la previsibilidad. ¿Ocurrirá? Por el momento, los inversores no lo creen: la mentada "exit yield", la tasa con la que los inversores valúan la propuesta de reestructuración de la deuda, es del 10%, más alta aún que el 7% que el ministro consideraba como elevado.

El autor es Director de C&T Asesores Económicos y profesor de economía monetaria de la UCA

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