
La nueva cara de la industria farmacéutica
En los últimos cuatro años hubo más de diez operaciones; las inversiones en el sector superan los US$ 1000 millones
1 minuto de lectura'
La industria farmacéutica local ya se mueve al ritmo de la ola de compras y fusiones que se levantó en el sector a nivel mundial. Aunque todavía a un paso lento, los 300 laboratorios que se reparten el mercado marchan hacia la concentración, mientras ganan protagonismo las compañías locales y extranjeras de mayor tamaño.
En los últimos cuatro años, el libro de pases del sector registró más de diez operaciones. Entre las más importantes, Laboratorios Chile se quedó, por US$ 175 millones, con Syncro y Armstrong. La norteamericana Bristol Myers compró Argentia por US$ 150 millones. Y Monsanto adquirió, por US$ 110 millones, Chemotécnica Sintyal.
El pronóstico es que la tendencia se profundizará este año. "Los laboratorios nacionales, por lo menos los intermedios y chicos, van a seguir vendiendo", dijo Luis Alvarez, director gerente de Glaxo Wellcome Argentina.
Los compradores no serán sólo los laboratorios extranjeros, sino también los locales más grandes, que parecen resistir la transnacionalización del sector. Laboratorios Roemmers, por ejemplo, dio el primer golpe del año con la firma de un acuerdo de intención para la compra de Labinca, propiedad de la familia Brandes.
"La extranjerización del mercado no parece posible en el corto plazo, porque si bien hay una tendencia a la concentración también hay una gran resistencia a la venta por parte de las compañías argentinas más grandes", comentó Pablo Challú, director ejecutivo del Centro Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa).
Megafusiones a nivel mundial
Otra de las causas de que las multinacionales no avancen sobre los laboratorios más grandes parece estar en que muchas de ellas están más ocupadas en las megafusiones a nivel mundial, cuyas consecuencias también se sienten en las filiales locales.
En estos momentos, por caso, está en marcha la fusión de Glaxo Wellcome con Smith-Kline Beecham. El resultado sería el fabricante de medicamentos más grande del mundo.
En la filial de Glaxo Wellcome prefieren no hablar demasiado sobre el futuro inmediato. "Por ahora no estamos con ninguna operación entre manos, pero no descartamos ninguna posibilidad, ya sea la compra de un laboratorio local o la construcción de una nueva planta", dijo Alvarez.
La industria farmacéutica del país está muy atomizada: entre los cuatro primeros laboratorios del ranking de ventas (Roemmers, Bagó, Roche, Hoechst-Marion-Roussel y Sidus) capturan poco más del 25% del mercado. El resto se reparte entre las filiales de laboratorios extranjeros y pequeñas empresas familiares.
"Los medicamentos no son heladeras, que se pueden vender masivamente -explicó Marcelo Argüelles, presidente de la local Sidus-. Además, desarrollar un producto lleva años de investigación. Por eso ninguna compañía tiene una participación de mercado superior al 7 por ciento."
Causas
La concentración del negocio tiene dos caras. Por un lado, los laboratorios chicos ya no pueden competir con los grandes. Les falta un volumen de producción importante para bajar costos y la masa de fondos necesaria para invertir en tecnología e investigación.
Como en otros sectores de la economía, la cara visible de este fenómeno fueron las familias. Los Cohen se desprendieron de Argentia, los Gold de Sintyal, y los Volpino le vendieron el laboratorio del mismo nombre a la alemana Merck.
Y del lado de los compradores, el mercado argentino, que mueve unos US$ 3600 millones, resulta muy atractivo. Empujado por el aumento del consumo y de las exportaciones, entró en una etapa de expansión que le permitió alcanzar, el último año, un crecimiento del 6 por ciento.
"Cuando compran un laboratorio, las multinacionales se quedan con un negocio que ya está en marcha y, sobre todo, con participación de mercado -dijo Argüelles-. Así les resulta mucho más fácil penetrar en el sector que empezando de cero."
Por otra parte, la sanción de la ley de patentes agregó valor a las compañías, ya que muchas de las multinacionales quieren hacer pie en país antes del 2001, cuando la norma entre plenamente en vigencia. Otro factor que actúa como imán de inversiones es el Mercosur: con una planta en la Argentina, los laboratorios tienen acceso a un mercado de 200 millones de habitantes.
"En este sentido, la Argentina corre con desventaja frente a Brasil, cuya ley de patentes ya rige -advirtió Eduardo Tettamanzi, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), que agrupa a los laboratorios extranjeros-. Eso lo hace más atractivo para las inversiones."
Challú no opinó lo mismo. "Cuando las multinacionales consiguen una ley de patentes a su medida, en vez de invertir, desinvierten -aseguró-. Las inversiones en investigación y desarrollo las siguen realizando en su país de origen. Y el ejemplo más claro es Chile: en los últimos cinco años se retiraron más de siete compañías de ese país."
Los laboratorios extranjeros suelen poner a la ley brasileña como ejemplo, porque tiene retroactividad, y prometen más de US$ 2000 millones de inversión en ese país hasta el 2000.
Los precios y las patentes
Todos los consultados coincidieron en un punto: la entrada en vigor de la ley de patentes marcará un antes y un después en la industria. Los laboratorios locales ya no podrán seguir copiando fórmulas, por lo que tendrán que concentrarse en medicamentos cuya patente ya venció o en mercados que todavía no cuenten con esa norma, como algunos países asiáticos.
"Además, serán necesarias las alianzas estratégicas con grandes multinacionales para producir medicamentos protegidos", dijo Carlos Chávez del Valle, gerente de relaciones institucionales de Bagó. La compañía argentina ya cuenta con 24 acuerdos de complementación con laboratorios extranjeros.
Entre los laboratorios nacionales calculan que la aplicación de la ley de patentes producirá una transferencia de fondos hacia el exterior de US$ 500 millones por año. "Esa cifra corresponde a las ventas y no a las ganancias de los laboratorios o al pago de royalties, que serían muy inferiores", aclararon en Caeme.
En cuanto a los precios de los medicamentos, y en contra de la creencia generalizada, los empresarios aseguran que no van a subir. Como la ley de patentes no es retroactiva, se aplicará sólo sobre los medicamentos registrados a partir de su entrada en vigencia. Y renovar el mercado con nuevos productos llevará de 20 a 30 años.
Claro que los productos tampoco van a bajar, como sucede cada vez que la fórmula de un medicamento comienza a ser copiada por la competencia. "Por eso el reaseguro del consumidor va a pasar a ser nuevamente la empresa argentina, que va a ofrecer los productos más antiguos y con mayor permanencia en el mercado, en vez de la última novedad", pronosticó Del Valle.
Debate por la ley de confidencialidad
Con una ley de patentes que ya entró en la cuenta regresiva, el debate en el sector farmacéutico pasa ahora por la ley de confidencialidad. "Como los laboratorios extranjeros no pudieron meter el monopolio de las patentes por la puerta, ahora lo quieren meter por la ventana", suelen comentar los empresarios locales cuando se los consulta sobre la norma.
La ley, que fue sancionada en diciembre de 1996 y aún no fue reglamentada, establece la confidencialidad sobre los datos que un laboratorio debe dar al Estado cuando registra un medicamento que quiere comercializar.
Esta información tiene que ver con la composición y el proceso de producción de un medicamento listo para salir al mercado. Se trata de una etapa posterior al registro de una patente, que se realiza cuando una molécula recién comienza a ser desarrollada y que da a su inventor la exclusividad del producto durante veinte años.
Los laboratorios extranjeros tienen una objeción: la aceptación dentro de la ley del registro por similaridad, que permite registrar una droga que sea similar, y no necesariamente igual, a otra que ya está en el mercado.
"Debería haber pruebas muy precisas para determinar que, cuando alguien trata de registrar un medicamento similar a otro, no está utilizando el mismo proceso de producción que el inventor de la droga", dijo Tettamanzi, de Caeme.
"Con la ley de confidencialidad, las multinacionales quieren dar un salto y adelantar, en la práctica, la entrada en vigencia de la ley de patentes", disparó Challú, de Cilfa.
La ley de patentes, que fue sancionada por el Congreso en marzo de 1996, establece un plazo de cinco años para la plena vigencia de los derechos de propiedad intelectual. Durante este período, los laboratorios nacionales deberán reconvertirse para ganar en competitividad y poder desarrollar moléculas propias.
"En esto la Argentina se equivocó, porque el Acuerdo General de Comercio y de Tarifas, más conocido como GATT, permite un plazo de hasta diez años -dijo Challú. Estados Unidos, que tanto presionó por la ley de patentes, se tomó diez años para reconvertir su industria textil."
"Un período de transición tan largo corresponde a países como Burundi -contraatacó Tettamanzi. La Argentina es el décimo mercado farmacéutico del mundo, con un nivel de desarrollo y tecnología en el que los laboratorios locales son líderes."
1
2Tiene 366 empleados: los nuevos dueños de Vicentin buscan reactivar una histórica algodonera
3Las 20 yerbateras que más venden: la correntina que crece a “tasas chinas” y es la nueva líder y las cordobesas que sorprenden
- 4
El abogado experto en tecnología que pasó a liderar el estudio más grande del país



