
La película del default
Las diferencias entre Lavagna y Krueger llevaron al presidente Eduardo Duhalde a realizar sólo un pago parcial al Banco Mundial y crearon nuevos desacuerdos
1 minuto de lectura'

WASHINGTON.- La decisión estaba tomada. El presidente Eduardo Duhalde se hizo cargo el lunes último de la responsabilidad de acordar esa misma semana con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
"Hay que hacer todos los esfuerzos", dijo el Presidente ante el ministro de Economía y un grupo de colaboradores. El "todo" implicaba pagar en forma completa el vencimiento de US$ 805 millones al Banco Mundial el jueves último.
Así se lo comunicó el ministro al principal negociador de la Argentina, Guillermo Nielsen, hace seis días, cuando el secretario de Finanzas partía para Washington.
Para cumplir con la voluntad presidencial -largamente anhelada por el Ministerio de Economía- Lavagna se sumó a la delegación argentina en Washington, aun cuando la agenda de reuniones no resultaba muy auspiciosa: la directora ejecutiva y el principal negociador del Fondo para el país, Anoop Singh, no estaban en la capital de los Estados Unidos a principios de la semana. Lavagna abordó el avión casi sin certezas y el día siguiente sus esperanzas comenzaron a desdibujarse.
La primera reunión de Lavagna con la reaparecida Krueger, el miércoles por la noche, fue muy tensa y dura.
A ese encuentro se había llegado después de dos días de discusiones en el nivel del staff técnico del Fondo, que encabeza para el caso argentino el inglés John Thornton, y durante las cuales Nielsen tenía la sensación de que se había logrado un nivel de avance importante que dejaba al país más cerca de un acuerdo.
Con ese panorama entró Lavagna en escena el miércoles. Cuando empezaron a repasar los temas, la subgerente del Fondo dijo que había muchas cuestiones en las que había que seguir discutiendo porque estaban muy lejos de las pretensiones del organismo, además de haberse sumado el tema de la prórroga de las ejecuciones hipotecarias a la discusión. Los funcionarios argentinos sintieron que estaban apareciendo nuevos temas y que se les volvía a correr el arco en el momento de patear.
Un viejo funcionario del Fondo, conocedor de la entretela de la negociación con la Argentina, señaló que no es cierto que se corra el arco. El arco siempre está en el mismo lugar y los objetivos que se persiguen siguen siendo los mismos que se vienen discutiendo en los últimos años.
Fueron apenas 15 minutos -ése fue el tiempo que estuvo presente Krueger en la reunión hasta que se levantó y se fue porque dijo que se sentía mal por una gripe- en los que Lavagna y Nielsen tuvieron la sensación de que no había voluntad política de parte del Fondo para cerrar un acuerdo.
Ese fue el momento en el que el equipo argentino consideró que si no había a la mañana siguiente aunque fuera una leve señal no tendría sentido pagarle al Banco Mundial.
La decisión del lunes parecía totalmente descartada. Quedaba atrás incluso la hipótesis "conciliadora" de algunos integrantes del Palacio de Hacienda de abonar entre US$ 300 y US$ 500 millones al BM, casi la misma suma que el Gobierno había recibido hasta ahora por parte de la entidad que conduce el australiano James Wolfensohn.
El Banco Mundial no esperaba un cumplimiento completo y hasta tenía una mirada comprensiva si sólo llegaba un pago parcial. "Sería un gesto de buena voluntad", dijo un importante funcionario del banco a LA NACION.
Todavía en la noche del miércoles los teléfonos del secretario de Hacienda, Jorge Sarghini, y del subsecretario de Financiamiento, Leonardo Madcur, no dejaban de sonar. Lavagna y Nielsen pedían precisiones; Sarghini y Madcur repetían la orden: había que mostrar que la carta de intención podía tener alguna consistencia, a pesar del escepticismo del staff del Fondo.
Pero las reuniones del jueves en Washington no provocaron ningún avance sustantivo para pensar en un rápido final. Fue entonces cuando el ministro se comunicó con el secretario de Política Económica, su amigo Oscar Tangelson, para que convocara a los empresarios del sector del consumo para comunicarles la baja del IVA del 21% al 19% y pedirles que bajaran los precios en el mismo orden.
Tangelson comenzó con los llamados y, en una de sus primeras apariciones mediáticas, aclaró que el Gobierno bajaría el IVA con o sin el consentimiento del Fondo.
En el área de Hacienda el clima de nervios se multiplicó: todos pensaban que Lavagna sólo amenazaba con bajar el IVA para provocar al FMI.
"Esto es parte de la negociación", había dicho días antes, confiado, un integrante del equipo económico.
Pero desde el jueves por la mañana el panorama está ensombrecido. Lavagna levantó el teléfono y le comunicó al presidente Eduardo Duhalde que la negociación se había trabado en reclamos del Fondo que se escapaban de las manos del Poder Ejecutivo y que debían ser avalados por el Congreso y los gobernadores. Duhalde estaba en un acto político en la localidad bonaerense de Ituzaingó. El ministro recibió dos órdenes: pagar sólo intereses por US$ 79 millones y bajar el IVA al 19%, todo el mismo día.
El Presidente le prometió a Lavagna que sería él mismo el encargado de comunicar la decisión en forma pública antes de embarcarse a la cumbre de jefes de Estado en República Dominicana. Horas más tarde, Duhalde cumplía con este anuncio y convocaba a una reunión de gobernadores para recibir la bendición política que el Fondo reclamó hasta el hartazgo.
El ministro acató y dio la orden de pago. En la misma jornada se comunicó 15 veces por teléfono con su vocero, Armando Torres, para no perderse ningún detalle de la repercusión mediática provocada por el pago parcial.
Por la noche se subió a otro avión. Dejaba atrás una ciudad donde la mayoría de los analistas cree que el acuerdo no está ni remotamente cerca porque el Gobierno no cumple con nada de lo que promete.
Pero el jueves por la tarde, horas después de que se supiera que la Argentina no había cumplido con el pago al Banco Mundial, los aplausos que partían de la oficina que ocupa el director argentino en el Fondo, Guillermo Zocalli, llevó a los funcionarios que trabajan en el mismo piso a preguntarse si finalmente se había alcanzado el acuerdo con nuestro país.
Estaban equivocados. En el piso 11 del cuartel general del Fondo se festejaba el cumpleaños del representante argentino con dos tortas y velitas, luego de la última reunión del ministro de Economía, Roberto Lavagna, con la número dos del FMI, Anne Krueger, y con el director para el Hemisferio Occidental y negociador central para nuestro país, Anoop Singh.
Ese fue el único momento de distensión en los tres días de durísimas negociaciones.
La presencia del superintendente de Entidades Financieras del Banco Central, Jorge Levy, en la última ronda de reuniones en Washington ayudó a despejar dudas en el Fondo. Ante su presencia, hubo quien se ocupó de decirle al Fondo Monetario Internacional que se trataba de uno de los hombres del presidente Duhalde en la negociación.
Una de las cuestiones que generaba dudas en el Fondo, dijeron fuentes del organismo, era que lo que se acordaba en Washington al Presidente lo tomaba por sorpresa.
Por eso la presencia de Levy fue fundamental en la última etapa de las discusiones, cuando el nivel de empantanamiento del miércoles hizo temer por la suerte de las negociaciones.
Otro clima
Las reuniones con Krueger son por lo general tensas y muy difíciles, en las que no falta algún cruce con Nielsen. Fuentes del Fondo dijeron a LA NACION que el funcionario argentino se sale fácilmente de las casillas y que muchas veces eso ha provocado problemas en la negociación.
Nielsen ha admitido a algunos amigos que es cierto que no puede ocultar su vehemencia en algunos momentos de las negociaciones, pero ha dicho que él no pierde el control.
Dos meses atrás, cuando la número dos del Fondo tiró sobre la mesa la pretensión del organismo para que se aumentaran el 30% las tarifas de los servicios públicos, Nielsen no anduvo con vueltas: "¿Esto es una negociación o una rueda de lobby?" El silencio invadió la sala del Fondo y la tensión se fue al cielo.
Los funcionarios argentinos no logran comprender aún qué fue lo que revirtió el clima el jueves por la tarde. La última reunión de Lavagna con Krueger, antes de que el ministro emprendiera el regreso a Buenos Aires, fue completamente opuesta a la del día anterior.
La propia Krueger emitió una declaración, en la que aunque recordaba las diferencias más importantes reconocía los acercamientos y reafirmaba la voluntad del FMI de llegar a un acuerdo.
En la delegación argentina creen que tuvo mucho que ver el minucioso trabajo de repasar detalle por detalle la carta de intención que hicieron Singh, Thornton, Nielsen y Levy, sin la presión del vencimiento con el Banco Mundial en la cabeza, porque a esa hora la Argentina ya había decidido que sólo pagaría el tramo correspondiente a los intereses.
Definiciones
López Murphy
- "Si vamos a entrar en default total vamos a un territorio desconocido y muy difícil. Si es cierto que alguien quiere usarnos para un experimento así, que a mí no me consta, en todo caso no deberíamos prestarnos.
Walter Molano
- "Fue una jugada interesante porque no le hicieron el default completo al Banco Mundial y al mismo tiempo no se arrodillaron ante los organismos; esto es un momento revolucionario para el mundo en desarrollo."
Paul O´Neill
- "Si algo ha cambiado en la Argentina en los últimos seis meses ha sido para bien. No creo que la situación del país se esté deteriorando, sino que, por el contrario, pienso que se está estabilizando y mejorando levemente."





