
La piratería le saca fortunas al video
La venta ilegal de películas mueve $ 1150 millones al año, mientras que la formal apenas factura $ 219,4 millones; cierran locales y cae el empleo
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La quiebra del "buque insignia" Blockbuster en los últimos días de 2010 es todo un símbolo del golpe que la piratería asesta en el país a la industria del alquiler y venta de películas. Sucede que, como los legendarios villanos del mar, los comerciantes ilegales arrebatan cada año un botín mayor a un sector que se repliega, en franca decadencia: sólo quedan 600 videoclubes de los 3000 que había hace cinco años, dos tradicionales videoditoras cerraron sus puertas y la facturación ilegal se dispara en detrimento de la legal.
Los $ 393 millones que la cadena legal de venta y alquiler de películas facturaba en 2007 cayeron a $ 219,4 millones este año, al tiempo que las cifras de sus competidores piratas en el mismo período pasaron de $ 500 millones a $ 1150 millones, según un análisis de la Unión Argentina de Videoeditores (UAV). No son los únicos datos que reflejan el impacto del comercio ilegal: mientras que hace cinco años un film importante vendía 6000 copias legales, en la actualidad sólo llega a 1200.
Daniel Parise es presidente de Transeuropa y SBP, dos videoeditoras que aún subsisten, junto con AVH y Blueshine, luego de que Gativideo y LK-Tel cerraran en 2009. "Mis ventas cayeron 25%, respecto de 2010, que ya había sido malo. Sólo Blockbuster me compraba diez títulos para cada uno de sus 80 locales", lamenta el hombre, que también preside la UAV. "Alquilar algo legal hoy es muy complicado, porque hay ciudades que antes tenían 60 videoclubes y ahora les quedan sólo dos", comenta.
Si bien la caída del gigante norteamericano y otros males del sector tienen mucho de culpas propias, como precios exorbitantes y monopolio, a ojos de la industria, la piratería es el peor enemigo del momento. Es ella, coinciden, la responsable de la pérdida de 25.000 puestos de trabajo en los últimos cinco años, y la que acapara la venta de 70 millones de copias anuales que antes se alquilaban en videoclubes.
Los locales de video, que tuvieron su época dorada a mediados de los años 80, son la cara más visible de esta crisis, pero no la única. La cadena incluye a autores, productores, videoeditores (compran los derechos, tercerizan la producción y distribuyen), replicadores de DVD (fabrican el soporte físico), gráficos (trabajadores independientes que se encargan del arte), imprentas (hacen cajas y afiches) y plásticos (confeccionan estuches).
Jorge Podestá es director de Laser Disk, una empresa fabricante de soporte (DVD). Su visión es desalentadora. "La cadena está toda lastimada, desde el autor hasta el distribuidor, pasando por el fabricante", dice. Su compañía, que junto con Teltron y AVH concentran el 80% de la fabricación local, produjo este año la mitad de los 40 millones de DVD que hacía en las buenas épocas.
Podestá explica que hace dos años que no invierte en maquinaria, porque la piratería callejera le quita cada vez más mercado. "Es imposible, por ejemplo, que desembolsemos US$ 2 millones en una máquina que fabrique blu-ray [disco óptico de nueva generación]. El que lo quiere lo tiene que importar", señala. Así, el empleo también se resiente. "Tenemos 120 empleados, cuando podríamos tener 180", acota.
Las copias piratas, que en tiempos del VHS (casete) no eran más que una mezcla dentro de la oferta de algunos videoclubes, que compraban un original y lo replicaban, hoy está en todas partes: la salida del cine, los subtes, las veredas y las plazas. Allí se pueden conseguir películas, incluso antes de su estreno en el cine, por $ 10, mientras que un alquiler promedio en un videoclub está a $ 15, y la venta, entre 25 y 45.
Norberto Melo es un sobreviviente. Hace 30 años que es dueño de Videomanía, un videoclub de La Plata, y jura que continuará dando pelea. "Nuestro negocio sigue siendo una videoteca zonal, multicultural y, sobre todo, legal", subraya Melo, que además preside la Cámara Argentina de Videoclubes. "Mantenemos el alquiler a $ 15, siempre la mitad que una entrada de cine", afirma.
Según Parise, de UAV, a un sector que paga IVA (21%), ingresos brutos (4%) y el impuesto al video (10%), por cada film que vende a los videoclubes a un promedio de $ 60, se le hace muy difícil competir contra la piratería, que no tributa nada ni respeta los tiempos de lanzamiento, que en el caso del comercio legal son de tres meses después del estreno en cine. "Muchos compran lo trucho sin culpa, porque odian a la industria de Hollywood, pero la más dañada por esa conducta es la economía local, ya que de todo lo legal que se factura, sólo el 7% va afuera en concepto de regalía", señala Parise.
En los últimos años, apareció además el video online , una nueva competencia en sí misma, con sitios como Taringa o Cuevana, que permiten ver gratis la película (vía streaming ) y ganan dinero con la publicidad. "Son un causante más de la profundización de nuestro deterioro", dispara Melo.
¿Será el golpe de gracia para el videoclub? Melo no se da por muerto. "Si sigue el soporte físico, vamos a sobrevivir, de la mano de un trato personalizado", dice. Eso nadie se lo puede garantizar: la suerte del formato físico aún es una incógnita mundial, al tiempo que la piratería esquilma cada vez más el botín del video.
IMPACTO
25%
Es lo que cayó la facturación de las videoeditoras (que proveen a los videoclubes) en 2001 respecto de 2010.
1150
Son los millones de pesos que facturó en 2011 la venta ilegal de películas en la Argentina.
70
Son los millones de copias que antes se alquilaban en los videoclubes y que en este año fueron comercializadas por vendedores ilegales.




