Ocho claves para sobrevivir al debut como jefe

Asumir un puesto directivo implica desafíos como aprender cuándo delegar y aceptar el impacto en la vida personal del nuevo cargo
Eugenio Andrés Marchiori
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20 de marzo de 2019  

Toda primera vez tiene una mística especial, y el primer puesto gerencial no podía ser la excepción. El paso de "hacer" a "hacer hacer" suele ser el mayor desafío en la carrera profesional.

Después de preguntarles a varios líderes maduros qué hubieran querido saber ese día cuando les dieron la noticia de que iban a ser ascendidos a su primer cargo como gerentes, se resumieron las respuestas en los siguientes puntos.

1. Saber cuándo hay que delegar y cuándo intervenir

Delegar requiere administrar el riesgo y la confianza. Hay que tener en claro cuáles son las habilidades del colaborador y no delegar tareas que creamos que lo superan. Se trata de un equilibrio inestable entre la "sobreprotección" (el micromanagement) y el "quemar" al empleado por asignarle trabajos para los que no está preparado. Una vez que se ha delegado, se debe tener (y transmitir) confianza en la persona elegida.

2. Admitir que el jefe no tiene que saberlo todo

Hay pocas cosas peores para un empleado que un jefe que cree saberlo todo porque se crea un ambiente donde no hay nada de valor para agregar. La inseguridad de algunos gerentes primerizos (y no tanto) los lleva a plantarse como una suerte de Superman que nunca se equivoca. Es preferible mostrarse abierto y vulnerable para estimular a los demás a participar y a aportar.

3. Entender que cambia la manera en que se es percibido

En solo un instante, se pasa de ser un par a ser un jefe. Luego de las felicitaciones y del shock inicial, tanto los colaboradores como los superiores perciben de manera diferente al nuevo líder. Ante todo, hay que estar consciente de que el título no significa respeto de inmediato; para conseguirlo, se debe encontrar un punto de equilibrio entre la confianza excesiva ("los amigotes") y las barreras sociales ("el agrandado"). Con respecto a los superiores, se debe buscar visibilidad para que adviertan el desempeño en la nueva función.

4. Evaluar de cuánta autonomía se dispone

Hay que tener bien en claro cuáles son los objetivos por cumplir y cuáles son las expectativas puestas en uno. Una vez que se han comprendido, hay que evaluar si se dispone de la autonomía suficiente para poder cumplir con lo esperado.

5. Reconocer los manejos políticos

Aunque no se trate de un cargo de alto nivel, al asumir una responsabilidad gerencial, la política interna comienza a tener mayor influencia en los resultados. Hay que familiarizarse con los diversos jugadores, identificar a los hubs (o influencers, en lenguaje Instagram) y hacer un mapa mental de las redes informales que podrían tener impacto en las funciones del manager.

6. Valorar la relación con el equipo

Las responsabilidades recién adquiridas requieren que el nuevo jefe esté dispuesto a actuar como facilitador de las tareas del equipo. Para que el trabajo fluya, es necesario contar con las personas más capaces. El rol del gerente es identificar a esas personas y darles feedback para estimular lo que hacen bien o para mostrarles oportunidades de mejora a tiempo. Asumir un rol gerencial implica ponerse al servicio del equipo y luchar por su éxito.

7. Aceptar el impacto en la vida personal

En un primer momento, el nuevo puesto (que habitualmente viene acompañado por una mejora del salario) genera excitación y alegría. Al poco tiempo, se cae en la cuenta de que el balance vida personal/vida laboral se ve alterado. En algunos casos, los efectos colaterales se traducen en complicaciones del sueño, en aumento de la ansiedad (sensación de tener que estar conectado 24/7) y en un estrés hasta entonces desconocido.

8. Escuchar y escuchar

"Es fundamental escuchar y después volver a escuchar, y cuando todos dieron su opinión antes de dar la propia como nuevo gerente, volver a escuchar", según comentaba una de las líderes entrevistadas. Nada es suficiente para resaltar la importancia de la escucha que, además, es el camino más directo para superar los sesgos personales.

Los puntos anteriores no agotan los cambios que implica el pasaje de gestionarse a uno mismo a gestionar a otros. También varían las habilidades necesarias (de organización y de coaching), el empleo del tiempo (más dedicado a la planificación y al control del tiempo de otros) y los valores (de valorar el trabajo individual a valorar las tareas gerenciales). Más allá de todo lo anterior, hay un punto en el que coincidieron la mayoría de los entrevistados: un nuevo manager debe contar con gente de confianza, a quien pueda recurrir en busca de apoyo. Lejos de ser una señal de debilidad, pedir ayuda es una muestra de madurez que será apreciada por todos los involucrados

El autor es profesor de la Escuela de Negocios de la UTDT

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