
La relación de Brasil con el FMI es como una luna de miel en Río
Con menos compromisos que la Argentina y cumpliendo la receta del Fondo Monetario Internacional casi sin que se le pida, el socio mayor del Mercosur vive su mejor momento con el organismo internacional.
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SAN PABLO.- La relación de Brasil con el Fondo Monetario Internacional podría equipararse con la de un matrimonio moderno, de esos ligados por un compromiso afectivo pero que, al cabo del día, los cónyuges duermen en camas separadas.
Sin ningún tipo de acuerdo firmado ni derecho a reclamar metas por cumplir, el FMI visita a Brasil todos los años apenas como parte de una rutina. La relación hoy es tan buena que el gobierno brasileño ha pedido ser visitado no una vez -como pauta el estatuto del Fondo-, sino dos.
Ideológicamente, el pueblo brasileño siempre ha tenido recelo del Fondo, más aún que el argentino. Por ese motivo, en junio de 1994, cuando comenzó el plan de estabilización denominado real, parido durante la transición Itamar Franco-Fernando Cardoso, se largó sin ningún tipo de aval del Fondo.
"Habría sido difícil implementarlo, porque se lo habría visto como una entrega", comentó a La Nación un asesor directo del Ministerio de Economía brasileño. "Por eso, en ese momento las relaciones con el Fondo fueron un poco tirantes, y en un principio ellos hasta desaprobaron el plan real", recordó el funcionario.
Poco tiempo después, los técnicos del FMI percibieron que el plan no era más que una receta de lo que ellos pregonaban y Michel Camdessus levantó su dedo pulgar en señal de aprobación.
Así quedó sepultada la rotura histórica con el Fondo, forzada por Juscelino Kubistchek en la década del 50, o la moratoria adoptada por José Sarney en la década del 80, y la relación se transformó en una luna de miel que continúa hasta hoy.
Punto por punto
Si se toman los factores que inspiraron el llamado de atención del FMI a la Argentina, ahí se percibe cómo tanto la relación con Brasil, así como sus variables, son diferentes de país a país.
"Los técnicos del Fondo ven que aun cuando los números no den perfectos, y en muchos casos hasta sean peores que los argentinos, Brasil se esfuerza por seguir los dictados del organismo internacional sin que se lo pidan", explicó Ives Grandra Martins, presidente de la Academia Internacional de Derecho y Economía, y considerado uno de los más importantes tributaristas brasileños.
Un ejemplo podría ser la reforma laboral. El FMI pide a la Argentina reducción del costo laboral, cuando se estima que añade 60 por ciento al monto del salario. Pues en Brasil el costo laboral se eleva 102 por ciento por sobre el sueldo, pero los auditores internacionales no reclaman nada.
Es que aun cuando el Gobierno no consiguió flexibilizar por completo el mercado de trabajo, en enero de este año obtuvo la ley de "contrato temporario", que permite al empleador contratar empleados por el tiempo que considere necesario y despedirlos sin indemnización.
"La relación es buena también porque el gobierno no se sale del rumbo y está tratando de cumplir con las metas, aun cuando no tenga un acuerdo firmado", opinó Gandra Martins.
La deuda del gobierno brasileño es de 160.000 millones de dólares y está financiada a 30 años, no con el FMI sino directamente con los acreedores. El Gobierno cumple rigurosamente el pago de las cuotas.
El poder de Brasil también es un elemento por considerar en esta relación. El producto bruto interno (PBI) brasileño, de 806.000 millones de dólares, supera al de Rusia y se ubica en el octavo puesto en el mundo. Representa la mitad del de Francia, y pierde por 400.000 millones con el del Reino Unido. El PBI argentino, en tanto, es de aproximadamente 340.000 millones.
En cuanto a la balanza comercial -que compara exportaciones con importaciones- la situación brasileña también es más favorable. Si se cumplieran las previsiones del FMI, en cuanto a que la Argentina tendrá este año un déficit de 8000 millones de dólares, el vecino del Sur quedaría con un déficit cercano al brasileño, estimado para este año en 10.000 millones.
Con una poco sutil diferencia: el producto argentino representa el 35 por ciento del brasileño. Es decir, ingresos tres veces menores y gastos similares.
Respecto del elevado gasto público -Brasil tiene un déficit fiscal de entre el 5 y el 6 por ciento del PBI, es decir, 40.000 millones al año-, el FMI apenas ha sugerido su reducción.
Pero tales consejos son casi de rutina, porque el Fondo ve a Brasil caminando en ese sentido cuando aprueba leyes como la reforma administrativa (que permite despedir empleados públicos si escasean los fondos para pagarles) o la previdencia (que aumenta la edad del retiro laboral y pone techo a las jubilaciones). Y tales leyes no son más que la materialización de fórmulas del FMI, otra vez, aunque no figuren en ningún memorándum de entendimiento.
Tirones de orejas
En un pasado reciente el economista del FMI Tomás Reichmann, comandante junto con Teresa Ter-Minassian del equipo que visitó la Argentina estos días, era un personaje asiduo en Brasil.
"En cada una de sus visitas no ahorraba críticas, pero éstas jamás salían del ámbito del Palacio del Planalto (sede del Ejecutivo brasileño).
Como todos saben, esos informes se conocen cuando el Gobierno los autoriza, y un equipo técnico no suele hablar por todo el Fondo", dijo Gandra Martins.
Una de las grandes crisis de Brasil con el FMI ocurrió en 1982, durante aquel "septiembre negro" en el que México acabó declarando unilateralmente una moratoria para el pago de su deuda.
Los inversores creyeron que la medida se extendería a todos los países de América latina y pararon el emvío de sus capitales a la región. En marzo de aquel año Brasil tenía 200 millones de dólares de reservas y una inflación del 200 por ciento anual. Los reclamos del FMI no se hicieron esperar.
Pero en 1986 el presidente José Sarney dio vuelta la torta y decidió, él también por su cuenta, declarar una moratoria y no pagar la deuda, que en ese momento era de 100.000 millones de dólares.
Las críticas del FMI y otros organismos internacionales ahuyentaron a los inversores. El Fondo comenzó a mandar misiones y las críticas se radicalizaron.
Ya el gobierno de Itamar Franco percibió el error y comenzó a negociar. Se financió la deuda externa, que dejó de ser un problema, para darle protagonismo a una deuda interna de 306.000 millones de dólares.
La llamada de atención más fuerte a partir de ese momento se puede considerar casi inocente. Fue la declaración de Vito Tanzi, director de Política Monetaria del FMI, quien opinó que Brasil debería reducir -no aumentar- su carga tributaria para volverse más competitivo.
Para hacer una comparación de cómo la situación cambió podría recordarse cuando en septiembre del año último, en plena crisis de las bolsas, un funcionario del FMI hizo apreciaciones nada optimistas sobre Brasil.
Inmediatamente, el Fondo emitió un comunicado para anunciar que la del funcionario era apenas una opinión, que además no coincidía con la del organismo. Por eso en Brasil, cuando observan la relación Argentina-FMI, gritan "¡viva la diferencia!".




