La resaca económica del riesgo político electoral
Ante cada elección, los argentinos dolarizan sus ahorros por desconfianza política; el último ciclo implicó una salida de US$42.000 millones y dejó una fuerte caída del crédito que condiciona la recuperación
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Los argentinos, ya sean kirchneristas, mileístas o independientes, compraron dólares por US$42.000 millones ante el riesgo político de un posible triunfo de la oposición K en las elecciones nacionales. En efecto, cada vez que hay elecciones presidenciales y, ahora, también en las legislativas, las personas físicas dolarizan sus ahorros y salarios de forma precautoria.
Asimismo, el stock de cobertura cambiaria tomada en el sistema financiero —posiciones en futuros (Rofex y A3), títulos duales y títulos dollar-linked— alcanzó la impresionante cifra de US$17.000 millones en octubre del año pasado, más que duplicando los niveles de enero, según el BCRA.
Como dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, nuestro “safe asset”, es decir, el activo elegido por los argentinos para cubrirse ante un aumento de la incertidumbre, es el dólar. Como bien cita el último informe de política monetaria (IPOM) de nuestro Banco Central, en la Argentina “dollar is King”, mientras que en países normales, ante la incertidumbre de una pandemia, guerra o crisis, “cash is King”.
De los US$42.000 millones de la dolarización electoral, US$10.000 millones fueron para el consumo de tarjetas y viajes, y otros US$10.000 millones corresponden a la rotación de depósitos en pesos a depósitos en dólares.
Por lo tanto, se desintermediaron fuera del sistema financiero (colchón) nada más ni nada menos que US$22.000 millones durante un gobierno libertario, equivalente a lo que ingresó por el blanqueo un año antes.
La dolarización precautoria diaria continuó, aún con la ayuda del Tesoro estadounidense, pero su dinamismo más fuerte terminó recién con la confirmación del triunfo oficialista en las elecciones nacionales.
Todo ello se financió en gran parte con la entrada de dólares provenientes de las exportaciones agroindustriales (granos y subproductos), sostenida por la rebaja transitoria “desesperante” de las retenciones, que, a su vez, pagó en parte las importaciones.
Semejante derrumbe de la demanda de pesos, equivalente a la mitad del dinero transaccional (M2 privado), es decir, no sólo depósitos a plazo, sino también parte de las cuentas corrientes (capital de trabajo de las pymes) y cajas de ahorro (salarios) se dolarizaron, no es gratis para la economía argentina, como tampoco lo fue la sustitución explosiva de monedas tras el triunfo de Alberto Fernández en las Paso de 2019 (casi US$70.000 millones, prácticamente el total de las exportaciones de ese año).
En efecto, semejante contracción del crédito disponible deja una “resaca” en la actividad económica, de la que cuesta recuperarse, en la medida en que la economía no se remonetice rápidamente.
En efecto, la demanda mensual de dólares para atesoramiento continúa en el presente año no electoral, aunque a la mitad del ritmo del año electoral anterior. La remonetización de la economía, para recuperar lo perdido por la dolarización, probablemente requiera lo que quede de este año o incluso hasta el fin del presente mandato.
La Argentina perdió la oportunidad de canalizar crédito por un monto equivalente, nada más ni nada menos, a las reservas brutas del BCRA, debido al riesgo político.
La economía argentina no puede seguir así. Cada vez que asume un gobierno no peronista, ante el riesgo del retorno del populismo confiscador, directo o indirecto, de los ahorros y salarios de los argentinos, la explosión cambiaria y financiera deja la economía en estancamiento.
La economía argentina registró una importante recuperación del 4,4% en la actividad económica el año pasado, con una desaceleración hacia el final del último trimestre electoral. De no ocurrir la dolarización precautoria por riesgo político, la economía argentina podría haber crecido a tasas chinas: el doble, 8% anual, con alta probabilidad de repetir esa cifra en los próximos años, con un boom de crédito sostenible respaldado por el ahorro de los argentinos. Políticamente, el gobierno habría obtenido una victoria mucho más contundente en las elecciones provinciales y nacionales.
Las autoridades políticas y económicas se sorprendieron ante la súbita dolarización electoral tanto en 2019 como en 2025. Solo en el presente reconocieron expost su gravedad. Como bien señaló el informe del Banco Central se produjo un cisne negro: un evento de baja probabilidad y gran magnitud.
Los argentinos actuamos como si fuéramos el personaje del Dr. Pangloss de Cándida, de Voltaire: vivimos en “el mejor de los mundos posibles”, sin importar las desgracias que ocurran. En términos analíticos, tomamos decisiones considerando únicamente el lado positivo de la distribución de probabilidades.
Quizá sea hora de que la política económica incluya el posible escenario de dolarización en cada contienda electoral, garantizando al ahorrista y al asalariado argentino, de todas las ideologías, que un próximo gobierno no libertario no revertirá todas las políticas y leyes del gobierno actual, ni confiscará ni licuará sus ahorros y salarios.
De esta manera, la Argentina podría por fin dejar atrás el cementerio de oportunidades perdidas y crecer a tasas chinas, impulsada ahora por el viento de cola interno de sus ahorros.







