
La tela hace la diferencia
Dos hermanas diseñan carteras con géneros de tapicería
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Cuatro monedas mexicanas y el consejo materno llevaron a dos hermanas a crear una firma que introdujo en el mercado de las carteras las telas de tapicería. Agustina y Paula Ricci, de 31 y 35 años, respectivamente, fundaron en 1990 la empresa que lleva su apellido y que nació como fabricante de carteras, pero que hoy comercializa, además, ropa y zapatos.
"Agustina empezó a coser bolsos de algodón y plástico con una amiga. Pasó el tiempo y la amiga cosía cada vez menos; entonces decidí ayudarla", comentó Paula, que acaba de tener su cuarto hijo y lucha por repartir su tiempo a medida que la empresa crece. A poco de empezar, las hermanas decidieron invertir en el negocio. Vendieron cuatro monedas mexicanas de colección que les había dejado su abuelo y recibieron una ayuda extra de sus padres. Así, lograron reunir $ 5000, que fueron destinados a la compra de telas.
"Al principio trabajábamos en casa y hacíamos bolsos y billeteras. La habitación estaba llena de cosas, las carteras colgaban de todos lados. Las ventas las hacíamos en forma personal y nuestras amigas nos ayudaban", recuerda Paula, que se recibió de diseñadora de moda.
"Durante dos años no cobramos nada -continuó- porque lo que ganábamos lo destinábamos a comprar nuevas telas. Teníamos la suerte de contar con la casa de nuestros padres y por eso no teníamos gastos. Una vez mamá nos aconsejó que usáramos telas de tapicería y nos insistió tanto que decidimos hacerlo."
Apenas incursionaron en las nuevas telas, el negocio de las hermanas se disparó, ya que no había otro fabricante en el país que se dedicara a lo mismo porque las telas son demasiado caras. "Por eso -dijo Paula- los productos tienen un precio medio alto. No es porque nos gusten las cosas caras; es que la tela es costosa y la forma de mantener la fabricación es con precios adecuados. Son productos exclusivos."
Facturación en alza
La incorporación de las telas permitió a Paula y a Agustina Ricci crecer todos los años. En 2000 y 2001 facturaron $ 84.000 y $ 89.000, respectivamente. Este año, las socias llevan facturados $ 170.000. La firma abastece a la cadena Fallabella y comercializa sus productos en Salta, Tucumán, Córdoba, Entre Ríos y Neuquén, entre otras provincias.
"Las dos tenemos cuatro hijos y tratamos de no descuidar la familia. Por eso tampoco queremos expandirnos físicamente. Con la devaluación, crecieron muchos los pedidos al por mayor porque no llegan más telas de afuera y no queremos que nos sobrepasen los pedidos", destacó Agustina. Dejaron de vender en forma directa con el corralito. Hoy comercializan sus productos desde un departamento y planean abrir un local a la calle en Palermo Hollywood.
"Tuvimos una experiencia con un local al público en Buenos Aires Design y eso nos permitió casi duplicar la facturación. Pero, en realidad, a la larga la ganancia fue menor porque eran muchos los gastos. En los shoppings te imponen horarios y el alquiler de un local lo cobran demasiado caro. No queremos meternos de nuevo en eso", explicó Agustina. Tras consolidarse entre una clientela reducida, las hermanas decidieron incursionar con zapatos y en 1999 lanzaron los primeros modelos.
La fabricación se realiza en varios talleres que no pertenecen a la empresa y a quienes se les paga por unidad. Los artículos ya se venden en Nueva York, Boston y España.



