La valiosa práctica profesional para abogados
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¿Por qué un estudiante de Medicina además de estudiar debe aprender haciendo? Sin duda la vida humana está por encima de todo valor apreciable, por ello es inaceptable que un médico cometa errores y se equivoque en el ejercicio profesional, ya que ello puede costar nada menos que la vida de una persona.
De ahí que las universidades de Medicina se preocupen por poner cuanto antes a sus estudiantes en contacto directo con la realidad –la dura realidad– y practicando la que pronto será su profesión, siempre bajo la atenta mirada y el control de un maestro que no sólo los deja realizar determinadas prácticas y maniobras sobre los pacientes, ver y tocar, sino que también les transmite sus vivencias, aquellas que van más allá del contenido específico de los libros; les indica el camino y señala las piedras que sus propios maestros le advirtieron que evitara y las que él mismo conoció.
Dicho esto me pregunto, ¿por qué un joven estudiante de Derecho tiene que esperar a recibirse de abogado para, ya "bisturí en mano", cortar donde nunca lo hizo y sin siquiera haber visto cómo se hacía?
La habilitación profesional de los abogados en nuestro país no es difícil de obtener. No requiere del paso previo por una escuela de abogacía y su aprobación como sucede en Europa, Estados Unidos e incluso Brasil.
Cumpliendo una serie de trámites burocráticos (título legalizado, firma de dos colegas, certificado de antecedentes penales, CUIT, CUIL, entre otros, y varias fotocopias) se puede solicitar a un Colegio de Abogados la matrícula que habilita el ejercicio profesional. A partir de su otorgamiento, el abogado ya puede comenzar a trabajar y tener entre sus manos el manejo de los bienes más preciados de las personas después de su vida: la libertad y el patrimonio. Ello sin mencionar el honor, las relaciones de familias, el trabajo y la empresa de sus clientes, y, por qué no, hasta el erario público.
Todo ello supone una enorme responsabilidad en el manejo, la administración e injerencia sobre esos bienes y cuestiones que, si bien no son la vida humana en sí misma, en muchísimos casos –diría que en la mayoría– le dan sentido y la definen.
En nuestro país, la formación académica de grado de los abogados es de altísimo nivel en la mayoría de las universidades y ello se evidencia en el crecimiento sostenido de la cantidad de estudiantes extranjeros observado de 2010 a la fecha. Sin embargo, la carrera de Derecho merece algo más que sólo contenidos teóricos. Las crecientes iniciativas con que las facultades intentan introducir a los estudiantes en el ejercicio profesional de la abogacía no llegan a satisfacer la mínima capacitación práctica que necesita un novel abogado para hacerse al mar embravecido de la profesión con la seguridad de no hacer naufragar a sus clientes ni a sí mismo.
La carga de responsabilidades con las que de pronto se encuentra son abrumadoras y, paradójicamente, llegan a paralizar la iniciativa de los más destacados durante el curso de grado, es decir aquellos que tienen mayor noción de la ética profesional y las consecuencias e implicancias de su accionar como actor indispensable del sistema de justicia.
Es precisamente ese grupo de flamantes profesionales el que, consciente de que su formación teórica necesita tener un correlato en los hechos, busca con urgencia y angustia hacerse de aquello que todos le piden e incluso le exigen para su inserción laboral: "experiencia", aunque más no fuera la que se asimile a la del joven médico que durante los últimos tres o cuatro años de su carrera practicó con pacientes.
Un abogado mal capacitado no es objetivamente menos peligroso que un médico mal capacitado. Por eso es que su rol en la sociedad debe estar asegurado tanto con una adecuada formación práctica como académica.
El mejor perfil
La trayectoria, por definición, la traerán los años, pero en sus comienzos necesita formarse en la práctica, desarrollar sus habilidades tanto como ha desarrollado su capacidad intelectual durante el grado en un ámbito similar de contención que lo fortalezca.
El novel abogado necesita sentarse en torno a una mesa de trabajo donde se relacione horizontalmente con sus colegas profesores y compañeros. Necesita ser intérprete del saber que él mismo genera en medio del análisis clínico de un caso, exponer sus argumentos sin que le tiemblen la voz ni las piernas, saber cuándo hablar, cuándo callar, qué decir y cómo decirlo, ponerse de pie y hacer una presentación, improvisar un discurso, proponer tácticas y estrategias, equivocarse, recibir críticas y volver a comenzar, mantener bajo control sus impulsos, administrar sus emociones, escuchar a los otros, trabajar en equipo y tal vez liderarlo, descubrir sus talentos, pensar y resolver cuestiones éticas, ponerse a prueba, conocer la riqueza de la austeridad, ensayar diversas soluciones, actuar distintos roles, escribir con propiedad y profesionalismo, administrar tiempos y espacios reales y virtuales, sintetizar, buscar información, manejar herramientas tecnológicas no sólo intuitivamente, sino con el conocimiento de las capas que subyacen; en definitiva, entrenarse para los desafíos que lo esperan y en los ámbitos donde deba trabajar.
La educación legal de grado necesita detenerse a pensar un momento en el desarrollo profesional del novel abogado y admitir que sólo con la formación teórica, por excelente que ésta sea, el trabajo está incompleto y que se necesita incorporar la formación práctica a la par de la carrera.
No es algo difícil ni mucho menos imposible. La escuela de abogacía que me toca dirigir en el prestigioso Fores, con sus 36 años de existencia, es un ejemplo de ello. Existen experiencia, programas y profesores abogados en ejercicio dispuestos a transmitir con generosidad los saberes adquiridos en sus carreras a los que recién se inician. Sólo falta tomar decisiones trascendentes que redundarán en mejores profesionales del derecho y, consecuentemente, en una mejor calidad del servicio de justicia para los ciudadanos.
El autor es director académico del PEA - Programa de Entrenamiento para Abogados de Fores
Raúl Farías





