
La venta de Pecom a la brasileña Petrobras, más allá de los sentimientos
Por Alberto E. Devoto Para LA NACION
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Es indudable que el anuncio de la venta del paquete mayoritario de las acciones de Pecom a Petrobras ha tenido un alto impacto en la opinión pública, notable si se tiene en cuenta que Pecom es una empresa totalmente privada, pero una de las pocas grandes de capital nacional que nos queda.
Eso ha generado reacciones que, en sus manifestaciones más extremas, propiciarían prohibir la operación, pero muchos de los argumentos expuestos no van más allá de expresiones de orgullo herido, legítimos en cuanto sentimiento, pero carentes de fundamento legal.
En rigor, la operación todavía no está concluida, por cuanto falta entre las empresas un proceso de auditoría (due dilligence) y, luego sí, encarar el trámite para la aprobación gubernamental.
Este procedimiento está establecido en la legislación vigente y se debe efectuar ante la Secretaría de la Competencia, la Desregulación y la Defensa del Consumidor, la que, además de actuar por sí misma en lo que le compete, deberá requerir la opinión tanto del ENRE como del Enargas (reguladores de electricidad y de gas, respectivamente), para los casos en que los activos de Pecom involucren a empresas de servicios públicos sujetas a regulación.
Como es bien conocido, Pecom participa activamente, aunque en forma minoritaria, en empresas de transporte y distribución de gas y electricidad.
La legislación actual prohíbe expresamente que aspectos como la nacionalidad del grupo inversor constituya motivo de rechazo, de manera que el análisis sólo debe tener en cuenta el impacto de estas transferencias en lo que se refiere al mantenimiento de la competencia y a evitar el abuso de posiciones dominantes.
Ahora bien, si se observan con detalle las actividades de Pecom, se advierte que conforman una amplia gama. En un extremo aparecen las compañías vinculadas con la actividad nuclear (Conuar Sociedad Anónima y FAE SA), empresas mixtas en las que el grupo Pecom -aunque tiene una participación minoritaria- ejerce el gerenciamiento; desde este punto de vista, resultaría inconveniente autorizar la venta.
Un espectro enorme
En el otro extremo se incluirían las empresas que, por actuar en mercados altamente competitivos, no deberían sufrir ningún obstáculo.
En medio de ambos aparece todo un abanico de actividades, que van desde concesiones de áreas petroleras, compañías petroquímicas, centrales térmicas, de electricidad y gas ya mencionadas, que requerirán el análisis riguroso previsto por la legislación.
En este punto interesa llamar la atención acerca de cuál debería ser el criterio de análisis. En efecto, si ponemos la mira sobre Pecom y el mercado argentino, el análisis resultaría casi ocioso, porque ninguna de sus actividades ha merecido objeciones ni por parte de la secretaría que debe intervenir ni de los organismos de regulación.
Si -como también es correcto- sumáramos las actividades de Petrobras dentro del territorio argentino, hay que destacar que actualmente éstas son relativamente marginales, por lo que difícilmente se podrían encontrar elementos de juicio para obstaculizar la venta.
Pero en mi opinión, estos enfoques no son los adecuados. No interesa sólo considerar el tema desde la óptica nacional de Pecom, sino que habría que hacerlo desde Petrobras y con una visión regional, en particular en lo atinente al Mercosur más Chile y Bolivia, porque eso dará la perspectiva justa de las implicancias de esta compra.
Esta afirmación no debe interpretarse como un intento por entorpecer la operación, sino como un aporte para que el análisis y los estudios que exige la ley se efectúen con la mayor amplitud posible, a efectos de garantizar a todas las partes la objetividad deseable.
Un caso en Bahía Blanca
Veamos un simple ejemplo: actualmente Brasil y la Argentina compiten dentro del Mercosur en la producción de plásticos y otros productos petroquímicos. En nuestro país dicha producción está concentrada en el Polo Petroquímico Bahía Blanca, que es abastecido por la Transportadora de Gas del Sur (TGS) y su planta separadora de General Cerri.
En TGS, el grupo Pecom posee el cincuenta por ciento del paquete de control, y la mitad restante es propiedad de Enron; entre ambas existe opción de compra de las acciones. Dada la situación de Enron, cabría preguntarse qué pasará si Pecom-Petrobras controlaran TGS.
Obsérvese que actualmente el Polo Petroquímico Bahía Blanca, a pesar de operar en un mercado altamente concentrado, no tiene objeciones locales y, aun en el caso de tener posición dominante, no podría abusar de ella, precisamente por la competencia externa de... Petrobras.
En definitiva, las leyes de defensa de la competencia están para proteger a los usuarios y consumidores argentinos, tanto presentes como futuros.
No es conducente entonces apelar a argumentos patrioteros, sino que es imprescindible un estudio sereno y objetivo, encuadrado en un ámbito más amplio que el de nuestras fronteras.
De ese estudio surgirá no sólo qué es lo más conveniente para los intereses nacionales, sino también para los regionales, tanto si se tratara de aprobar la venta en forma total o restringida como si se tratara de denegarla.
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