
La visión de los inversores, abogados, académicos y ONG
La economía responsable exige un análisis desde diferentes disciplinas
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¿Qué significa ser sustentable como inversionista, como abogado o como líder del sector académico o de una organización sin fines de lucro? Se expusieron, en el evento organizado por LA NACION, cuatro visiones sobre la sustentabilidad que concluyeron en una premisa: la necesidad de una mirada más holística. Los invitados fueron María Laura Tinelli, cofundadora de Acrux Partners; Constanza Connolly, abogada senior del estudio Beccar Varela y cofundadora de Grupo Jurídico B; Diego Luzuriaga, director de la Escuela de Posgrados del ITBA y Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).
Tinelli explicó cómo cambió el perfil de los inversores para incorporar a la sustentabilidad como un eje estratégico. Dijo que, a principios de siglo solamente se miraba el riesgo y el retorno. En la actualidad se sumó una tercera variable, el impacto. “El que no esté mirando las tres está yendo para atrás”, dijo. En este momento, señaló, hay US$ 114.000 millones que se invierten con una idea de triple impacto. El 4% de esa cifra llega a América latina, pero no aún a la Argentina. “Que el capital llegue aquí no es tanto más difícil que lograr que el capital tradicional venga. No podemos mirar esto como un nicho”, advirtió.
El rol del abogado también se transformó para entender el triple impacto: Connolly resaltó cómo el pensamiento de ella y sus colegas estuvo históricamente enfocado en prevenir riesgo y asesorar en qué es lo “adecuado” según la ley, pero que ahora cada vez se acerca más a pensar en “oportunidades y mejorar la cadena de valor”. La abogada del estudio Beccar Varela pidió más instrumentos y se refirió a la ley de sociedades de beneficio e interés colectivo (BIC), que formaliza a las empresas B, de triple impacto. “Necesitamos que se apruebe antes de fin de año –dijo–. No buscamos incentivos sino reconocimiento y visibilidad para que este modelo se potencie desde el Estado”.
Luzuriaga trazó la transformación del concepto en los ámbitos académico y corporativo. Apuntó que la sustentabilidad pasó de asociarse a lo “verde” a pensarse como “triple impacto”, pero que muchas empresas aún tienen dificultades para transitar esa adaptación. El director de la Escuela de Posgrados del ITBA urgió al mundo corporativo a lograrlo si no quieren tener consecuencias en la retención del talento: “Más o menos un 50% de los empleados a nivel global dice que si la empresa donde trabajan no es sustentable, se va”, dijo.
Desde el sector de organizaciones sin fines de lucro, Nápoli se refirió al escrache, una práctica común en temas medioambientales y de derechos humanos. “Es la manifestación del fracaso de la respuesta institucional”, definió, y dijo que lo importante y necesario para evitarlo es generar canales institucionales para responder a las demandas sociales. “La gente tiene que tener una respuesta para que las discusiones no se den en la calle o en la Justicia, sino mediante el diálogo democrático”, concluyó.




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