Ramiro Costa, gerente general de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, planteó que el girasol tiene margen para exportar por US$2500 millones
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MAR DEL PLATA.- El girasol atraviesa un verdadero boom en la Argentina, con una de las mayores expansiones productivas de los últimos años y un crecimiento que lo posiciona como uno de los cultivos más dinámicos del agro. Pero ese impulso podría escalar a otro nivel si se bajaran los derechos de exportación: podría acelerar su crecimiento en la próxima década, más que triplicar su ritmo de expansión y elevar las exportaciones de unos US$2100 millones a cerca de US$2500 millones. Hoy el grano paga un 4,5% de retenciones.
Así lo planteó Ramiro Costa, gerente general de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, durante el Congreso de Asagir que se realizó en Mar del Plata, donde analizó qué puede pasar con el cultivo si cambian algunas condiciones clave.
Si bien el punto de partida para el girasol es un escenario favorable, Costa remarcó que tiene margen para expandirse mucho más. “El menor derecho de exportación va a estar asociado a un mayor precio y ese mayor precio va a poder incentivar o más siembra o más tecnología o un mix de esas dos cosas”, señaló.
Un cambio en los incentivos tiene efectos concretos en el lote: más inversión, mejor uso de insumos, mayor adopción tecnológica y, en consecuencia, mayores rendimientos. A la vez, también empuja la expansión del área sembrada.

En sus proyecciones, Costa planteó distintos escenarios para el cultivo. Sin cambios en las condiciones actuales, la producción avanzaría apenas un 6% en los próximos años. Con una baja de retenciones, ese crecimiento podría acercarse al 9%, mientras que el mayor salto se daría al sumar mejoras tecnológicas, donde la expansión alcanzaría el 20%. Ese incremento también se reflejaría en las exportaciones, que podrían pasar de unos US$2170 millones en un escenario base a cerca de US$2530 millones en el más dinámico.
Y, si se mira el conjunto de los granos, el salto sería aún más significativo: de unos US$34.000 millones a cerca de US$47.000 millones. En un escenario base, sin cambios, la producción de cereales y oleaginosas crecería alrededor de un 17% en los próximos 10 años. Con una baja de retenciones ese aumento podría subir a 21%. Pero el mayor impacto aparecería al incorporar mejoras tecnológicas y cerrar brechas productivas, donde el crecimiento podría escalar hasta el 35%.

Además de los incentivos internos, Costa analizó el contexto global. Explicó que la demanda mundial de aceites viene creciendo de manera sostenida y que las proyecciones a 10 años indican que esa tendencia continuará.
“Estamos hablando de un mercado dinámico en términos de la demanda”, afirmó. Sin embargo, aclaró que ese crecimiento no es uniforme: en países desarrollados como Estados Unidos o la Unión Europea el consumo se estabiliza o cae, mientras que en regiones como India, China, el sudeste asiático y América Latina sigue en expansión.
Ese dato es clave para la Argentina, porque coincide con los destinos hacia los que el país está orientando sus exportaciones. En ese mapa, India aparece como el principal mercado, con una participación muy alta dentro de las ventas externas de aceite de girasol.
Dentro de ese escenario, el aceite de girasol tiene una ventaja adicional. Según detalló Costa, las proyecciones muestran que este producto podría crecer por encima del promedio del resto de los aceites, con una expansión estimada en torno al 26% frente a un 20% general.
Del lado de la oferta, la Argentina también muestra un desempeño destacado. En los últimos años fue el país que más creció entre los principales productores, con una expansión cercana al 20%, muy por encima de Rusia y del promedio global.
Ese crecimiento le permitió ganar participación en el mercado internacional, en parte compensando la menor presencia de la región del Mar Negro. También se reflejó en una mayor diversificación de destinos, con un aumento en la cantidad de países a los que se exporta tanto aceite como semilla de girasol.
“Vemos que la cantidad de destinos viene creciendo”, explicó, al señalar que este proceso acompañó la expansión productiva y abre nuevas oportunidades comerciales.

También señaló que el frente internacional está atravesado por “cuestiones de guerra, geopolítica, cambios en la estructura de la demanda” y por “certificaciones ambientales crecientes”. En ese marco, remarcó que el cumplimiento de esas exigencias es clave para sostener el acceso a los mercados. Destacó la necesidad de trabajar desde las buenas prácticas hasta el manejo de la cosecha. Sintetizó que el potencial está, pero su concreción dependerá de las decisiones que se tomen y de la capacidad de adaptarse a un contexto cambiante.
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