La zona euro puede necesitar una dosis de Abeconomía para evitar la deflación

Marcus Walker
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30 de junio de 2014  

BERLÍN—Si Europa se dirige a ser un nuevo Japón, ¿necesita su propia versión de la Abeconomía, como se conoce el conjunto de medidas lanzadas por el gobierno del primer ministro Shinzo Abe para sacar al país nipón de años de deflación y estancamiento económico?

El nuevo paquete que Abe anunció la semana pasada para apuntalar el crecimiento coincide con un debate cada vez más acalorado en Europa sobre si la zona euro está cayendo en un letargo de largo plazo semejante al que ha afligido a Japón.

La titubeante recuperación de la zona euro y su creciente dependencia del gasto en otros lugares es un motivo de preocupación para el crecimiento global. El bloque monetario integrado por 18 países y un Producto Interno Bruto de US$13 billones (millones de millones) es demasiado grande como para no afectar a otras economías.

De todos modos, ¿tiene sentido comparar la situación de Europa con la de Japón, un país que ha promediado un crecimiento anual de apenas 1% durante las últimas dos décadas? ¿Qué tan similares son los problemas y las posibles soluciones de uno y otro? Japón cayó en los años 90 en una deflación que se ha perpetuado a sí misma, un período en el que el descenso en los precios ha hecho que tanto las personas como las empresas dilaten sus gastos, lo que ha impedido un crecimiento más vigoroso.

La zona euro no está a puertas de entrar en ese círculo vicioso, al menos por el momento. Tanto los salarios como las expectativas de inflación, dos indicadores importantes sobre la trayectoria futura de los precios, son más estables que en el Japón de los años 90.

Eso no quiere decir que la inflación de la zona euro esté exenta de problemas. Los precios al consumidor cayeron a una tasa anual de 0,5% en mayo, muy por debajo de la meta del Banco Central Europeo de casi 2% anual.

Una inflación tan baja dificulta que las economías más débiles de la zona euro, como las de Grecia, España e Italia, reduzcan los precios y los costos de hacer negocios en relación a Alemania y, al mismo tiempo, disminuyan su endeudamiento público o privado. También eleva el costo de financiamiento para las empresas y perjudica la inversión.

Japón empezó a caer en la deflación en 1998, siete años después de entrar en un estado de postración económica. Ya han transcurrido seis años desde que la crisis financiera global dejara fuera de combate a la zona euro. Un nuevo golpe, como el de la crisis asiática de 1997, podría empujar a Europa al precipicio, dice algunos analistas.

"Podríamos estar a una crisis de la deflación", advierte Martin van Vliet, economista de la zona euro del banco holandés ING.

Datos recientes analizados por van Vliet comparando las dos décadas perdidas de Japón y la situación de Europa poscrisis sugiere que, en cierta forma, los problemas europeos son aún más graves: la producción económica y el empleo han caído de manera mucho más pronunciada que en Japón.

La actividad en el país asiático se desaceleró pero su economía siguió en expansión. El PIB per cápita incluso creció a una tasa respetable, en especial en la década de 2000, y el empleo se mantuvo alto si se compara con los estándares europeos o estadounidenses.

Europa, sin embargo, tiene un desafío demográfico menos acuciante, lo que le da motivos de esperanza. La población en edad productiva de la zona euro se ha empezado a reducir, lo que es negativo para la demanda de los consumidores, la inversión, las pensiones y la deuda pública.

No obstante, la disminución de la fuerza laboral europea será paulatina en las próximas décadas, mientras que Japón empezó en los años 90 un drástico declive de largo plazo, según las proyecciones de Naciones Unidas. "La dinámica de la población no es tan negativa. Europa también es más abierta a la inmigración que Japón", dice Ken Rogoff, profesor de economía de la Universidad de Harvard.

La comparación más valedera podría ser la de una parálisis política. El gobierno y el banco central japoneses no lograron emprender acciones decisivas durante una década, dejando sin resolver los problemas de la banca y permitiendo que la deflación se instalara en la economía.

El actual gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, ha indicado que el problema no era solamente la deflación, sino "una mentalidad deflacionaria" que perpetuó una conducta cautelosa.

Las llamadas "tres flechas" de la Abeconomía en Japón parecen igual de relevantes para la situación de Europa. Son medidas enérgicas de estímulo monetario para impulsar tanto la inflación como el ánimo de las personas y las empresas; inversión pública para estimular la demanda, y reducción de las barreras burocráticas en los mercados laboral y de bienes con el fin de mejorar la productividad y el crecimiento de largo plazo.

Las autoridades de la zona euro han hecho apenas lo necesario para impedir el desastre, pero no lo suficiente para restaurar el optimismo que en algún momento caracterizó al euro.

Es muy prematuro para decir si los esfuerzos de Japón serán sostenidos o efectivos. Sin embargo, la idea de "una ofensiva coordinada entre política monetaria, política fiscal y reformas estructurales es admirable y aplicable en Europa", señala Adam Posen, director del Instituto Peterson de Economía Internacional, un centro de estudios de Washington.

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