
Laverap: franquicia con muchas vueltas
La marca de lavaderos se relanzará luego del pase a una firma de EE.UU.
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El primer local de Laverap fue inaugurado en enero de 1981, cuando la palabra "franquicia" no estaba difundida en la Argentina. Diecisiete años más tarde, la marca está instalada entre los consumidores y es una de las empresas franquiciantes más importantes del país, con 1400 licencias nacionales otorgadas y otras 355 en América latina.
A fines de 1996, la marca Laverap fue vendida a la firma norteamericana Raytheon Commercial Laundry, una de las empresas líderes del sector. Recientemente, se puso en marcha un ambicioso proyecto de reconversión que contempla la apertura de 150 locales propios, casi 500 franquicias y una inversión total que ronda los 12 millones de pesos.
"Hemos desarrollado una imagen corporativa que engloba un nuevo isologo e institucionalizamos estrategias de marketing y publicidad. También trabajamos en un software de gestión de ventas y distintas promociones para nuestros clientes", explicó Enrique Pinedo, gerente general de la subsidiaria argentina de Raytheon Appliances.
La actual gestión de Laverap abrió siete locales propios y otorgó dos franquicias. A los tradicionales servicios de lavado y secado sumó el de tintorería con máquinas ecológicas y el retiro y entrega a domicilio. Amplió el horario de atención al público y construyó dos wash center de 200 metros cuadrados con capacidad para proveer servicio de tintorería a 25 lavanderías.
La inversión estimada para un potencial franquiciado de Laverap oscila entre 85 y 90 mil dólares en concepto de compra de máquinas y puesta a punto del local.
La firma no exige un canon inicial pero sí un royalty mensual y una contribución al fondo de publicidad. En tanto, a los franquiciados que ya operan se les solicitará una inversión de entre 20 y 35 mil dólares en renovación de equipos y decoración del establecimiento. El retorno de la inversión, en el primer caso, se calcula en cinco años; en el segundo, en dos años y medio.
La intención del nuevo Laverap es cambiarle la cara a las lavanderías locales y, en una segunda etapa, orientar sus esfuerzos hacia las licencias dadas en Brasil, Perú, Uruguay, Paraguay y Chile. A todo esto, algunos franquiciados de la gestión anterior que fueron invitados a participar del relanzamiento de la marca, se muestran bastante escépticos.
Cuestionamientos
"Me invitaron a mudarme y a abrir un local más grande en otro lado. Me negué porque no estoy en condiciones de invertir la suma que me pidieron, entonces, a pedido de Raytheon Appliances retiré la marca. Simultáneamente, y mientras la firma conversaba conmigo, instalaban un Laverap a 30 metros de mi local. Me parece una falta total de ética", dice Elena Daneri, propietaria del ex Laverap de Las Heras y Ugarteche, en Capital.
Por otra parte, la dueña del Laverap de Beruti y Scalabrini Ortiz, cree que aunque parezca ventajoso ingresar en la nueva franquicia, "no podría pagar ni el royalty ni la contribución del fondo de publicidad, y menos renovar los equipos. Tendré que optar por retirar la marca y confiar en la atención personalizada que brindo a mis clientes y en su fidelidad".
Pinedo, por su parte, aduce que "a muchos franquiciados no les interesa la marca y encararon el negocio como una forma de tener acceso a un sueldo y ahí es donde falla el emprendimiento". Desde Almagro, otro titular de una lavandería Laverap, consultado por La Nación explicó que "este negocio es lo mismo que tener un taxi, pero parado. Lo que se gana no es lo que se piensa. Por eso, en cuanto me pidan que retire la marca no voy a tener ningún problema en poner mi nombre sobre el vidrio; en este barrio todos saben cómo trabajo".
La actual gestión de Laverap no cree que haya "una intención de los lavaderos de crear un conflicto porque se les pida que retiren la marca. Los que usan un nombre prestado deben saber que para usufructuarlo deben pagarlo". Hasta el momento, Laverap conectó a 250 franquiciados a quienes se les pidió una definición a mediano plazo sobre su ingreso en la nueva franquicia. "Aunque se hace difícil remontar algo que se hizo mal, nuestras expectativas apuntan a recuperar entre un 30 o 35 por ciento de los franquiciados de la gestión anterior, que no es poco", asegura el titular de Raytheon Appliances.
Las cláusulas legales
Una de las cláusulas del contrato de franquicias es el plazo y, como tal, en un momento determinado se vence.
A partir de allí existen dos alternativas: que se renueve el contrato o que la relación comercial termine.
Si el franquiciado no renueva el contrato no puede seguir usando la marca.
Si lo renueva y durante ese período la marca cambia de dueños, que a la vez cambian las reglas de juego (imponen regalías, contribución al fondo de publicidad, etcétera), las posibilidades son que el cambio de imagen guarde relación con previsiones contractuales, caso en el cual el franquiciado estaría obligado a cumplimentarlo.
O que las nuevas condiciones no estén previstas en el contrato.
Resistir el pago
En este caso, el franquiciado está en su derecho de resistir el pago de regalías, derechos por uso de marca y otros.
El franquiciante, en tanto, debe esperar a que expire el contrato que lo liga al franquiciado.
Si se le exigiese en forma compulsiva a un franquiciado que deje de usar la marca, éste podría llegar a invocar una intempestividad en ese cese de autorización.
En esta situación, el autorizado podrá buscar amparo judicial y solicitar que se evite un abuso en el derecho.
En este caso, podrá conseguir un prórroga para cesar en la operación de la marca, pero seguramente esta postergación será mínima, según las explicaciones realizadas por Jorge Bliman, director de la consultora Franchising Advisors.





