
Leerle la mente al candidato del futuro no es ficción
Es perturbador. Los avances en neurología plantean alternativas de ingreso al cerebro de los seres humanos para gestionar los negocios. La rama más desarrollada es el neuromarketing, que utiliza técnicas para detectar las actividades que se ponen en movimiento ante un estímulo específico, como puede ser un producto cualquiera.
El profesor Roberto Álvarez, director en IE Business School, afirma: "Hoy en día ya podemos leer los sueños, basta con tener al sujeto en observación y sometido a una electroencefalografía. La Universidad de Princeton pronostica que seremos capaces de leer el cerebro en unos tres años". Con gran entusiasmo, José Ignacio Bescós, consejero delegado de Unobrain Neurotechnologies, da la noticia que estas prácticas son una tendencia en alza en EE.UU.. Allí ya se puede conseguir un casco de electroencefalografía por menos de 50 dólares.
El punto es que estas prácticas se extienden más allá del marketing y llegan a los procesos de selección y desarrollo de personal. Pareciera de gran importancia no conformarse sólo con las manifestaciones externas de la conducta, como lo son la mirada, la expresión, el lenguaje utilizado, el nerviosismo y la transpiración, fácilmente detectables en una entrevista personal.
Estas investigaciones de la neurociencia abriría la posibilidad de meterse dentro del cerebro del postulante, confirmar sus tendencias y pronosticar su comportamiento futuro. Esta pretensión no es novedosa. Existe una gran variedad de tests psicológicos que van por la misma senda, desde el tradicional Rorschach hasta los más recientes, como el Benziger BTSA y test de Herrmann. Otros medios para conocer la personalidad del individuo es el test PAPI-N o PAPI-I. Miden influencia, conciencia profesional, mentalidad abierta, sociabilidad, dinámica de trabajo, temperamento y búsqueda de éxito.
Si sumamos todos estos recursos –agregando, tal vez, un detector de mentiras– para lograr el mismo objetivo, es decir, contar con todos estos medios para asegurarnos sobre la conducta actual y la esperada, podemos imaginar cómo serán las entrevistas de selección en un futuro.
El postulante ingresará a un gabinete, se le colocará un casco de electroencefalografía, se le presentarán imágenes y le harán preguntas, mientras una computadora de extrema sensibilidad y precisión, irá registrando todas las actividades de su cerebro, revelando con exactitud qué puede esperarse de él. O de ella.
De este modo, se evitarán las sorpresas desagradables. Cada candidato será incorporado en el puesto donde debe estar. Es más: se sentirá confortable, agradecido por ocupar ese lugar, y todo el conjunto social de personas que compongan la organización serán felices, para beneficio de ellos mismos y de la empresa. Agreguemos que el procedimiento podría extenderse a otras áreas, como elegir la pareja con la que habrá de convivir, hacer públicos los resultados de los tests de los políticos que aspiran a cargos ejecutivos, etc. Los usos de estas metodologías son infinitos.
Sí, es perturbador. Resulta paradójico que la mayoría de las novelas y películas de ciencia ficción han tomado como amenaza la supremacía de los robots sobre el género humano, sometiéndolo a sus designios cibernéticos. Esa es la trama que sustenta al film Odisea del Espacio de Stanley Kubrik, basada en un cuento de Arthur C. Clarke, donde la computadora Hall 9000 intenta traicionar a los tripulantes de la nave espacial.
Lo que no se ha previsto mucho es una hipótesis inversa: convertir a los humanos en seres manejables como las computadoras.




