Llegó el tiempo de dejar de lado el relato para resolver los problemas cotidianos

Martín Redrado
Martín Redrado PARA LA NACION
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8 de noviembre de 2015  

Comienza una nueva etapa. Un tiempo donde el ciudadano es el centro y el verdadero dueño del poder de decisión. Los dirigentes deben comprender que es preciso dejar atrás la política del relato y que la necesidad de resolver los problemas cotidianos de todos los argentinos tiene que pasar al centro de la escena.

Asistimos al punto de madurez de una democracia joven, pero no adolescente. Del ciudadano que quiere vivir en una Argentina distinta, donde la política lo tenga presente en todo momento como sujeto de sus decisiones. Del ciudadano atento a la oferta electoral que se le presentó y desplegando en una sorprendente magnitud, una voluntad de cambio con significación histórica.

El país necesita hombres y mujeres que hayan demostrado capacidad de administrar, lejos de la improvisación de los últimos tiempos. Por eso, el próximo gobierno, sea del color político que sea, deberá brindar la dirección necesaria para evitar sobresaltos. Habrá que poner la lupa ya no sólo en el hombre que conduzca el país, sino también en la calidad de sus equipos y en el conjunto de medidas de acción para sentar las bases de un desarrollo duradero: en términos económicos, políticos e institucionales.

Será clave una fuerte determinación de reinsertar al país en el mundo con una política exterior ágil, moderna y profesionalizada, basada en la proyección de inversiones y del comercio de nuestros productos. Para eso se deberá comenzar con un planteo abarcativo que resuelva los conflictos de índole comercial y financiera, que luego de tantos años sin atender se demandan necesarios.

La lucha contra la pobreza debe ser el faro a seguir de todas las políticas públicas. Para esto es necesario restablecer los equilibrios perdidos, sobre todo la previsibilidad macroeconómica. Para lograrlo no hay que tiempo que perder, por lo cual deberá lanzar a partir del 10 de diciembre un conjunto de medidas simultáneas que permitan recobrar la credibilidad de nuestro país, proyectar la producción de bienes y servicios con valor agregado de nuestra industria y acciones concretas para reforzar las instituciones y la calidad democrática. Este conjunto de señales permitirá balizar el horizonte próximo de la nueva administración y generará los incentivos para atraer los dólares necesarios -al menos 10.000 millones en las primeras semanas- para normalizar la economía y establecer un sólido punto de partida para ejercer acciones más estructurales.

Para ganar previsibilidad y respaldo se deberá:

1) Aprobar una ley federal de infraestructura que establezca las obras prioritarias para nuestro país, financiadas mediante líneas de crédito de organismos multilaterales. Hay allí oportunidades crediticias por no menos de 4000 millones de dólares que están disponibles sólo en el Banco Mundial, bastante lejos de las recetas de ajuste tradicionales del FMI.

2) Establecer un programa económico integral que fije metas plurianuales convergentes en materia fiscal, monetaria, salarial y de inversión pública, y con un objetivo central: una tasa del 5% de crecimiento anual y una tasa de inflación de un dígito.

3) Levantar restricciones a la demanda de divisas mediante el crecimiento de la oferta, impulsada por sectores como el agro, la energía y el financiamiento de infraestructura a través de organismos multilaterales. El Banco Mundial tiene disponibles 3500 millones de dólares a la espera de proyectos solventes.

4) Cuidar el dinero de respaldo de los argentinos: nueva Carta Orgánica del Banco Central para terminar con la práctica de utilizar las reservas como caja del gobierno, permitiendo además reducir el número de directores a la mitad evitando las especulaciones derivadas de los nombramientos políticos.

En tanto, para la producción y la industria habrá que:

1) Eliminar las retenciones a todos los productos regionales, al trigo y al maíz, y reducir a la mitad las cargas en el resto, junto a todas las manufacturas de origen industrial.

2) Eliminar los registros de operaciones de exportación (ROE) y, para las importaciones, replantear el sistema de declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI) aplicando estándares de calidad explícitos para el ingreso de mercaderías aceptadas por la Organización Mundial de Comercio. Los tiempos de la burocracia estatal no suelen coincidir con las oportunidades para llevar nuestros productos al mundo y mantener funcionando a pleno la industria.

3) Establecer un marco normativo para el sector energético que brinde disponibilidad de divisas, estabilidad impositiva en cada uno de los niveles de la administración pública e incentivos fiscales para la exploración.

Entre las medidas de fortalecimiento institucional están:

1) Crear una agencia federal de estadísticas, recuperando profesionales desplazados y nombrando un nuevo director ejecutivo según sus antecedentes y con acuerdo del Senado.

2) Derogar la ley de abastecimiento; crear una oficina de presupuesto para otorgarle transparencia a su diseño e implementación; elaborar un programa financiero del Tesoro y un programa monetario del Central verosímiles. Eliminar el Art. 20 de la ley de mercado de capitales que permite a la CNV intervenir en empresas sin orden judicial previa.

3) Establecer una verdadera autonomía del Poder Judicial. Terminar con un Consejo de la Magistratura como brazo partidario de control de la justicia. Garantizar la independencia económica y la administración presupuestaria de la justicia.

La Argentina ha dejado pasar oportunidades únicas e irrepetibles muchas veces en su historia. Se abre una nueva etapa para reconquistar la credibilidad perdida. Curiosamente, la receta parece ser más simple de lo que se cree: la política y la gestión al servicio de la ciudadanía.

El autor es árbitro de Controversias de la Organización Mundial del Comercio

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