Los bancos se transforman en el talón de Aquiles del gobierno griego

Charles Forelle
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25 de junio de 2015  

ATENAS—La fragilidad del sistema bancario de Grecia está limitando el margen de maniobra del primer ministro Alexis Tsipras en sus negociaciones con los acreedores y, más que ninguna otra razón, lo ha llevado a ceder terreno, dicen funcionarios del país.

Mientras los griegos siguen retirando sus ahorros, los cuatro principales bancos del país son mantenidos a flote por el Banco Central Europeo, que provee una línea de crédito de emergencia revisada a diario. Si el BCE decide acabar con la ayuda, Grecia se vería obligada a imponer controles de capital de la noche a la mañana.

"Su apoyo es crucial para mantener con vida a los bancos griegos", dice Regina Argenio, analista de Standard & Poor’s.

Escasos de efectivo, los bancos no han tenido más remedio que acudir al BCE para obtener los fondos que luego retiran los depositantes.

Ejecutivos del sector en Atenas indicaron que el compromiso propuesto por el gobierno de Tsipras el lunes ha ayudado a frenar la fuga de depósitos, que según estiman superó el viernes los 1.500 millones de euros (US$1.680 millones) , pero cayó a cerca de 500 millones de la divisa común el martes y se mantuvo en un nivel moderado el miércoles.

Los retiros, sin embargo, dependen de la suerte de las negociaciones del gobierno griego con los acreedores.

Los ministros de Finanzas de la zona euro suspendieron las conversaciones el miércoles y dijeron que, antes de que se reanuden, Grecia tiene que acordar recortes fiscales y reformas económicas con las tres entidades que supervisan la marcha del plan de rescate.

Sin la transferencia de nuevos fondos del programa de rescate de 245.000 millones de euros antes del 30 de junio, Grecia no podrá pagar un vencimiento de 1.550 millones de euros con el Fondo Monetario Internacional. Una cesación de pagos podría desembocar en su salida de la zona euro.

Las discrepancias entre Grecia y sus acreedores giran en torno a los impuestos a las empresas y las reformas al sistema de pensiones y el impuesto al valor agregado.

Pocos prevén que el BCE retire el salvavidas mientras duren las negociaciones, pero se desconoce cuál sería su reacción en caso de que no se alcance un acuerdo para cuando la porción de la zona euro del programa de rescate expire el martes.

Hacer que los griegos regresen a los bancos no será una tarea fácil. Kostantinos Drakopoulos, quien posee una tienda de ropa en el elegante distrito de Kolonaki, en la capital griega, se alarmó en diciembre cuando quedó claro que se realizarían nuevas elecciones que podrían llevar al poder a Syriza, el partido de izquierda de Tsipras.

"Tomé mi dinero y lo mandé a otros países", cuenta Drakopoulos en su tienda. El pequeño empresario sólo guarda en el país los fondos que necesita para operar el local y no tiene planes de repatriar pronto el dinero.

"Mientras tengamos este gobierno, tendremos crisis", subrayó. "El comunismo murió; es para Rusia, Cuba, pero no para Grecia".

Aparte de las transferencias internacionales de fondos, las cifras de los bancos también apuntan a enormes retiros en efectivo.

El presidente ejecutivo de Piraeus Bank, uno de los cuatro mayores bancos del país, estimó en una conferencia telefónica con inversionistas el mes pasado que el monto de efectivo que circula en la economía equivale a una cuarta parte del Producto Interno Bruto.

Algunos griegos han reemplazado los bancos por cajas fuertes, desde donde sacan billetes a medida que los necesitan. De esa forma, tendrán dinero a mano si las entidades cierran o se imponen controles de capital.

Durante los primeros años de la crisis, los bancos griegos sufrieron grandes pérdidas y fueron duramente golpeados por la cesación de pagos de Grecia en 2012, puesto que tenían grandes cantidades de deuda del país en sus carteras. Todos fueron rescatados por el gobierno.

Durante el segundo y tercer trimestres del año pasado, las principales entidades emitieron bonos, una señal de confianza. Alpha Bank, por ejemplo, recaudó en junio pasado 500 millones de euros con la venta de bonos a tres años con un rendimiento de 3,5%.

Los bancos estaban "bien posicionados para absorber los golpes", dice Nondas Nicolaides, analista de Moody’s. En septiembre del año pasado, los depósitos del sistema habían aumentado a 179.000 millones de euros, frente a los 159.000 millones de junio de 2012, después de la cesación de pagos.

No obstante, los disturbios políticos en diciembre hicieron que los griegos cambiaran de parecer. Los depósitos cayeron a 143.000 millones de euros a fin de abril, según datos oficiales, y varios miles de millones más se han fugado desde entonces.

Para reemplazar los depósitos que salen de sus arcas, los bancos griegos han acudido al BCE. No les queda otra, ya que no pueden vender bonos ni tienen acceso a los mercados de recompra en los que podrían recibir efectivo a cambio de algunos de sus activos menos líquidos.

"Perdieron toda la exposición internacional que habían desarrollado desde fin de 2012", señala Argenio, la analista de Standard & Poor’s.

Eso quiere decir que los bancos tendrán que recobrar la confianza de los depositantes si pretenden reducir su dependencia del BCE. Para eso necesitan que Grecia alcance pronto un acuerdo con sus acreedores, dicen banqueros.

"Creo que una parte importante de esto regresará al sistema bancario interno una vez que la situación se estabilice", dice Platon Monokroussos, economista jefe de Eurobank, en alusión al efectivo que salió de los bancos pero no ha sido transferido al exterior.

Algunos griegos mantienen sus ahorros en los bancos. "Es un poco peligroso", reconoce la profesora de francés Evita Kalogianni. "Pero nos gusta defender nuestra causa. Lo mantenemos en Grecia".

—Viktoria Dendrinou, Nektaria Stamouli y Gabriele Steinhauser contribuyeron a este artículo.

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