
Los fondos de las AFJP no son culpables del deterioro presupuestario
Por Horacio López Santiso Para LA NACION
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Los comentarios sobre la ley de déficit cero, la mayoría carentes de fundamento sólido, catapultaron a las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) al primer puesto del “ranking” de culpables del desequilibrio presupuestario nacional.
Se les adjudica la responsabilidad de que el Estado nacional no cumpla con sus obligaciones, particularmente con sus propios empleados y con los jubilados y pensionados.
Aclaro, antes de seguir, que no estoy de acuerdo con estas reducciones. Más adelante me referiré a cómo podría reemplazarse ese injusto recorte. Analicemos detenidamente la verdadera “culpabilidad” de los fondos de los jubilados futuros en las AFJP en el desequilibrio del presupuesto nacional y las “desmesuradas” comisiones que las administradoras cobran.
Siempre se oculta que las comisiones de las AFJP contienen, en los 7 años que se analizan, más del 30 por ciento de primas de seguro de invalidez y fallecimiento.
También se oculta que, al cobrarse sobre el flujo y no sobre el stock, las comisiones descienden mes a mes y en 30 años son inferiores a las de los fondos comunes de inversión (que no brindan el servicio público de las administradoras).
Por otra parte, recordemos que, por ley 24.468 del 21 de marzo de 1995, se dispuso incrementar el IVA del 18 al 21%, y la diferencia destinarla al desequilibrio presupuestario nacional, originado en buena parte porque los aportes previsionales de los afiliados a las AFJP no entraban en el Tesoro. Aclaramos que la alícuota del 21% sigue vigente, de manera que nos autoriza a pensar que, si el gasto en jubilaciones y pensiones puede estimarse en el 30% del gasto público total, puede atribuirse a ese concepto el 30% del diferencial de IVA por un período de 6 años y 3 meses al 30 de junio de este año. El diferencial es de aproximadamente $ 2850 millones por año.
En 6 años y 3 meses representa $ 17.800 millones. El 30% de esa cifra es $ 5300 millones.
Con esas consideraciones, puede armarse un cuadro de situación como el que ilustra la infografía de esta nota.
Déficit compensado
En definitiva, el déficit no es significativo. Representa 500 millones por año, y no la magnitud aterradora que los enemigos del sistema proclaman a los cuatro vientos. A partir de julio de 2001, este déficit más que se compensa con el reciente incremento de las contribuciones patronales.
Por otra parte, es elemental recordar que el Estado, al dejar de recibir los aportes obligatorios, está anticipando el pago de jubilaciones futuras y no simplemente haciendo gastos obviables.
Tal vez, en lugar de pensar en destruir el subsistema de jubilación privada, y dado que el dinero es fungible, podríamos sugerir que se adopten -si es posible en conjunto- estos métodos para resolver el déficit presupuestario, sin tener que volver a usar los fondos de los camioneros y plomeros norteamericanos:
1. Luchar más eficientemente contra la evasión. Entre otras cosas, devolviendo a la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) el control de los aportes previsionales.
2. Reclamar a los países que quieren “globalizarnos” que eliminen las trabas y los subsidios que impiden aumentar nuestras exportaciones. En caso contrario, buscar aplicar medidas similares a sus exportaciones a nuestro país.
3. Reformar estructuralmente el Estado (con las llamadas reformas de “segunda generación”), lo que podría mejorar la calidad del gasto público y favorecer el crecimiento con equidad y aun reducir las erogaciones inútiles.
4. Eliminar a los “ñoquis”, especialmente los ubicados por favores políticos de los anteriores y del actual Gobierno.
5. Eliminar las jubilaciones de privilegio.
Termino señalando que mi opinión es contraria a lo que piensa el imaginario popular, ciertos economistas de nota, ex funcionarios y una parte de los políticos y del periodismo, todos formadores de opinión, por lo que voy a concluir esta nota citando parte de las declaraciones del gran sociólogo francés Pierre Bordieu, en una reciente entrevista con La Nacion, al expresar muy claramente que la globalización no sólo tiene ventajas, sino también desventajas: “No olvidar que yo hablo en contra del discurso dominante y el discurso dominante no dice lo que yo digo”, dijo el especialista.
El discurso dominante en materia previsional es hoy demonizar a las AFJP. No es el mío.






