Los héroes reales de la economía global

Dani Rodrik
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17 de noviembre de 2013  

Los responsables de las políticas económicas que buscan modelos exitosos para emular parecen tener una abundancia de opciones estos días. Liderados por China, decenas de países emergentes y en desarrollo registraron tasas de crecimiento récord en las últimas décadas, sentando precedentes para que otros sigan sus pasos. Si bien las economías avanzadas tuvieron un desempeño mucho peor en promedio, hay excepciones dignas de mención, como Alemania y Suecia. "Hagan lo que hacemos nosotros y ustedes también prosperarán", suelen decir los líderes de estos países.

Pero, si se mira más detenidamente, se ve que es imposible replicar en todas partes estos modelos, porque están basados en grandes excedentes externos para estimular la economía. El excedente de cuenta corriente de Suecia fue en promedio más de 7% del PBI en los últimos diez años; el promedio en Alemania estuvo cerca de 6% en el mismo período.

El enorme excedente externo de China –arriba de 10% del PBI en 2007– se redujo en los últimos años, y el desequilibrio comercial cayó casi a 2,5% del PBI. Al tiempo que bajó el excedente, cayó la tasa de crecimiento de la economía. El crecimiento anual de China sigue alto, por encima de 7 por ciento. Pero el crecimiento en este nivel refleja un alza sin precedentes de la inversión directa a 50% del PBI. Cuando la inversión se normalice, el crecimiento económico se desacelerará más.

No todos los países pueden tener excedentes comerciales al mismo tiempo. El desempeño superlativo del crecimiento de las economías exitosas fue posible gracias a la elección de otros países de no imitarlas. Pero eso nunca se advertiría si se escuchara al ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, ensalzar a su país. "A fines de los 90, Alemania era el «enfermo» indiscutido de Europa", escribió Schäuble. Lo que cambió su suerte, dice, fue la liberalización del mercado laboral y un gasto público restringido.

Si bien Alemania hizo reformas, también lo hicieron otros, y su mercado laboral no es más flexible que los de otras economías europeas. Una gran diferencia fue el giro radical de su balanza externa: los déficits anuales de los 90 se convirtieron en un gran excedente en los últimos años, gracias a sus socios comerciales. La economía alemana se ha apalancado en la demanda global.

Otros países crecieron rápidamente en las últimas décadas sin depender de los excedentes externos. Pero la mayoría sufrió el síndrome opuesto: una dependencia excesiva de los ingresos de capital que, al fomentar el crédito y el consumo internos, generan un crecimiento temporario. Pero las economías receptoras son vulnerables al sentimiento de los mercados financieros y a una repentina fuga de capitales.

Consideremos el caso de la India, que hasta hace poco era otra historia de éxito muy celebrada. Su crecimiento en la década pasada tuvo mucho que ver con políticas macroeconómicas laxas y una cuenta corriente en deterioro. Algunas ex economías socialistas chicas –Armenia, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Lituania y Kosovo– crecieron rápido desde 2000. Pero sus déficits de cuenta corriente entre 2000 y 2013 –que oscilan entre un 5,5% del PBI en Lituania y un 13,4% en Kosovo– evidencian que no son países para emular.

Los saldos de cuenta corriente del mundo, en definitiva, deben sumar cero. En un mundo óptimo, los excedentes de países que buscan un crecimiento liderado por las exportaciones estarían compensados por los déficits de aquellos otros países que buscan un crecimiento liderado por la deuda. En el mundo real, no existe ningún mecanismo que asegure un equilibrio semejante de manera constante.

Cuando algunos países quieren tener déficits menores sin que exista un deseo correspondiente de otros países de reducir sus excedentes, el resultado es la exportación de desempleo y una tendencia hacia la deflación. Cuando algunos quieren reducir sus excedentes sin un deseo correspondiente de otros de reducir sus déficits, el resultado es una "repentina interrupción" de los flujos de capital y crisis financieras. A medida que los desequilibrios externos se vuelven más grandes, cada fase de este ciclo se torna más dolorosa.

Los verdaderos héroes de la economía mundial son los países a los que les fue relativamente bien con desequilibrios externos menores. Países como Austria, Canadá, Filipinas, Lesoto y Uruguay no pueden igualar a los líderes del crecimiento mundial, porque no se endeudan en exceso ni sostienen un modelo económico mercantilista. Sus economías no tienen nada de especial y no ganan muchos titulares. Pero sin ellos, la economía global sería aún menos manejable de lo que ya es hoy.

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