
"Los jóvenes no se ponen la camiseta"
Pese a la mirada de los otros sobre las nuevas generaciones, éstas sí se comprometen, pero con sus valores propios
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"Los jóvenes son irresponsables. No se quieren poner la camiseta, no respetan a nadie." Palabras más, palabras menos, es la queja que se escucha de muchos jefes sobre la relación de la Generación Y.
Se trata de quejas desde la mirada de otras generaciones, que no logran comprender que los jóvenes pueden tener compromiso, pero entenderlo de otra manera. Y que a pesar de lo que indican los mitos que giran a su alrededor, no son vagos. Pero hay un hecho ineludible: el trabajo no está en el centro de su universo, sino que es un aspecto más de sus vidas.
Al contrario de lo que se construye desde la mirada de los otros, se trata de una generación que privilegia el compromiso social y la responsabilidad fundamentalmente de las organizaciones, como ninguna generación anterior. No son las empresas muchas veces las que los eligen, sino que son ellos los que eligen dónde trabajar.
El desarrollo sustentable caracterizó a los Y como personas vinculadas a la vida sana y al equilibrio entre la vida laboral y social. Esta generación busca autonomía de sus conductas en lo personal como en lo laboral. Reconocen la importancia de su vida privada, a la cual defienden de la irrupción del mundo profesional y buscan un balance más equitativo entre trabajo y placer. Para los Y, el trabajo no es un fin en sí mismo (como sí lo fue para las identidades de otras generaciones), sino la forma de satisfacer necesidades de la vida privada.
Resulta apasionante ver cómo la Generación Y empuja a sus jefes a un análisis personal de los valores propios, pero también incita a las organizaciones a replantearse nuevos mecanismos, sistemas, herramientas y, fundamentalmente, espacios y permisos para los nuevos tiempos.
La vida es una sola para esta generación. Se es feliz en la vida y ésta debe incluir el trabajo. En ese sentido esta generación viene a rearmar el molde. Esto reconfigura antiguas visiones de la jornada laboral (horarios flexibles, teletrabajo, trabajo por objetivos), jerarquización espacial en la oficina (hoy más abierta, con mayor horizontalidad, como en casa), división de esferas (la familia debe estar integrada a la empresa, si no véanse todas las políticas pensadas para las madres) o el feedback requerido por los empleados.
Lo que los X y los Babyboomers pueden hacer es intentar ser más flexibles, escuchar los cambios que proponen los Y y saber adaptarse. Entender que el compromiso puede asumir formas diversas y que el hecho de que trabajen de un modo distinto no los hace ni mejores ni peores, sino simplemente diferentes.





