
Los juguetes rusos ya no divierten a nadie
El mercado del país europeo está dominado por los productos chinos y occidentales, que son mejores
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En el pasado, algunos países en vías de desarrollo descubrieron que fabricar juguetes para el mundo rico era una camino para pasar de la pobreza a la prosperidad.
¿Rusia podrá hacer lo mismo? No, a juzgar por lo que ocurre con la fábrica de juguetes Ogonyok, ubicada al este de Moscú, que alguna vez produjo juguetes eléctricos para los niños de los funcionarios soviéticos de más alto rango. En la actualidad es deprimente hasta para los estándares de la industria de Rusia: escuálida, pasada de moda, peligrosa y mal manejada.
"Nosotros no somos hombres de negocios: somos gente honesta, productores", justificó el gerente general, Anatoly Fedyushin. No conoce con exactitud la cantidad de juguetes que producen sus 470 empleados, pero tiene la certeza de que lograr que dichos artículos lleguen a los comercios es un negocio sucio que es mejor dejar en manos de los intermediarios.
Pero hoy los niños ricos de Rusia prefieren los juguetes del Oeste. Los modelos de trenes frágiles y las desagradables muñecas que produce la fábrica ya casi no tienen adeptos. Ni siquiera son baratos: en este aspecto, los juguetes chinos, que dominan el mercado ruso, son mejores. Fedyushin sabe que su planta no tiene futuro.
"¿Expectativas? Yo no podría afirmar que tuvimos alguna". No se imagina la posibilidad de obtener un préstamo para comprar nueva tecnología: "¿De qué manera lo devolveríamos?" Una vez, un inversor de los Estados Unidos se acercó a ellos, pero no llegaron a un acuerdo. "Habríamos perdido todo. Solamente querían nuestros edificios."
A unos pocos kilómetros de allí, en el centro de Moscú, en la juguetería más famosa de Rusia, las cosas parecen, a primera vista, igualmente deprimentes. Detsky Mir (o sea, "El Mundo de los Niños") es un enorme edificio ubicado al lado de las antiguas oficinas de la KGB, repleto principalmente de puestos deteriorados que venden productos para adultos. Los empleados son malhumorados; los juguetes cuestan demasiado y están presentados de manera poco atractiva.
Pero aún hay un atisbo de esperanza. Los ojos del nuevo director general se iluminan cuando acaricia un conejo de angora gigante de su propia fábrica de juguetes, "renovados con equipos rusos, a mitad de precio de las máquinas del Oeste". El cree que los rusos son mejores que los chinos para diseñar juguetes para el mercado europeo.
Ahora desea desarrollar más rompecabezas, equipos para la construcción y otros juguetes apelando a "la ingenuidad y creatividad". Asimismo, él se asoció con algunas firmas occidentales que se dedican al mismo rubro, incluyendo a Crayola y a Revell, para hacer sus crayones y modelos en Rusia.
Los fabricantes rusos prosperarán si pueden reconquistar la participación de mercado que les fue sustraída por los chinos. Pero el éxito verdadero sería exportar juguetes al mundo industrializado. Eso requiere de bajos costos, diseños inteligentes y un marketing manejado por expertos, una eficiente distribución y una gran cantidad de dinero. Hasta que los nuevos propietarios de Detsky Mir puedan demostrar que, al menos, pueden organizar su negocio, el resto de sus planes será sólo una fantasía.





