Los libros muerden en el negocio
La industria editorial mueve más de $ 2300 millones anuales, que se distribuyen con suerte diversa entre los distintos eslabones de la cadena
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Como si se tratara de las tramas de El símbolo perdido , de Dan Brown, o de Los hombres que no amaban a las mujeres , de Stieg Larsson -dos de las novelas más leídas del verano-, en el negocio de los libros el dato más interesante surge de lo que no se dice: nadie quiere revelar su facturación ni la cantidad de ejemplares vendidos, lo que ilustra con más claridad que mil palabras el buen momento de la industria editorial.
Hay sí algunas pistas que permiten formular estimaciones generales. En 2008, último año con estadísticas cerradas, se produjeron 97 millones de libros con un costo de $ 1172 millones, según el Sistema de Información Cultural de la Argentina (Sinca), lo que representa el 0,025% del PBI y un 40,5% de crecimiento interanual.
"En 2009 las ventas cayeron 5% porque se juntó todo: la crisis mundial, la gripe A y los problemas que arrastra la economía local", dice Rodolfo Rojas, supervisor comercial de Distal Libros, que confía en un buen 2010.
Para acercarse al dato de facturación, se sugiere multiplicar por dos el costo de los ejemplares fabricados en el año, ya que se calcula que se venden al doble de su valor de producción. Así se llegaría a los $ 2344 millones. Pero aquí no están incluidas las ventas de libros importados ni restados los institucionales, que generalmente se regalan.
En esta historia no todos los personajes se llevan la misma parte ni corren los mismos riesgos. Según Trinidad Vergara, cofundadora y presidenta de Vergara & Riba Editoras, para entender el tema de los márgenes que gana cada uno lo más fácil es empezar desde el precio de tapa.
"Si el comprador paga 100 pesos, el librero se queda con 50 (a los que hay que restar el alquiler del local y los sueldos de sus empleados) y le paga 50 al editor, que entrega 10 al autor, paga el costo de fabricación (siete de impresión, papel y encuadernación y 28 de marketing, comisiones de ventas y costos administrativos) y se queda con 5", explica Vergara.
La rentabilidad está garantizada por el volumen de ventas de cada ejemplar, ya que hay casos como el de El dueño , de Luis Majul, que vendió 130.000 ejemplares en dos meses y alcanzó el tercer puesto entre los libros más vendidos del verano, y otros que no agotan una edición de 3000 unidades.
"El mayor costo que tiene una editorial es lo no vendido, porque ese riesgo no lo asume el librero, que te devuelve el sobrante", comenta Sergio Maggiaiuolo, director de ventas de Planeta. Una inversión importante que tienen estas empresas es el costo del papel, que en 2003 era un 25% más bajo que en España y hoy es más caro que allá. "Las que hacen buen negocio son las papeleras, como Ledesma, Massuh y Tucumán", afirma Fernando Fagnani, gerente de Edhasa, una editorial mediana.
Desde que se empieza a producir el libro hasta que el editor cobra su primera parte pasan 60 días. Una editorial grande lanza 25 novedades por mes y las tiradas van desde 2000 hasta 100.000 ejemplares, aunque la más común es la de 10.000, de los que se mandan unos 100 a cada librería mediana y unos 500 a cada grande.
En el país hay 548 editoriales, que emplean 7800 trabajadores, pero las principales del mercado son unas pocas, entre las que están Planeta, Random House Mondadori (Sudamericana), Santillana (Alfaguara), Tusquets, Kapelusz y Sigmar. En tanto, existen 2411 librerías, pero la mayor porción de la torta se la reparten Yenny/El Ateneo, Cúspide, La Boutique del Libro, Distal y Hernández.
Aunque siente amor por los libros, Vergara le quita romanticismo al rubro y dice que se trata de uno de los negocios más riesgosos que hay. Su receta para el éxito es no confundir lo cultural con lo empresarial. "Es una empresa que debe ser rentable, como cualquier otra. Creo en algo bien pensado, no en aventuras o locuras", aclara. ¿Qué tipo de locuras?, pregunta LA NACION. "Y... pagar fortunas por el pase de un autor", contesta.
Como ocurre con los cracks en el fútbol, las editoriales se disputan a los escritores "taquilleros" y en algunos casos les ofrecen grandes sumas como "adelanto de derechos de autor". En el plano local se paga desde $ 3000 hasta 100.000 en este concepto, pero en el mundo se puede llegar a US$ 1 millón. También está el caso de aquellos que hacen su propio acuerdo y cobran más que el 10% estipulado, pero son los menos.
Otra historia
La historia de los libreros es otra. Ellos tienen que luchar con los altos alquileres y el sueldo de sus empleados. El costo de arrendar un local chico llega a los $ 7000 mensuales y el los grandes de la calle Florida supera los 50.000, según refieren los libreros. Rojas, de Distal, confirma que su principal costo es el alquiler. "Hoy está muy alto y nos saca el 30% de lo que facturamos."
Como el precio del libro es fijo (la mayoría está entre $ 49 y 79), no se puede buscar más rentabilidad aumentándolo ni ofrecer promociones con tarjetas. Según Rojas, la diferenciación se busca por el lado del confort dentro de los locales. "Lo que también te diferencia es la importación de libros que cuestan más de $ 150 y te dejan un 65% de ganancia. Claro que vendés dos de esos cada 100 de los otros", comenta Rojas.
En las librerías chicas, el oficio es lo que cuenta para sobrevivir, ya que la ganancia es menor por cada libro. "No tenemos los márgenes de las grandes, porque las editoriales nos hacen un descuento del 35% en lugar del 50 que le hacen a las cadenas", cuenta Mariano Lieutier, encargado de Mascaró, una pequeña librería ubicada en Av. Santa Fe 2990. "El secreto está en conocer el negocio, atender bien al cliente y conseguirle libros que no ve en otra parte", confía Lieutier.
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