Mermeladas de pétalos de flores: creó un emprendimiento para evocar su niñez
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La abuela de Fernanda Piffaretti repartía pétalos de rosas. Cada vez que un nieto la ayudaba en su casa, ella se los daba para comer a modo de premio. "Ese sabor quedó en mi memoria y un día decidí ir a buscarlo", cuenta Fernanda.
Así nació Dulce Flor, un emprendimiento mendocino de mermeladas gourmet que combina pétalos de flores con frutas frescas. Fernanda fundó la empresa en 2014, y estima que la facturación para este año rondará entre $800.000 y $1 millón.
Encontrar flores con buen sabor, así como una fruta que combine con cada pétalo es una tarea ardua. Para cada gusto que se le ocurre, Fernanda elige una planta, la siembra y cuida. Una vez que florece, cosecha los pétalos y comienza a mezclarlos con diferentes frutas. Si no combinan o si la flor no tienen el gusto que desea, retira la planta y prueba con una nueva.

"Busco encontrar qué fruta marida bien con cada flor", define la emprendedora, quien cuenta que para alcanzar los productos actuales probó muchos tipos de flores. "No todas tienen los mismos sabores. La rosa gran gala es divina, pero no logré sacarle un buen sabor dulce", agrega.
Actualmente Fernanda elabora seis tipo de mermeladas con rosas rojas, jazmines del cabo y azafranes. Se trata de recetas cuidadosamente elegidas y testeadas. Los gustos que incluyen pétalos de rosa van acompañados de pomelo, manzana, frutilla y uva malbec. El jazmín van con peras y el azafrán con mandarina.
"Busco mucho en relación a la flor. También miro los perfumes que hay, investigo y capto los aromas", narra. Incluso, para uno de lo actuales productos se inspiró en el perfume de Donna Karan Be Delicious Fresh Blossom, que entre sus olores tiene pomelo y rosas.
Su primera gran inversión fue gracias a un subsidio de US$10.000, que amplió con un financiamiento propio con el que duplicó el monto. Pero llevar adelante su idea no fue tarea sencilla. No sólo porque no encontraba recetas que incluyeran flores, sino que tampoco tenía un proveedor de pétalos, por lo que debió incursionar con tres rosales de su propio jardín.

"Vi que no había mucho en el país sobre alimentos de flores y me costó mucho llegar a los pétalos, porque nadie me los proveía. Entonces tuve que producirlos yo", sostiene. Finalmente consiguió un convenio con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo para que les provea las flores. "Ellos tienen un sector de cultivos gourmet y ahí plantamos rosales y jazmines", indica.
El emprendimiento, cuya producción es orgánica, cuenta con más de 300 plantas de rosales y alrededor de 100 jazmines que están plantados entre su casa y la universidad. Los azafranes, en cambio, los consigue de los productores del Valle de Uco, en la provincia de Mendoza. Entre los cultivos y la fábrica, en la empresa trabajan 10 personas.
"Es un producto 100% natural sin aditivos ni conservantes y su producción es totalmente artesanal", observa. Cada mermelada tiene bajos contenidos de azúcares y nutricionalmente tiene antioxidantes suministrados por las flores.

La empresaria entiende que sus productos no son de venta masiva, sino que están destinados a clientes con gusto gourmet. Por mes vende alrededor de 500 unidades de frascos, mediante revendedores de productos premium, como wine shops, aeropuertos y hoteles. Además, participa en ferias gastronómicas, como Masticar, La Rural y Caminos y Sabores.
Este año, Fernanda planifica exportar su producción a países limítrofes, como Chile, y está en tratativas para enviar los dulces a Emiratos Árabes. Por otro lado, está trabajando en ampliar la gama de productos con pétalos, y ya comenzó a probar sabores con girasoles y violetas. "Mi idea es desarrollar una nueva categoría en el mercado que no son solo mermeladas. También quiero explorar licores, barritas de cereal y chutney con pétalos", completa. Su propuesta es ubicar a las flores en un segmento amplio del mercado comestible.







