Morixe cedió activos a los bancos para pagar sus deudas
El canje le permitió seguir operando
1 minuto de lectura'

Cuando en la fría tarde de invierno ingresó en el edificio de Florida y Rivadavia, rumbo a las oficinas del estudio jurídico en que se rubricaría el acuerdo para salvar su empresa, lo invadieron miles de imágenes.
Jorge de Achával, actual presidente Morixe, asegura que no pudo evitar un cosquilleo cuando finalmente ingresó en el salón donde un grupo de banqueros lo esperaba para suscribir el convenio. Cuando le tocó estampar su firma para la transferencia de bienes y cancelación de pasivos en favor de los bancos acreedores, se sintió con renovadas fuerzas para emprender los desafíos que la nueva realidad le impone a la molinera que cien años atrás fundó su bisabuelo, Francisco Morixe.
"El objetivo siempre fue defender la continuidad de la empresa. Y ahora puedo decir con satisfacción que lo logramos", comentó De Achával (de 45 años) a LA NACION, que preside desde hace 14 años la compañía.
Morixe Hnos. es una empresa dedicada a la molienda, producción y comercialización de harinas y sémolas de trigo que controla entre el 4 y el 5% del mercado interno. Se ubica en el cuarto puesto entre las siete compañías que concentran el 50% del mercado y es la sexta exportadora entre las 18 del sector que venden al exterior. Desde 1931 se cotiza en la Bolsa de Comercio, donde flota el 30% del capital accionario. El restante 70% se divide entre los miembros y descendientes de la familia fundadora.
Con objeto de aumentar su participación de mercado y diversificar los negocios, hacia 1994 la compañía adquirió en $ 5 millones otro molino y la marca a Guglielmetti (en Benito Juárez), amplió su capacidad instalada para el acopio de granos, se asoció con General Cereals para instalar una elaboradora de cereales para el desayuno y adquirió un campo en Corrientes para la cría y engorde de hacienda. Parte de este proceso de expansión se financió con la toma de préstamos para la prefinanciación de exportaciones, dado que por entonces el mercado brasileño le compraba a Morixe el 15% de la producción y a precios cada vez más altos por el sostenido valor que mantenía el trigo.
Pero lo que se había mostrado como un venturoso futuro empezó a transformarse en pesadilla cuando el precio de la tonelada de trigo, que llegó a tocar los US$ 301 en mayo de 1996, se derrumbó hasta los US$ 136 en apenas seis meses, y se desató en la plaza una descarnada disputa de precios, motivada por el reacomodamiento que generó en el sector el ingreso definitivo de Cargill.
"En aquel momento habíamos tomado unos $ 10 millones en préstamos bancarios para la prefinanciación de exportaciones. Y teníamos otros 5 millones diseminados entre distintos bancos en préstamos para capital de trabajo. Fue un error porque enseguida vino el tequila, que disparó las tasas", explica Guillermo López Naguil, director financiero.
La contracción de la actividad (la facturación de la compañía cayó de $ 60 millones en 1996 a $ 30,5 millones el último año y los balances en azul dejaron lugar a números rojos, que en 1997 alcanzaron el récord de $ 22 millones) hizo crecer el peso de la deuda financiera, repartida entre 10 bancos, que se fue incrementando hasta totalizar $ 17 millones. La situación se hizo cada vez más inviable. "Pese a todo nunca dejamos de pagar intereses", recuerda De Achával. Así, tras varios meses de reclamos y pedidos vanos y en procura de evitar una convocatoria de acreedores, Morixe anudó en marzo de 1999 un convenio de refinanciación de pasivos con el pool de bancos.
Los encargados de recupero de créditos de las entidades impusieron duras condiciones, que se transformaron en un escollo imposible de superar para la empresa. "Nos refinanciaron el pasivo a 5 años, con uno de gracia para reintegrar capital, pero aplicándonos tasas de actualización mensual local (equivalente al 12% anual, que pronto se transformó en 16%), pese a que nosotros habíamos pedido llevar todo a 10 años y a tasa Libor más 2 puntos, es decir, al 8%", indicó López Naguil. También se impuso a la compañía la imposibilidad de repartir dividendos entre sus accionistas, lo que ayudó a depreciar su valor en la Bolsa.
En los bancos no quieren hacer comentarios sobre el caso. Las consultas de LA NACION al BBV-Francés, por su rol de conducción en el proceso, recibieron esa respuesta oficial.
En agosto de 2000 Morixe dio aviso a los bancos de que no estaba en condiciones de cumplir lo pactado y pidió adecuar las condiciones al momento del mercado y la realidad de la empresa. La ausencia de respuestas positivas hizo que dos meses después la situación estallara.
"En octubre dejamos de pagar los intereses. Ya no podíamos más", recuerda De Achával. La posibilidad de un nuevo acuerdo se comenzó a gestar luego de que, por pedido de De Achával (a quien conoce hace tiempo), el ex titular del Banco Central y actual empresario Javier González Fraga, inició ante las cúpulas de los bancos una serie de gestiones para el acercamiento de las partes. En los encuentros, González Fraga dejó en claro que Morixe tenía vocación de pago y que estaba dispuesta a convalidar cualquier salida, en la medida en que contemplara siempre la continuidad de la empresa. La propuesta fue entregar activos concretos para cancelar pasivos.
El plan jugó sobre el atractivo que podía tener para los bancos quedarse con la propiedad de los terrenos de Morixe en pleno corazón de Caballito, donde hoy se encuentran las principales instalaciones de la molinera, dado que sobre esa área se proyecta el que tal vez sea el más importante negocio inmobiliario del país en estos tiempos.
Las negociaciones finales para armar un esquema de cancelación de la deuda bancaria arrancaron en diciembre del año pasado. "Elevamos la propuesta con una sola precondición: nuestra deuda bancaria debía quedar en 0", dice López Naguil. En mayo, tras cinco meses de agitadas negociaciones, Morixe arribó a un acuerdo con los bancos para cancelar la totalidad de su deuda, por entonces estipulada en $ 23 millones.
El convenio, suscripto finalmente el 27 de junio, liberó a la molinera de su relación con los bancos, pero a un alto precio: para cancelar la totalidad de su pasivo entregó casi todos sus bienes en parte de pago.
El último balance que la compañía acaba de presentar en la Bolsa aunque da cuenta de un regreso a las ganancias (reportó $ 2,83 millones, cuando venía de perder más de 5 y de 7 millones en los dos ejercicios precedentes) es revelador de lo que debieron dejar en el camino para seguir en actividad. Los activos corrientes de la empresa cayeron de $ 18 millones a menos de 8 millones en dos años y los bienes de uso, de más de 10 millones a 2,7 millones en el mismo lapso.
Un negocio inmobiliario potencial trajo la solución
La solución a la que arribó la empresa no sólo le permite cancelar su deuda, sino también superar la actual restricción industrial derivada de la localización de su molino en Caballito, junto a la playa de cargas del ex ferrocarril Sarmiento y detrás de la cancha del Club Ferrocarril Oeste.
"El tamaño del terreno impide el desarrollo en espacio horizontal y el formato de la planta constituye una limitación para lay-outs más racionales para carga y descarga de materias primas, productos en proceso y mercaderías envasadas", explican sus directivos.
A los inconvenientes derivados de los problemas de tránsito que genera el permanente movimiento de camiones, se suman los proyectos de una nueva planificación urbana en la zona -plazas, tren en trinchera, desarrollos inmobiliarios-. En este sentido, el traslado de la planta de Caballito era una medida "anunciada" si se tiene en cuenta que entre 1989 y 1996 seis molineras sacaron sus plantas de la ciudad: Minetti, Molino Independencia, Molino Nuevo, Molino Argentino, Molino Central Norte y Molino Río de la Plata.
Pero, además, fue el anzuelo que abrió la puerta para el acuerdo con los bancos, que estaban muy al tanto del convenio suscripto entre el gobierno nacional y su par porteño para licitar en breve un ambicioso plan de obras en la zona.
Aquél consiste en hacer circular bajo tierra los trenes entre Caballito y Liniers, para liberar totalmente un pulmón que ya fue bautizado como "corredor verde del oeste", y que dará lugar a un millonario negocio inmobiliario.





