Mucho más que emprendedores cool

Andy Freire
Andy Freire PARA LA NACION
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24 de mayo de 2017  

Hace unos días se publicó una nota sobre el lado B de emprender en la que se enumeraban cinco patrones por los cuales una persona joven y de origen socioeconómico privilegiado opta por iniciar su propio emprendimiento. Aunque el artículo acierta al poner el foco en la alta tasa de proyecto que no alcanzan los cinco años de vida, hay algunos conceptos del fenómeno emprendedor que quedan de lado y hace falta remarcar.

Que hay emprendedores jóvenes, de clase media-alta y alta, con estudios universitarios completos y con capacidad de financiarse en sus redes de contactos familiares y sociales es innegable. Como también es evidente que hay un amplio espectro de emprendedores que no son jóvenes, que son de otras clases sociales, que tienen otras historias de vida, y que emprenden tanto por necesidad como por oportunidad.

Identificar a los emprendedores con el chico cool de Palermo que abandona la universidad para desarrollar una aplicación disruptiva para smartphones c on la plata de sus padres es una gran simplificación. De acuerdo con los datos del Monitor de Emprendedorismo Global de Buenos Aires, los emprendimientos de base tecnológica en 2015 no llegaban al 1%. El dato empírico ratifica lo que cualquiera que camina por Buenos Aires puede ver con la inmensa cantidad de comerciantes, cuentapropistas, profesionales independientes y empresarios que no se identifican con este colectivo. Ni que hablar de la inmensa cantidad de personas emprendiendo desde las barriadas más humildes de la ciudad.

Emprender es difícil, supone riesgos y no es para cualquiera. Nuestro país, por muchos años, no generó condiciones idóneas para emprender al no establecer reglas de juego claras, complicar burocrática y administrativamente el proceso de creación de empresas, generar desincentivos por los altos costos tributarios y laborales y por tener un macroeconomía caótica (algunas de esos obstáculos se están empezando a sortear gracias a iniciativas como la recientemente aprobada Ley de Emprendedores).

Conscientes de estos riesgos, muchas personas deciden emprender en una enorme variedad de industrias, que van desde la gastronomía, la cultura y el diseño hasta la biotecnología, el agro y el turismo. Buenos Aires es la ciudad con la tercera economía más diversificada del mundo según Euromonitor.

Los emprendedores no son un conjunto de irracionales que no miden riesgos y que se lanzan a la aventura temeraria de iniciar una empresa.

Desde la política pública, la promoción de emprendedores es necesaria porque la manera más potente de generar desarrollo económico, innovación, progreso y empleo es a través de la generación de nuevas empresas que, con el tiempo, se convertirán en PyMEs dinámicas. Muchas no llegarán, es cierto. Muchas otras no podrán crecer y serán fuente de ingresos para el grupo familiar del fundador, "solamente". Los fracasos de estos muchos individuos a los que hay que acompañar y apoyar son los costos a pagar para que exista una economía competitiva y pujante, capaz de crear empleo, a la vez que riqueza. No son cantos de sirena, sino una propuesta de desarrollo económico, social y humano fundamentada en datos, evidencia empírica, experiencias y literatura.

Con la colaboración de Santiago Sena

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