
Murió ayer el ex ministro Krieger Vasena
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A los 80 años, falleció ayer en Buenos Aires, luego de una larga convalecencia, el ex ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena. Sus restos serán inhumados hoy, a las 11, en el cementerio de la Recoleta.
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Dos rasgos esenciales definen la actividad pública del economista Adalbert Krieger Vasena, y ambos se vinculan estrechamente a las circunstancias y a la comprensión de los terribles fracasos y de los notables logros cosechados por la Argentina en materia económica a lo largo de la segunda mitad del siglo veinte.
Por un lado, le tocó encabezar uno de los más exitosos esfuerzos de estabilización encarados antes de la transformación económica de 1991. Ministro de Economía al finalizar 1966, por tres años sostuvo contra viento y marea un tipo de cambio que merced a sus desvelos adquirió genuina fuerza, al punto de subsistir por todo un año tras su alejamiento del gabinete de Juan Carlos Onganía.
Por otro, fue, desde mucho antes, un vigoroso impulsor de las ideas y de los mecanismos a los que, más tarde, se habría de atribuir cualidades decisivas en la promoción de una economía sana: la receta es hoy archisabida pero no lo era tanto en 1957 cuando ocupó el cargo de ministro de Hacienda de la Revolución Libertadora y expresó, quizá por vez primera entre nosotros, algunos de esos puntos de manera explícita: contención de gastos, apoyo a las inversiones extranjeras mediante políticas monetarias y fiscales específicas y el uso de la inversión pública como forma de generar inversiones privadas.
Era, a la sazón, muy joven. Nacido en 1920, doctorado en Ciencias Económicas y miembro de la administración pública, en 1946, cuando fue separado de ella, estaba al frente de la oficina de Investigaciones de Política Comercial del Ministerio de Agricultura y Ganadería y había sido asesor de la primera delegación argentina ante las Naciones Unidas. En 1956 tramitó el ingreso de nuestro país en el FMI y ya para entonces había definido plenamente criterios favorables a la ampliación de las exportaciones, a la inserción activa en los flujos comerciales del mundo y al aprovechamiento intensivo de las "ventajas comparativas" de la producción nacional.
En 1961, el presidente Frondizi confió una "misión de negocios" en los Estados Unidos al ya prestigioso asesor y consultor de empresas. Miembro de la Academia de Ciencias Económicas desde 1963, tres años después asumió la presidencia de la representación argentina ante el GATT, antecesor de la actual Organización Mundial de Comercio.
Su desempeño como ministro bajo Onganía lo convirtió en una figura expectable, a la que inevitablemente se recurría a la hora de pedir opinión o consejo. En ese cargo alcanzó objetivos sin duda notables y, en efecto, el país gozó de un lapso de sostenido y orgánico crecimiento. Ya en la década del 80, los hombres de la economía advertían -pero ellos solos, no el conglomerado social- la inviabilidad de las pautas laborales vigentes y la necesidad de las privatizaciones. Krieger avanzó, entonces, un paso más -otra vez fue acaso el primero en darlo- y pidió también la transformación a fondo del sistema previsional.
Resultaba, pues, comprensible y previsible que en 1993, ya retirado de aspiraciones y de polémicas no pocas veces encrespadas y refugiado en la cada vez más frecuente condición de colaborador de La Nación , no vacilase en calificarse como "menemista convencido", forma por demás humilde de decir que sus propuestas habían triunfado.




