
Negocios y viajes presidenciales
Secretos de las comitivas empresariales que acompañan a Menem en sus recorridas por el mundo
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¿Quiénes son los empresarios que acompañan al Presidente en sus frecuentes viajes al exterior?
Por de pronto, no imagine peleas ni lobby por subir al avión presidencial. Sencillamente, allí no hay lugar.
El avión presidencial tiene 32 plazas y éstas se ocupan rápidamente con el séquito de amigos íntimos y funcionarios que lo secundan habitualmente.
Sólo unos pocos empresarios privilegiados como el banquero Julio Werthein;el textilero Agop Karagosian;el vicepresidente de Tetra Pack Argentina, Hernán Zupan;el ex presidente de la Sociedad Rural Guillermo Alchourony el hotelero Mario Falak han logrado franquear la puerta de ingreso al Boeing que surca los cielos del mundo, con la presencia permanente del peluquero oficial, Antonio Cuozzo, y del valet Carlos Gómez, un hombre que tiene a su cargo la estratégica misión de planchar y almidonar la ropa del Presidente, además de armar y desarmar sus valijas.
Para subir a la aeronave adquirida en 1992 es condición fundamental tener un lazo de amistad con el riojano más famoso, amén de cultivar buenas relaciones con Munir Menem, que es en última instancia el que reparte los lugares en la codiciada nave.
Por cuenta propia
Los empresarios se trasladan en vuelos de líneas, ocupan lugares en primera clase y los gastos corren por cuenta de sus compañías.
"La Cancillería ofrece un servicio de coordinación, programa actividades, y reserva pasajes y alojamiento, pero no gasta un centavo", explica Juan José Castelli, jefe de Gabinete de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Un caso especial en las comitivas empresarias es el de Amalia Lacroze de Fortabat, que se traslada en su avión privado con un nutrido pelotón de acompañantes, y se aloja en el mismo hotel en el que lo hace el Presidente. Su presencia suele despertar curiosidad en el establecimiento elegido, por el gran número de suites que reserva (se dice que ha llegado a bloquear con reservas un piso entero).
No obstante, las cosas han sufrido varios cambios desde el inicio del mandato de Menem en 1989. Existe un antes y un después en relación con una iniciativa impulsada por el canciller Guido Di Tella a partir de 1994. En ese año el funcionario creó la Unidad de Coordinación de Comitivas Empresarias y puso al frente de ella al actual cónsul argentino en Los Angeles, Luis Kreckler.
Hasta entonces, según confían distintas fuentes del mundo diplomáticos, los empresarios viajaban tras un objetivo fundamental: hacerse ver por el Presidente. "Muchos llegaban a los lugares en los que estaba Menem y trataban de ser invitados a los actos protocolares", se cuenta.
El que soportaba las presiones, en todos los casos, era el embajador destacado en el destino visitado por el empresario. Días antes del arribo del mandatario argentino, los teléfonos de las residencias diplomáticas se abarrotaban de llamados pidiendo tratamiento preferencial para no pasar inadvertido frente a la vista del "El Jefe". Sucede que en el apogeo de las privatizaciones, los contactos presidenciales cotizaban a precio de oro.
¡Orden, por favor!
Desde hace cuatro años, las reglas de juego son diferentes: el armado de las comitivas empresarias es responsabilidad de los diplomáticos de carrera de la cancillería, que se encargan de promover los contactos bilaterales con entrevistas, seminarios y mesas redondas. La prioridad, dicen, es que la Argentina salga al mundo a vender.
Uno de los que ha obtenido resultados positivos tras acompañar a Menem es el dueño de Buquebús, Juan Carlos López Mena. "Gracias al viaje a la cumbre de presidentes que se realizó en Miami, en 1994, realizamos contactos fundamentales para empezar a operar en La Florida", reconoce.
Entre 1994 y la fecha, el Presidente realizó 35 viajes al exterior en los que visitó 47 países. Las comitivas de empresarios nunca tuvieron menos de 13 hombres y han llegado a superar la barrera de los 50. A Chile, en 1997, fueron 87; a Alemania, en el mismo año, 54.
No se les dice que no
Sin bien en Cancillería dicen que no se le niega a nadie la posibilidad de acompañar al jefe del Estado, las invitaciones se cursan teniendo en cuenta la conexión que puede establecerse entre una empresa particular y el país visitado.
Puede ser que estén integradas con capitales del país visitado, que el ejecutivo máximo que viaja sea oriundo de esa nación o que existan intereses comerciales claros con esa nación.
La base de datos de la Aduana es un elemento de consulta permanente, ya que de esa manera se obtiene la nómina de exportadores que van a ser invitados en cada ocasión.
Quienes viajan pueden pertenecer a empresas de primera línea o a pequeñas y medianas empresas, en cuyo caso la solvencia de sus antecedentes es chequeada convenientemente, antes de otorgar el O.K. de rigor.
Pero lo más frecuente es cubrir la mayoría de las plazas con la crema del empresariado local y con los representantes de las entidades como la Unión Industrial, la Cámara de Comercio, la Sociedad Rural, la Bolsa de Comercio y la Cámara de AFJP.
Por varios cuerpos, la empresa que más acompaña a Carlos Menem en su incursiones internacionales es la petrolera Bridas. Desde 1994, su presidente Carlos Bulgheroni, lo hizo 16 veces; su director Antonio Estrany Gendre, 14; y Alejandro Bulgheroni, el encargado del desarrollo de los proyectos gasísticos en el Asia Central, 3.
Otros de los que suman millas en cantidad como viajeros presidenciales son Sergio Einaudi, de Techint; el textil Murat Eurnekian; Jorge Brea, de Shell;Jaime Campos, de la Fundación Invertir; y Santiago Soldati, de la Sociedad Comercial del Plata.
Como siempre ocurre, las anécdotas están a la orden del día. Una de las que más recuerdan los involucrados es la que se generó en junio de 1994, en ocasión del viaje presidencial a Canadá.
En aquella ocasión las valijas fueron despachadas por error hacia Montreal, cuando en realidad la comitiva se dirigía a Ottawa;y esto no habría sido demasiado grave si el avión no hubiera llegado a ultima hora del día y los empresarios no hubiesen tenido la obligación de desayunar a las siete y media de la mañana con el presidente canadiense.
Como Bulgheroni, Eurnekian, Stanley, Einaudi, Hesse & compañía viajaban con ropa sport, la alarma corrió rápidamente:"Está todo cerrado y no podemos comprar trajes nuevos".
Como alternativa, un allegado al grupo sugirió pedir ropa prestada a los mozos del hotel, y así se hizo. Aunque los empresarios no llegaron a lucir los modelitos improvisados para la ocasión. Cinco taxistas salvadores llegaron al hotel con el equipaje extraviado, poco antes de la reunión, trás haber viajado cinco horas con el acelerador apretado a fondo.
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