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Sería patético saber que alguien se queda en una pareja porque compran con dinero su fidelidad, ¿no es cierto? Parece no ser tan patético cuando eso pasa en las organizaciones. Bueno, digámoslo de otra manera: a Juan no lo quieren tan libre. Esas acciones son el precio de su libertad. Como un oráculo oscuro, los inversores le susurran: “Juanito querido, vamos a comprar tu futuro e incluso tu tristeza: te vamos a poner una bola de zanahorias que haga que hasta tu duodeno tiemble antes de que dejes esa tarasca en la mesa”.




