
El negocio millonario que crece detrás de las mascotas
Nuevos rubros como los seguros de salud, spas, tratamientos emocionales y servicios funerarios impulsan una industria que crece al ritmo del cambio cultural y demográfico; el segmento de los gatos es el que ofrece más potencial
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Hace tiempo que la mascota dejó de ser una compañía y se convirtió en un integrante más del hogar. Este cambio cultural, denominado “humanización animal”, que hizo que los dueños pasaran a ser a “madres” y “padres” de sus compañeros peludos, también reorientó sus consumos de necesidades básicas a segmentos cada vez más especializados.
La nueva tendencia se explica por tres factores: la premiumización, la medicalización y la sofisticación de servicios. Es decir que el dueño no le da cualquier producto a su mascota, lo somete a diagnósticos y tratamientos específicos (que hace años eran impensados por fuera de la medicina humana) y digitaliza su cuidado, ya sea con aplicaciones o plataformas de suscripción.
El fenómeno tiene una fuerte expresión local. La Argentina se ubica entre los países con mayor cantidad de mascotas por habitante y más del 80% de los hogares convive con al menos un animal. Encuestas del sector señalan que más del 75% de los dueños ve a su mascota “como un hijo” y -lo que resulta clave desde un punto de vista económico- el 94% asegura estar dispuesto a aumentar su gasto para garantizar su bienestar.
Con una masa crítica estimada en 30 millones de animales (20 millones de perros y 10 millones de gatos) y un mercado que a nivel latinoamericano se proyecta que alcanzará los US$18.880 millones para 2033, las empresas tanto locales como multinacionales desplegaron nuevos modelos de negocio que cubren todo el ciclo vital de las mascota.
“El mercado de alimentos para mascotas en Argentina va a continuar creciendo en los próximos años, impulsado por distintos factores sociológicos, como la caída en la tasa de natalidad, la ‘humanización’ de las mascotas y la creciente necesidad de compañía”, destaca Sebastián Dates, gerente general de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (Caena).
Las mascotas dejaron de ser simples compañeras para convertirse en integrantes centrales de la familia. Y este proceso de humanización de perros y gatos está impulsando nuevos negocios que abarcan desde coberturas médicas y terapias emocionales hasta servicios de bienestar y despedidas personalizadas.
Cambio demográfico
El boom que vive la pet economy se apoya en un cambio demográfico de fondo: mientras la natalidad cae y crece la cantidad de hogares unipersonales o parejas sin hijos, muchas personas vuelcan afecto, tiempo y recursos en sus mascotas, a las que consideran un miembro más del núcleo familiar. El resultado es una industria cada vez más sofisticada, donde el gasto ya no se concentra únicamente en la alimentación, sino en salud, experiencias y calidad de vida.
“En la Argentina el fenómeno llega con rezago respecto de los mercados desarrollados, pero responde a la misma causa de fondo: la fertilidad cayó a 1,23 hijos por mujer en 2024 y los nacimientos son 47% menores que en 2014, según datos del Ministerio de Salud. Cuando el hogar deja de organizarse alrededor de los hijos, el gasto que sostenía esa estructura se reasigna, y la mascota es uno de los principales destinatarios. A futuro esperamos que la tendencia se profundice. La aparición de servicios complementarios, desde guarderías y seguros hasta telemedicina veterinaria y planes de salud animal, no es un detalle de color: es la señal de que el sector dejó de vender productos para empezar a vender cuidado, un gasto recurrente y bastante menos sensible al ciclo económico”, destacó Sergio Gonzalez, CFA Responsable de la Oficina de Inversiones de Cohen Aliados Financieros, quien presentó un informe sobre el crecimiento de la pet economy.
“Hay dos tendencias que, a primera vista, pueden parecer paradójicas. Por un lado, hay un crecimiento de la categoría premium —aunque no necesariamente de la super premium—, asociado a que muchas familias están dispuestas a invertir más en el cuidado y bienestar de sus animales de compañía. Por otro lado, también crecen las categorías más económicas, como consecuencia de un efecto de sustitución provocado por la caída del consumo y la pérdida de poder adquisitivo. Es de esperar que, ante una recuperación del poder adquisitivo de los hogares, este efecto de sustitución disminuya”, precisó Dates.
En el mercado además destacan que el negocio de los gatos es el que ofrece mayor potencial de crecimiento. “El segmento de alimentos para gatos está creciendo a un ritmo más acelerado que el de perros. Si bien todavía representa un mercado menor, viene registrando una tasa de crecimiento superior y es esperable que esta tendencia continúe durante los próximos años. Esto puede explicarse, entre otros factores, porque el gato suele ser un animal menos demandante que el perro: por ejemplo, no necesita salir a pasear y, en términos generales, requiere menos atención cotidiana, destacan en Caena.
Salud sin cartilla
El modelo de la medicina prepaga veterinaria, el cual llegó a la Argentina hace ya varios años, sumó recientemente una nueva empresa con una propuesta distinta a sus antecesoras. Se trata de Companion, que se presenta como el primer seguro de salud para mascotas del país a través de un sistema de reintegros.
“Nuestras encuestas dicen que el 85% de los dueños no quieren cambiar su veterinario de confianza, y que hay 10.000 veterinarias en el país. Es por eso que el reintegro te permite seguir yendo a tu profesional de siempre y utilizar nuestro servicio en cualquier lugar. Lo que decimos es que liberamos al dueño de la cartilla”, afirma Diego Gentile, CEO y fundador de la firma, en diálogo con LA NACION.

Con planes a partir de $30.000 al mes, atención virtual 24/7 y reintegros en menos de 24 horas por WhatsApp, Gentile esboza: “Una mascota puede traer un shock financiero: una operación puede costar US$1000 y una internación $200.000 por día. La idea es ayudar a aliviar eso. Nuestro servicio es integral: va desde lo más complejo hasta los gastos más rutinarios como vacunas, consultas, alimentos o estética”.
“Antes la pet economy se movía por los alimentos, pero hoy cerca del 40% de los gastos van por fuera de ese rubro”, sentencia el CEO. Con 2000 clientes directos, Companion apunta a los 30.000 para fin de año a través del modelo B2B: “Ya tenemos acuerdos con prepagas ‘humanas’, que con esto buscan retener a sus clientes, en especial a los jóvenes. Nuestra visión es que sea inconcebible no tener una mascota con cobertura, tal como no es entendible no tener una obra social”.
Higiene en ascenso
La higiene de las mascotas también está atravesando un proceso de cambio en sus prácticas clásicas para convertirse en un servicio cada vez más técnico y personalizado. La firma LavaKan apuesta a esa tendencia con cabinas de baño automáticas y manuales importadas desde España y desarrolladas por veterinarios e ingenieros.
“El petcare está atravesando una transformación muy importante: los tutores son cada vez más exigentes y la higiene dejó de ser una cuestión estética y pasó a ser un tema de salud y bienestar”, señala Stephanie Watson, fundadora de Lavakan Argentina a LA NACION y agrega: “Decidimos traer la empresa al país porque el lavado de animales sigue siendo como hace 30 años, de manera muy tradicional”.

La propuesta de la marca también pasa por romper con el esquema de turnos, detalla la emprendedora: “Son complicados y las peluquerías tienen horarios acotados. Nosotros estamos de lunes a domingo de 9 a 20, sin turno. Buscamos solucionarle la vida a los tutores y la recepción fue excelente: en nueve meses hicimos más de 2000 baños y tenemos una tasa de retorno del 80%”.
“Nuestra historia arrancó por nuestro amor a los perros. Cuando viajamos a Uruguay con nuestra perra Malika siempre estaba el problema del mar y la arena. Un verano nos conocimos a LavaKan en Punta del Este. Nos gustó la idea de acompañar a la mascota, incluso de bañarlo nosotros, y principalmente vino de la necesidad de no tener que estar buscando turno”, recuerda Watson.

Con tecnología orientada a “democratizar servicios de alta gama”, su local de Palermo incorpora terapias de salud durante el baño: “La ozonoterapia es una terapia natural de agua y oxígeno que ayuda a mascotas con dermatitis o problemas de piel, además de favorecer la cicatrización. También incluimos cromoterapia con luces LED y peluquería completa con deslanado, corte de uñas y cuidado de dientes”.
En cuanto al futuro de LavaKan, Watson adelanta: “No buscamos que la tecnología reemplace la experiencia, sino que la potencie. Tenemos delantales para que los chicos hagan del baño un programa de fin de semana. También nos estamos proyectando hacia un spa más integral: que el tutor pueda venir a tomarse un café mientras acompaña el baño, e incluso pensamos en sumar una guardería. Hay un potencial enorme en la Argentina; esto recién empieza”.
Salud emocional
La creciente atención a la salud animal también impulsó la expansión de los servicios veterinarios. “La inversión en salud animal no solo responde a una mayor capacidad de gasto, sino a una decisión: un dueño puede dejar de comprar un juguete, pero no deja de lado el bienestar de su mascota. Hoy la pet economy pasa por lograr que el animal viva el mayor tiempo posible con el mejor estándar de vida”, explicó Verónica Lanzetta, gerenta de Marketing del laboratorio König a LA NACION.
Fundado en 1978 por el médico veterinario Humberto Taroni, el laboratorio registró ingresos por US$18,8 millones en la Argentina y US$23,2 millones en el exterior durante 2025, tiene un catálogo de más de 250 productos. En los últimos tiempos, la empresa familiar orientó su investigación a tratamientos específicos por especie —con el segmento felino a la cabeza—, como medicamentos para el dolor y la salud mental y emocional.

“El mercado de felinos está creciendo muchísimo y demanda abordajes exclusivos”, sostiene Lanzetta y plantea: “Darles la medicación era una batalla diaria, por eso desarrollamos una pastillita con sabor a carne que el gato come voluntariamente. Es lo que popularmente se conoce como un ‘ibuprofeno para mascotas’, que en realidad es Robenacoxib (Tandon Cox 2), una molécula que bloquea la inflamación sin dañar el estómago ni los riñones y con una sola ingesta cada 24 horas”.
Estimaciones de la empresa señalan que alrededor del 80% de los animales experimenta cuadros de estrés y ansiedad, por lo que se desarrolló una línea que apunta a esa problemática. “Estamos tratando el bienestar emocional de la mascota”, destaca la ejecutiva de König. “Las feromonas replican las señales químicas naturales de apaciguamiento maternal y actúan directamente sobre el sistema límbico para inducir una sensación innata de tranquilidad sin sedación ni efectos secundarios. No se trata de dopar al animal, sino de darle confort en situaciones que antes se pasaban por alto”.
Rituales de despedida
Cuando todo lo demás falla, la humanización de las mascotas derivó en la aparición de un nuevo negocio, enfocado en la contención del duelo de los dueños y el respeto por la memoria del animal. “Vengo de una familia de veterinarios, mi marido tiene una funeraria, y publiqué un aviso para ver si alguien quería contratar un servicio con más empatía. No hubo un plan, y sin embargo funcionó”, relata Antonella Sommaruga, dueña y fundadora de Casa Cielo, en diálogo con LA NACION.
Con una demanda que ronda entre 90 y 100 casos al mes en CABA y el Gran Buenos Aires, la casa funeraria dispone de un retiro en menos de dos horas por veterinarias o domicilios, con el diferencial que significa la experiencia presencial. “Vimos que la gente necesita un espacio de despedida. Estamos acostumbrados a pasar los duelos por arriba y esto es una propuesta para frenar y entender lo que está pasando”.

Es por eso que Casa Cielo inauguró un espacio: “En vez de las veterinarias, que tienen una luz de quirófano, armamos un lugar cálido. Hay un hall de entrada y en la parte de atrás una camilla con velas, luz tenue y música tranquila. No hay cajón: se muestra al animal sobre una almohada con tela impermeable, lo tapamos y le dejamos la cabeza apoyada. Hay familias que dejan a su mascota y se van, y otras que se juntan a despedir y llorar”, cuenta Sommaruga.
El proceso tiene opciones para la conservación de las cenizas: “En la mayoría de los casos, la gente quiere los restos. Hay urnas de cedro, otras con una chapita grabada, pero la que más crece es la biodegradable: es para plantarla, con un lugar para escribir un mensaje antes del entierro. Se trata de hacer un pequeño ritual y darle un sentido a todo esto: mostrar que la vida sigue, que el animal vuelve a la tierra y que la planta recuerde al amigo”.



