
Falleció Mario Falak: el empresario que convirtió al Alvear en un símbolo del lujo y un centro del poder en los 90
Comenzó en el mundo financiero y fue socio de la mítica discoteca New York City antes de quedarse con el emblemático hotel de Recoleta, desde donde construyó una red de negocios y relaciones con el menemismo
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Coherente con el perfil bajo con el que se manejó durante casi toda su vida, el fallecimiento del empresario Mario Falak, ocurrido el último viernes, pasó prácticamente inadvertido. Cinco avisos fúnebres publicados en LA NACION fueron los únicos saludos que se hicieron públicos para despedir al hacedor del Hotel Alvear Palace, fundador de la discoteca New York City y uno de los hombres de negocios más emblemáticos de la década del ‘90 y el círculo del poder menemista.
Hijo de inmigrantes judíos venidos desde Siria, nació el 1º de enero de 1944 en Lanús. Sus primeros pasos en los negocios los dio en el rubro financiero: entre otras actividades se dedicaba al descuento de cheques para empresarios del rubro textil del barrio de Once.
A partir de los contactos que tenía en el rubro financiero se sumó como socio de los hermanos Ricardo y Oscar Fabre, que a principios de 1980 buscaban un inversor para participar del proyecto de New York City. La idea era replicar en Buenos Aires el fenómeno de las grandes discotecas internacionales, inspiradas en la mítica Studio 54 de Nueva York.
Desde su inauguración en diciembre de 1980, con la participación de la banda inglesa The Police, New York City se convirtió en un clásico de la noche porteña -inmortalizado entre otras cosas por el hit de Sumo “La rubia tarada/Una noche en New York City”-. El éxito del boliche de la avenida Alvarez Thomas llevó a los hermanos Fabre y a Falak a probar suerte con otros proyectos en el rubro. Así sumaron la disco Bwana, que funcionaba en Ayacucho y Alvear, en el mismo edificio donde estaba el hotel Alvear Palace.
Crisis es oportunidad
A principios de los ‘80, el hotel estaba en crisis y enfrentaba un pedido de quiebra. Falak vio una oportunidad para reflotar al histórico edificio del barrio de Recoleta y en 1983 adquirió el hotel, asociado con el empresario David Sutton Dabbah, fundador del grupo perfumista Cannon Puntana. Aquella operación marcó el inicio de una sociedad al que se extendería durante décadas.
El Alvear, inaugurado en 1932, con la presencia del entonces presidente Agustín P. Justo, era ya un hotel prestigioso pero venido a menos. Bajo la gestión de Falak y los Sutton consolidó su posición como el principal referente de la hotelería de lujo argentina. El establecimiento se transformó en escenario habitual de presidentes, empresarios, celebridades y visitantes internacionales de alto poder adquisitivo.
En los ‘80, uno de los vecinos más populares del barrio era el entonces gobernador riojano, Carlos Menem, que tenía su base porteña en un departamento sobre la calle Posadas. “Se hicieron amigos y cuando a Carlos lo echaban de la casa, Mario le prestaba una suite en el hotel”, cuenta un amigo de Falak.
Los contactos con Menem, especialmente cuando el riojano llegó a la Casa Rosada, le abrieron a Falak nuevas oportunidades de negocios. Con mucha polémica, el dueño del Alvear se terminó imponiendo a mediados de los ‘90 en la licitación para restaurar el edificio de las Galerías Pacífico y reconvertirlo en un shopping center. En paralelo, el empresario también participó como socio del grupo que tomó la operación del Llao Llao de Bariloche, otro de los grandes íconos de la hotelería nacional.
Sede del poder
El bajo perfil que siempre lo caracterizó se interrumpió en los ‘90, cuando su nombre saltó de los círculos empresariales al ámbito político. La prensa de la época lo describía como un empresario cercano al entonces mandatario y un habitual anfitrión de encuentros políticos y sociales en el Alvear y en su propiedad del delta del Tigre.
La relación con Menem no era simplemente protocolar o de negocios. Las fuentes de la época lo describen como amigo personal del entonces presidente de la Nación y miembro de la llamada “corte menemista”, junto con personajes como Gerardo Sofovich, Armando Gostanian o Ramón Hernández. Y en las notas periodísticas de la época, el Alvear era señalado como la sede de reuniones políticas reservadas, negociaciones y encuentros vinculados con la interna del poder.



