Invirtió todo para tener una empresa en España: “No me doy por vencida, siempre sigo adelante”
Es indumentaria para el aire libre, para “crecer en libertad”.
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CORDOBA.- Florencia Pilotto llegó a España en 2006 con 24 años. Tenía su pasaporte de la Unión Europea porque su abuelo era austríaco y su título de profesora de Educación Física. Como la mayoría en aquellos años, la intención era “probar” y volver. Terminó estudiando marketing, formando una familia, trabajando en empresas importantes y lanzando una marca de ropa de niños. Como recién sale al mercado, mantiene una licencia en su empleo y apuesta a que Radorf expanda su “comunidad” y le permita vivir solo de eso.
Invirtió sus ahorros -unos 70.000 euros- para poner en marcha la primera colección de indumentaria. En el arranque venderá solo en tienda virtual; en función de cómo vaya posicionándose analizará la estrategia a futuro.
“Llegué a España en medio de una explosión económica, de trabajo y buenas posibilidades -cuenta a LA NACION desde Madrid-. Como tantos, trabajé vendiendo teléfonos celulares, como socorrista y validé mi título. Hice un MBA en una escuela de negocios y me especialicé en marketing”.
Pasó por Kellogs, una etapa que la “motivó para seguir aprendiendo y creciendo”. Hace seis años que trabaja en el área de Trade Marketing del grupo francés Formageries, el dueño de la marca “La vaca que ríe”. Para encarar su emprendimiento pidió una licencia de un año.

“Siempre tuvo en mente emprender -continúa-. Incluso he probado con otros proyectos que no fueron muy bien, como puestos para realizar manicura en centros comerciales. No me doy por vencida, siempre sigo adelante. Seguí buscando, analizando posibilidades”.
Asegura que fueron sus hijas de 4 y 2 años las que la “inspiraron” para lanzar la marca de ropa que lleva como nombre el pueblo donde nació su abuelo austríaco. “Nos gusta educarlas en libertad, en contacto con la naturaleza, que puedan andar, que exploren e investiguen”, dice Pilotto.
La ropa que diseña es fiel a esa idea: buzos, remeras, botas de agua, mochilas y gorros. Tienen un estilo “centro europeo, pensado para el aire libre”. Comenzó a vender, con buenos resultados, a través de las redes sociales. Antes se dedicó a “crear una comunidad, a sondear qué quieren los clientes, qué les gusta, qué colores prefieren”.
La fabricación de los productos está tercerizada. En el caso de las mochilas, las produce en India con la ONG Swami Sivananda Memorial Institute (SSMI), que trabaja para empoderar a mujeres. Son hechas en algodón orgánico y con la certificación de que las mujeres que las confeccionan cobran un salario digno. Además, está buscando otras asociaciones con las que poder colaborar. “Es una forma de que se conjuguen intereses”.

El objetivo de Pilotto es, con la colección otoño-invierno a la venta, sumar productos. No descarta la idea de agregar más ropa para adultos; por ahora sólo cuenta con una remera para ese segmento. “Surgió a demanda, por los grandes que veían las prendas de niños y preguntaban por algo para ellos”-
“La repercusión es muy buena; el termómetro va muy bien y seguramente será la consolidación de mi sueño de trabajar en algo propio. Me hace mucha ilusión que así sea”, dice.
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