Las llaves del reino: el nuevo jefe de Disney debe reavivar su magia creativa
Tras años de depender cada vez más de sus parques y experiencias para sostener las ganancias, Disney apuesta a Josh D’Amaro para liderar una nueva etapa
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Como responsable de la división de “experiencias” de Disney, Josh D’Amaro está a cargo de los parques temáticos que se presentan como los lugares más felices del mundo. ¿Podrá generar el mismo entusiasmo entre los inversores? El 3 de febrero el directorio de Disney anunció que D’Amaro será el próximo jefe del gigante del entretenimiento. Hereda una empresa cuya acción, tras un recorrido en montaña rusa, volvió aproximadamente al nivel de hace una década.
Disney se tomó su tiempo para encontrar un sucesor de Bob Iger. Su primer período al frente, entre 2005 y 2020, fue un éxito de taquilla: Disney compró franquicias como Star Wars y Marvel y las convirtió en una seguidilla de éxitos. Pero su sucesor elegido, Bob Chapek, tuvo dificultades en el cargo y en menos de tres años Iger regresó al timón. Su segundo acto ha sido mucho menos exitoso, en momentos en que la compañía centenaria lidia con la disrupción digital.
D’Amaro ha pasado la mayor parte de su carrera en Disney y dirige la división que en los últimos años aportó la mayor parte de las ganancias de la compañía. Sin embargo, aun cuando Disney redobla su apuesta por sus exitosos parques, no puede descuidar el negocio del entretenimiento. Sin el contenido creativo de Disney, los parques perderán su magia —y su rentabilidad—.
En 1957 Walt Disney dibujó un diagrama del modelo de negocios de su empresa, con ilustraciones de Mickey Mouse, el Pato Donald y otros personajes. En el centro del esquema estaba el estudio cinematográfico, produciendo películas sin descanso. A su alrededor figuraban las distintas formas de monetizar ese contenido creativo: desde la televisión hasta el merchandising, las publicaciones, la música y, en la parte inferior, el entonces nuevo parque temático Disneyland.

Más recientemente, Disneyland y sus cinco parques hermanos en el mundo pasaron a dominar el negocio de Disney. El 2 de febrero la compañía anunció que su división de experiencias —que incluye cruceros y productos además de los parques— generó el 72% de la ganancia operativa en los últimos tres meses de 2025.
Hace apenas una década la televisión aportaba la mayor parte. Pero el entretenimiento cambió de manera radical. La televisión por cable colapsó. La taquilla de los cines sufrió un fuerte golpe. El streaming, que en gran medida ocupó su lugar, ahora es rentable para Disney, aunque mucho menos que su antiguo negocio de cable. Y Disney+ enfrenta nueva competencia: no solo de Netflix (que intenta quedarse con Warner Bros Discovery, otro gigante tradicional), sino también de plataformas sociales como YouTube y TikTok, que absorben cada vez más horas de la vida despierta de las personas.
En medio de esa devastación, los parques prosperaron. A medida que la gente pasa más tiempo frente a pantallas, también parece buscar nuevas formas de disfrutar en el mundo real. Disney ha aprovechado esto sin contemplaciones: las entradas para un solo día en su parque de California, en un fin de semana de verano, pueden costarle a una familia de cuatro más de US$1000; una vez dentro, pueden pagar un extra para adelantarse en las filas. Para satisfacer la demanda, Disney está invirtiendo con fuerza en experiencias. Un nuevo crucero, el Adventure, zarpará en marzo. Y se está construyendo un séptimo parque en Abu Dabi.

D’Amaro, que asumirá el mes próximo, enfrentará dos grandes desafíos. Uno es Donald Trump, cuya presidencia parece estar ahuyentando a los turistas extranjeros. Un riesgo aún mayor tiene que ver con la magia creativa de Disney, de la que dependen todos sus negocios. Las películas ya no aportan mucho al resultado final. Pero las ideas que contienen son las que atraen a la gente a las experiencias de Disney.
Los visitantes pagan fortunas para pilotear el Halcón Milenario o recorrer el Avengers Campus porque aman las películas en las que se basan. Sin embargo, los motores creativos parecen estar perdiendo impulso. “The Mandalorian and Grogu”, previsto para mayo, será el primer estreno cinematográfico de Star Wars en casi siete años. Los fans parecen estar perdiendo entusiasmo por la franquicia de superhéroes de Marvel. Y escasean las ideas nuevas: la cartelera de este año incluye una versión con actores reales de “Moana” y una quinta entrega de “Toy Story”.
D’Amaro, con poca experiencia en el lado del entretenimiento, deberá reavivar el brillo creativo en el centro del diagrama de Walt Disney. Puede que hoy las ganancias se generen en los parques. Pero solo se puede seguir cobrando US$275 (más impuestos) por un sable de luz si los visitantes aman las películas.








