
Mi villano favorito 2: la novela de "los Aranguren"
Sale Shell, entra Citibank. La elección de los enemigos del Gobierno no es improvisada. El posicionamiento de los CEO en la Argentina está en su piso.El silencio de 12 años, una de las principales razones
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Gabriel Ribisich, titular del Citibank Argentina, se convirtió en el blanco perfecto. En la misma semana que cumplía su segundo año al frente de la filial recibió una noticia sin precedente en los 100 años de historia. El Banco Central le revocó la autorización para seguir como delegado de la entidad ante el Central porque, según las palabras del propio ministro de Economía, el acuerdo alcanzado con el fondo NML Capital violó la legislación argentina. Nunca en sus 23 años en el Santander Río ni en sus posiciones anteriores en el Galicia le había tocado un contexto de tan alta virulencia. El respaldo de la Asociación de Bancos Argentinos, la Asociación Empresaria Argentina y la Cámara de Comercio Americana (Amcham) fue inmediato.
La mala noticia, en tanto, se había activado a la vieja usanza. La documentación del Central llegó por sobre cerrado a la casa matriz del banco que nunca duerme ubicada en Bartolomé Mitre y San Martín. La decisión se tomó en tiempo récord y la víspera de Semana Santa dio el marco perfecto: poca reacción y muchos días para instalar el tema en agenda. Axel Kicillof y el titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, se convirtieron en las dos principales espadas del gobierno, mientras el equipo de abogados de Marval O'Farrell y también de Beccar Varela se puso al frente de la defensa.
Rosa Aranguren tenía otros planes para su carrera. Con 65 años y más de 40 en el Citi, preparaba su partida. Tenía suficientes medallas con la reestructuración de la deuda que lideró en los tiempos del Gato Handley -entre 1987 y 1992- y una carrera que incluyó escalas en varios países de América latina, además de su actual tarjeta como directora de crédito corporativo también de Uruguay y Paraguay. "Su estilo es frontal, muy trabajadora y con los pantalones bien puestos", afirma un ex citibanker que prefirió no revelar su nombre.
Apasionada de la pintura, suele vestir trajecitos oscuros y su misión es clave: a partir de ahora es quien le pone su firma y cara a la relación con la autoridad monetaria. Solucionar los conflictos pendientes, sacar al banco del centro de la escena y esperar lo que en la City denominan cambio de aire político aparecen como las prioridades de Aranguren, que sólo coincide en su apellido con el CEO de Shell que encara el camino inverso.
Juan José Aranguren fue durante los últimos doce años el "enemigo" perfecto para Néstor Kirchner, Julio De Vido, Guillermo Moreno y hasta para el propio Kicillof, que lo sindicó como responsable de la devaluación del peso durante el verano de 2014. Hoy Juanjo -como lo llaman en el mundo energético- tiene 60 años, transita sus últimos dos meses al frente de la firma angloholandesa y prepara su aterrizaje en la política en el mundo de Pro. Atrás quedaron las 83 multas y las 54 denuncias penales, de las que fue sobreseído durante su gestión, pero que le exigieron invertir más tiempo en entender a los abogados que a sus ingenieros.
"La construcción del relato no cierra si no tienen un enemigo, aunque se les puede dar vuelta cuando enfrente se encuentran con alguien que no quiere ser sometido", comenta el aún titular de Shell. "La culpa no es de los Kirchner, sino de los que los dejaron hacer. Si bajás la cabeza, se hace difícil seguir caminando hacia adelante en forma recta", agrega quien muchas veces quedó solo en su pelea. Y concluye ya calzando su nuevo traje: "Muchos empresarios tuvieron un bajo perfil en estos años porque prefirieron estar en su zona de confort. Así la sociedad no se transforma".
El silencio de los CEO y empresarios tuvo también un impacto directo en su imagen. "Ante cada una de las cadenas nacionales ellos callaron y la opinión pública termina construyendo su visión con una sola campana", grafica la socióloga Cecilia Mosto, titular de CIO.
En su última medición los datos son elocuentes. Para un 70 por ciento de los encuestados, los calificativos que definen a un empresario en la Argentina son "evasores, corruptos y lobbistas" como rasgos destacados. Cuatro de cada diez personas relevadas asocian a los actores empresarios como "egoístas, deshonestos y soberbios", además de "aprovechadores" y "oportunistas".
La elección de blancos por parte del Gobierno se hace más previsible también cuando se miran otros relevamientos, como el que realizó Ipsos entre 1000 casos en las principales ciudades del país: El 82 por ciento de los argentinos apoya la gestión estatal en el sector de servicios públicos y un 18 por ciento la desaprueba. El sector petrolero, el transporte público, la telefonía y los alimentos, en ese orden, aparecen como los rubros con mayor aceptación a la gestión estatal y es una tendencia que se mantiene estable desde 2001. "Basta con revisar las propuestas de los candidatos más disímiles para comprobar que nadie pone en duda a YPF. Nosotros sabemos cuándo y a quién atacar", grafica un hombre de La Cámpora desde el más estricto off the record.
De los que aprueban la gestión CFK, un 68 por ciento le echan la culpa al sector privado por los aumentos de precios (48% empresas y 20% supermercados), y de los que la desaprueban, el 71 por ciento culpa al gobierno nacional. El impacto de Precios Cuidados fue directo al corazón de las alimentarias y la elección de las automotrices "por encanutar los dólares" tampoco fue improvisada: se dio en el momento de más baja percepción del sector, según los datos de Ipsos.
Ahora, las 66 entidades que forman el Foro de Convergencia Empresaria buscan poner nuevos límites. Ya no temen el costo de "llamados" en lo que consideran temporada de deshielo.






