No culpen más al euro; más bien, defiéndanlo
Una devaluación o la salida de países de la unión monetaria europea no solucionan los problemas, según Padoa Schioppa
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El euro nació como moneda de cuenta a comienzos de 1999, y como moneda física tres años después. Desde el comienzo tuvo entusiastas y detractores. Hoy es la moneda oficial de 16 de los 27 países que integran la Unión Europea. Las crisis económicas experimentadas en 2010 por Grecia e Irlanda y la amenaza de crisis en España y Portugal reflotaron el debate. ¿Debe desaparecer el euro y volver a emitirse francos, marcos y pesetas?
Para entender más sobre esto entrevisté al italiano Tommaso Padoa Schioppa (1940-2010), considerado el "padre intelectual" del euro. Fue vicepresidente del Banco de Italia, durante siete años integró el directorio del Banco Central Europeo y entre 2006 y 2008 fue ministro de Finanzas. En agosto de 2010, el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, lo contrató como asesor.
-En un trabajo que publicó en 1982, usted recomendó la creación de una moneda única, como respuesta al cuatrilema que entonces enfrentaban los países que integran la UE.
-Hablé de "cuarteto imposible", para destacar la imposibilidad de lograr, simultáneamente, libre comercio, movilidad internacional de capitales, políticas monetarias nacionales independientes y tipos de cambio fijos. Consiguientemente, recomendé la creación de una moneda única o, como me gusta decir, "una moneda sin Estado".
-No era la única solución. ¿Por qué su propuesta era mejor que la autarquía, el control de cambios o los tipos de cambio fluctuantes?
-Porque el euro no solamente uniría a las economías, sino también a las personas. Luego de la Segunda Guerra Mundial, los países europeos recorrieron un largo camino para reducir las barreras comerciales existentes entre ellos, así como las trabas a los movimientos de capitales. Solucionar los problemas nacionales a través de devaluaciones competitivas fue una dura lección que aprendimos durante la década de 1930.
-¿De modo que el euro nació en un laboratorio?
-En cierto modo, pero más allá de que también fue apoyado por economistas como Robert Alexander Mundell, con su planteo de áreas monetarias óptimas, los gobiernos europeos se involucraron de manera institucional, a través del Tratado de Maastricht de 1992 y el Banco Central Europeo.
-¿Por qué oscila tanto la relación euro/dólar?
-Porque, como explicó Rudiger Dornbusch, como los mercados cambiarios y bursátiles se ajustan con mucha mayor velocidad que los mercados de bienes y factores, los cambios impactan de manera exagerada (sobreajustan) en los primeros. En el caso de la relación euro/dólar, las modificaciones en el miedo de los tenedores de títulos explica las fuertes oscilaciones.
-Con fortísimas consecuencias reales.
-Cierto, porque les hacen ganar y perder competitividad a producciones que desde el punto de vista tecnológico no se modifican. Vivimos en un mar de capitales financieros, que se trasladan fácilmente de unos mercados a otros. Se habla mucho, pero nadie le encontró la vuelta al problema.
-Las crisis de endeudamiento de algunos países europeos, ¿tienen que ver con el euro?
-Al incorporarse al "club" las naciones resultan elegibles para endeudarse. Y como muestra la historia, la tentación es muy difícil de resistir. Desatada la crisis, todos hablan de comportamientos irresponsables, pero ¿qué les ocurrió a quienes, "en el camino de ida", alertaban llamando a la cordura?
-La devaluación del euro con respecto al dólar soluciona algunos problemas, pero no todos.
-Soluciona los problemas de la zona en su conjunto, con respecto al resto del mundo, pero no el desequilibrio de los precios y condiciones laborales griegos con respecto a los alemanes. En estos casos, el ajuste debe darse en los países individuales.
-¿Salir del euro, crear cuasimonedas?
-Espero que no. Cuando la Argentina abandonó la convertibilidad, no tenía mucho que perder en términos de reputación. Salir del euro puede ser más costoso. Pero veremos, porque en cada país tanto el gobierno como la oposición les tienen que hablar claro a sus compatriotas.
-Don Tommaso, muchas gracias.





