"No deberían perpetuarse los incentivos fiscales"

Daniel Artana
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27 de marzo de 2016  

-¿Qué pasará en la economía luego de que se concrete el pago a los fondos buitre?

-Será posible reducir en forma gradual el desequilibrio fiscal heredado, pero eso genera algunos riesgos: que la tasa de interés por la emisión de deuda no sea tan baja como espera el Gobierno y que eso alerte sobre la necesidad de avanzar más rápido, o que el acceso al endeudamiento externo para la Nación, las provincias y los privados dé lugar a una suerte de enfermedad holandesa por abundancia de capitales financieros. En otras palabras, que el equilibrio de corto plazo en el mercado de cambios se dé a un tipo de cambio inconsistente con la sostenibilidad de las cuentas externas. Recordemos que se ha revelado un déficit externo superior al esperado en 2015 de 3% del PBI y no se avizora un aumento importante en las exportaciones, que acumulan una caída de US$ 26.000 millones en 4 años.

-¿Se puede bajar la inflación a 1% mensual en el segundo semestre?

-Me parece un objetivo demasiado ambicioso. Si para lograrlo el Gobierno debe mantener una tasa de interés real positiva muy elevada y/o un tipo de cambio muy apreciado será una victoria a lo Pirro, porque la reactivación de la economía se postergará. Para mí igual sería un éxito perforar la barrera del 2% mensual luego de la devaluación y los ajustes tarifarios, y converger a una tasa más cercana al 1% al final de 2017.

-¿Qué debería hacer el Gobierno para responder a los problemas económicos de Brasil?

-En primer lugar, aceptar que el tipo de cambio debe hacer su trabajo. Buscar paliativos que sustituyan la depreciación de la moneda local ante un shock externo adverso genera muchos más costos que beneficios. En cualquier caso no hay una solución que deje contentos a todos. Se podría argumentar que en la época de las vacas gordas, los que dependían mucho de Brasil debieron "ahorrar" para los tiempos de vacas flacas. Pero la asimetría de tamaño genera una presión para la intervención que es difícil de resistir. Deberían evitarse los incentivos permanentes para atender un problema coyuntural. Un ejemplo de lo que no hay que hacer es dar incentivos fiscales generosos e insostenibles como prevé el proyecto que procura aumentar el contenido nacional en la fabricación de automotores. El Gobierno debe concentrarse en instrumentos que sean rápidamente reversibles y apuntar a sostener el empleo privado en sectores en riesgo. Habría que apuntalar los programas que ya existen en lugar de insistir con desgravaciones impositivas que luego se perpetúan en el tiempo, como atestigua el régimen de Tierra del Fuego que se ha mantenido sin cambios a pesar de lo exagerado de sus beneficios.

El autor es economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL)

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