Norberto Sosa: “Se necesitan señales que vayan más allá de cómo llegamos a las elecciones”
Estudió Economía en la UBA y luego se especializó en Money Management en The Wharton School, en Finanzas Corporativas en la New York University, y en derivados en el Chicago Mercantile Exchange. Trabajó 17 años en el fondo de inversión Raymond James. Es director de Invertir en Bolsa (IEB) y miembro del comité de Abeceb
Norberto Sosa trabajó más de 17 años en Raymond James, uno de los mayores bancos de inversión en Estados Unidos. Desde 2016 dirige la empresa Invertir en Bolsa (IEB).
–¿Por qué suben las acciones?
–Algunas acciones recuperaron hasta un 20% de su valor en el año, pero hay que recordar que tras los máximos valores de 2017 y 2018 estamos viniendo de la ultratumba. Estamos en un contexto muy complejo en lo económico y en lo político. Hay un esquema cambiario que es standalone [por la calificación que obtuvo la Argentina del índice MSCI]; eso existe solo en este país; hay una situación monetaria en la cual hay un crecimiento endógeno por las Leliq, y hay un problema fiscal con un crecimiento endógeno del gasto por los subsidios. El mercado entró en un esquema en el cual según cuál sea el nivel de déficit fiscal será el nivel de roll over que se le exige a las licitaciones, como para imaginarse que el Banco Central no tendrá que emitir demasiado y no generará demasiadas presiones cambiarias. A eso hay que sumarle la incertidumbre política de que no se sabe bien quién tiene el poder. En ese contexto, cualquier brisa que haya es un alivio.
–Con la foto del festejo de cumpleaños de Fabiola Yañez, ¿cómo queda afectada la credibilidad del Presidente en el ámbito de la economía?
–Como hombre de las finanzas y el mercado, me parece que uno de los eventos más relevantes que hubo en los últimos tiempos fue cuando en La Plata la vicepresidenta marcó el rumbo de la economía.. Entonces, ante esa duda de quién es el que manda... Después hubo otro evento muy relevante, que fue cuando se lo quiso sacar del cargo al [subsecretario de Energía Eléctrica, Federico] Basualdo y el ministro de Economía, al no poder, quedó pedaleando en el aire. Me parece que la foto y las visitas en Olivos son para los analistas políticos. Hoy, lo que estamos viendo de recuperación de precios de acciones es un movimiento en un mercado muy pequeño, donde con poco dinero se pueden hacer movimientos significativos de los precios. Pero creo que para nada cambia la visión de un porfolio management que invierte en compañías emergentes o en bonos.
–¿Cree que había margen para negociar un acuerdo con el FMI a comienzo de año y, tal vez por el alivio que generó el precio alto de las commodities, se pudo postergar?
–A mí me parece que la voluntad del ministro [Martín Guzmán] era avanzar con un acuerdo en el inicio del año, y que la decisión de no hacerlo vino de algún sector del área política, que consideró que no era positivo porque se lo podía correr al Gobierno por izquierda. Me parece que, indudablemente, hemos tenido y seguimos teniendo un ritmo de agroexportadores que duplica el del año pasado y que está por arriba del promedio de los últimos 10 años. Eso le permite al Banco Central un ingreso de dólares. Uno pensaría que estará contento el Central, pero en realidad pareciera estar un poco incómodo con tanto ingreso de dólares, porque entiende que una vez que el agroexportador liquidó, con esos pesos irá a comprar dólares.
–Pero el Banco Central compra al dólar oficial y después vende a un tipo de cambio más alto...
–El año pasado el mercado tenía temor por un eventual desdoblamiento cambiario; es decir, un dólar oficial comercial y uno libre financiero. Había de cierta manera un desdoblamiento con el dólar cuasi libre, el MEP y el CCL. La obsesión de cierto sector del Gobierno por controlar todas las variables llevó a que el Banco Central quisiera controlar el dólar oficial o comercial, y también el libre financiero, con las intervenciones.
![Norberto Sosa: "No sé si Miguel Pesce [presidente del Banco Central] está feliz con el rol que tiene que desarrollar, con quedarse atrapado entre lo que tal vez ciertos sectores del poder político exigen y lo que académicamente alguien quisiera hacer"](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/norberto-sosa-no-se-si-miguel-pesce-presidente-YWRZBYC2WFGDHG4MS74AVUTC5A.jpg?auth=8652b1698b40e42a51ab2e662394e2b5d28cf094752109f803cfc4fed4a20891&width=420&height=280&quality=70&smart=true)
–¿Cómo evalúa el timing que eligió el gobernador Axel Kicillof para cerrar la reestructuración de la deuda de la provincia de Buenos Aires?
–Muchos interpretan que es más complejo poder avanzar en un acuerdo con el FMI si hay provincias que todavía no reestructuraron su deuda. Esa señal de que la provincia de Buenos Aires haya avanzado finalmente es un factor que hizo ilusionar al mercado, con respecto a que quizá habría un acuerdo o que, al menos, se le permitiría al FMI enviar una misión para cumplir con el artículo IV. Cuando el Presidente viajó a Europa a pedir esos apoyos, le dijeron que de mínima recibiera a la misión del Fondo si quería mostrar una señal.
–¿Quién cree que toma las decisiones de política económica en el Gobierno? ¿Ve una injerencia de Kicillof?
–La Argentina de estos años me hace acordar a la Ciudad de Buenos Aires de Aníbal Ibarra, donde estaba todo dividido en distintos partidos y era muy difícil tomar decisiones. A nivel país, personalmente tengo respeto por lo que defino como el equipo de la Universidad de La Plata, donde están Martín Guzmán, que es una persona con una formación académica y buenas credenciales, Jorge Carreras, vicepresidente del Banco Central, Diego Bastourre [exsecretario de Finanzas y actual director en el BCRA] y Ramiro Tosi, [subsecretario de Financiamiento], que comparten la cátedra con Carreras. A Tosi lo respetamos mucho porque fue economista del Instituto Argentino del Mercado de capitales y de Byma. Dentro de Economía, hay funcionarios que me merecen el respeto. En la Comisión Nacional de Valores (CNV) tenemos que estar muy agradecidos de que haya una persona como Adrián Cosentino, que entiende los daños que se hacen cuando se toman medidas intempestivas. La Reserva Federal [el banco central de Estados Unidos] está avisando hace meses que en 2023 subirá la tasa de interés y que comenzará la retirada de estímulos económicos. Aquí cambian las reglas de un día para el otro. Por otro lado, hay otras áreas del Gobierno, o fuera del Gobierno, que parecieran tener mucha incidencia en las decisiones económicas.
–¿A Miguel Pesce, presidente del BCRA, cómo lo define?
–No sé si Miguel Pesce está feliz con el rol que tiene que desarrollar, con quedarse atrapado entre lo que tal vez ciertos sectores del poder político exigen y lo que académicamente o históricamente alguien quisiera hacer. Me parece que hay más de un funcionario que se siente incómodo.
–¿Cómo ve al mercado de capitales? Las últimas medidas del Gobierno parecieran tender a que todos los fondos inviertan solo en deuda del Tesoro. ¿Se puede desarrollar así un mercado de capitales?
–Para tener un mercado de capitales se necesita tener ciertas señales que vayan un poco más allá de cómo llegamos a las elecciones. Si toda la política económica estará en función de aguantar hasta las elecciones, con ese esquema de racionamiento es imposible desarrollar un mercado de capitales, más aún cuando los jugadores centrales son los fondos de pensión y acá fueron pulverizados. Normalmente, un mercado de capitales está formado por los fondos de pensión, cosa que aquí es la Anses, por las compañías de seguro y por el ahorro de las personas, que normalmente se canaliza a través de los fondos comunes de inversión. Indudablemente, los ganadores del año han sido los fondos y los bonos CER [atados a la inflación]. Dado que el Banco Central pisó el dólar oficial, el bono dolar linked rindió menos que un money market [plazos fijos]. Inversión en activos en dólares hay muy poca. A nivel mundial fue un año muy malo para las deudas soberanas de países emergentes, pero sí hubo demanda de buenos créditos, de compañías que emitieron deuda de corto plazo. El mercado de acciones argentinas no tuvo mucha demanda; el inversor individual se volcó más al Cedear [instrumentos que representan acciones de empresas extranjeras]; recién ahora se reavivó un poco el precio.

–¿En qué empresas ve que hay interés por parte de inversores?
–Cuando comenzó el año, casi todos los bancos de inversión aconsejaban tener una postura lo más global posible en cuanto a las acciones. En el acumulado del año hubo una demanda de las compañías relacionadas con las commodities; por eso a Cresud le fue tan bien, y hoy más que nada hay interés por las que están muy relacionadas con las temáticas del futuro, como los autos eléctricos, los recursos escasos como el agua y todo lo que tiene que ver con las mascotas. En esto última hay una industria que está creciendo de manera increíble.
–¿Se espera una devaluación brusca tras las elecciones?
–Coincido con la visión de que cuesta imaginarse una Argentina que no haga nada con el tipo de cambio. Algún tipo de modificación en la política cambiaria, en algún momento, debería haber. Si esa modificación se dará como ocurrió en 2014, con un ajuste puntual del tipo de cambio oficial, es difícil de imaginarse, porque hoy el Banco Central, si bien no tiene demasiadas reservas netas líquidas, tiene para intervenir. En lo que va del año no subió para nada la tasa de interés, sí la subió el Tesoro en las licitaciones, pero el Banco Central no, por lo cual tendría margen para subirla. Y prácticamente cerró todas las operaciones de futuros, con lo cual tiene todo el arsenal para vender US$6000 millones de futuro. Es probable que en algún momento haya una modificación del tipo de cambio oficial, lo que es muy difícil es definir en qué momento y en qué magnitud. Por otro lado, hay una buena parte de la deuda que está ajustada por CER o que es dólar linked; buena parte del gasto público está indexado, y los pasivos del Banco Central ajustan por Leliq; por lo tanto, si suben la tasa de interés, sube el gasto cuasi fiscal. Es decir: si se hace una modificación del tipo de cambio oficial como para licuar deuda, está el fantasma de la reestructuración o del reperfilamiento dando vueltas. Me parece que puede tener sentido hacer un posicionamiento en dólar linked, pero prefiero quedarme en CER, porque si hay un movimiento del tipo de cambio, al final del día la inflación va a subir.
–¿Cuáles son los principales disparadores del mercado?
–El mercado siempre se está preguntando cuáles son los drivers que conducirán a una eventual suba del mercado. Los disparadores que había este año eran dos: el acuerdo con el FMI y el trade electoral. Me parece que, si bien las subas de acciones son significativas en cuanto a valores relativos, en cuanto a tamaño de movimiento de flujo es algo muy pequeño.
–¿Qué se espera de un acuerdo con el FMI? ¿Cambia en algo el resultado de las elecciones?
–Eso habría que preguntárselo al Gobierno. Da la sensación de que hoy el Presidente tiene un poder acotado, porque si le había dado el okey al ministro Guzmán para sacar a Basualdo y el funcionario sigue, esa fue la señal contundente de que ni el Presidente ni el ministro de Economía tenían suficiente poder. Parece que el poder está en otro lado. Estas elecciones van a definir si está o no en ese lado y la gran duda es qué pasa si el poder no está del lado del kirchnerismo. Y ahí empieza a jugar la idea de si Guzmán se va al Banco Mundial... ¿quién viene? ¿Cecilia Todesca [actual vicejefa de Gabinete] o Martín Redrado, que tiene el apoyo de Massa? El verdadero test estará en noviembre, no en las PASO.
¿Cuáles son sus tres líderes preferidos?
1) José de San Martín: “Serás lo que debas ser o no serás nada” es una frase que me quedó marcada desde la adolescencia. Sin dudas “superyoica”, nos convoca a dar lo mejor de nosotros.
2) Winston Churchill: Es para mí el ícono de la defensa de la democracia frente al fascismo.
3) Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal: Admiro como soportó las presiones de Trump y como lideró las políticas anticíclicas ante la pandemia. Actualmente me genera mucho interés su postura en defensa de robustecer al mercado laboral, para lograr una democracia sustentable.
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