Nueva estrategia: Una aerolínea low cost apuesta a los salones VIP
JetBlue busca captar a los pasajeros de mayor poder adquisitivo con un nuevo espacio exclusivo en el aeropuerto JFK de Nueva York
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Un nuevo salón VIP acaba de abrir en Nueva York—y está en la Terminal 5 del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy. BlueHouse, un espacio de casi 900 metros cuadrados disponible exclusivamente para clientes seleccionados de JetBlue Airways, recibió a sus primeros invitados hace 10 días, lo que marca la primera incursión de la aerolínea en la dura competencia por los lucrativos pasajeros premium.
Diseñado por el estudio de arquitectura Gensler, BlueHouse es un muestrario del legado de diseño icónico y ecléctico de Nueva York. Desde el indicador Art Deco del ascensor hasta los azulejos blancos y negros en el piso y el mural del techo inspirado en la Grand Central Terminal, el espacio grita “Gran Manzana” sin dejar de ser fiel al espíritu peculiar (y azul) de JetBlue.
“Sin duda, es una experiencia neoyorquina con onda”, dijo Marty St. George, presidente de JetBlue, durante una visita previa a la apertura de BlueHouse. Su detalle favorito son las 45 obras de arte que llenan el espacio, de artistas de toda la ciudad y de tres de los “crewmembers”, como la aerolínea llama a su personal, incluida una pieza a medida del ilustrador de The New Yorker Matt Reuter.
Acceso premium
BlueHouse forma parte de la tendencia más amplia de “premiumización” que recorre el transporte aéreo. Desde JetBlue hasta Southwest Airlines, e incluso la low cost Spirit Airlines, están presentando propuestas más sofisticadas tanto a bordo como en los aeropuertos. El objetivo es doble: fortalecer la lealtad de los clientes de mayor nivel y extraer más ingresos del conjunto de pasajeros, con la esperanza de mejorar los resultados.
La iniciativa de JetBlue, bautizada “JetForward”, incluye ubicaciones de BlueHouse en JFK y, en 2026, en el Aeropuerto Internacional Logan de Boston. También incorpora la introducción de primera clase doméstica en su flota Airbus, una nueva alianza con United Airlines y cambios en su programa de lealtad TrueBlue destinados a profundizar la fidelidad de los clientes.

El lounge también busca contrarrestar al rival de JetBlue en JFK y Boston: Delta Air Lines. Si bien St. George no mencionó a la compañía por su nombre, retener a los clientes de JetBlue y, quizá, tentar a algunos viajeros corporativos para que migren desde Delta es una prioridad.
“Nuestro objetivo número uno fue no repetir los errores que cometió nuestro competidor con los lounges”, afirmó. Delta es conocida por sus salones saturados y, en ocasiones, por las largas esperas para acceder a los Sky Clubs.
El acceso a BlueHouse está, por ahora, limitado a los viajeros frecuentes más leales de JetBlue, a los pasajeros de clase ejecutiva en vuelos transatlánticos y a los titulares de su tarjeta de crédito premium, que tiene una cuota anual de US$499.
Delta también elevó su apuesta con los exclusivos Delta One Lounges, el primero de los cuales abrió en JFK a mediados de 2024. Hoy cuenta con cuatro ubicaciones, incluidas Boston, Los Ángeles y Seattle.
Dentro de BlueHouse
Los viajeros ingresan por un salón que podría describirse como el lobby de un departamento típicamente neoyorquino: un mostrador “Just Ask” en lugar del escritorio del portero, frente a un conjunto de buzones (dentro hay recuerdos para los visitantes; basta pedir una llave), una escalera hacia el segundo nivel flanqueada por obras de arte, un ascensor con indicador Deco y un túnel azul que conduce al área principal del lounge.

En otros sectores, distribuidos en dos plantas, libros curados por la librería Strand—en sintonía con la paleta blanco y azul de JetBlue—llenan estanterías y repisas. Un papel mural a medida de Flavor Paper, de Brooklyn, decora los baños. Y en el bar se sirven cócteles de autor creados por el bar Please Don’t Tell, del East Village. Y por momento, todo el lugar el cliché neoyorquino.
“No se trata de fabricar un lujo falso”, dijo Siobhan Barry, directora de diseño en Gensler, especializada en interiores de hospitalidad y parte del equipo de BlueHouse. “Queríamos que se sintiera moderno y lúdico, como todos pensamos a JetBlue, pero permitiendo esa irreverencia”.
Si se observa de cerca el techo inspirado en la Grand Central—obra de Artists for Humanity—no aparecen constelaciones del cielo nocturno, sino íconos de Nueva York y de otros destinos de JetBlue: un taxi Checker clásico, el cartel de Hollywood, una rana de Puerto Rico.
El equipo de Gensler buscó que BlueHouse funcionara como un hogar—una casa, por así decirlo—en medio del caos del aeropuerto, del mismo modo en que el departamento de un neoyorquino es un refugio del bullicio urbano. Y lo logra, en cierta medida. En la planta baja se concentra la zona más activa, con sala de juegos, televisores, boxes y el bar principal. En el nivel superior, un espacio más silencioso con rincones de lectura, sillones y cabinas telefónicas semiprivadas. En ambos pisos hay opciones de comida y bebida para llevar.
La diversidad de ambientes apunta a cubrir las distintas necesidades de los viajeros actuales: desde el ejecutivo que quiere tomar algo antes de un vuelo nocturno a Londres hasta una familia rumbo al Caribe que busca un rincón tranquilo para pasar la escala.
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