Ofensiva. Silicon Valley y el Estado se preparan para una desgastante guerra

Las estrellas de Silicon Valley se defienden de un embate legislativo
Las estrellas de Silicon Valley se defienden de un embate legislativo Crédito: Shutterstock
En Estados Unidos se definen las líneas de batalla de un ataque regulatorio contra compañías de tecnología; Google, Facebook, Apple y Amazon, en la mira
The Economist
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24 de noviembre de 2019  

El proyecto de ley propuesto en el Senado de Estados Unidos parece un manual de programación para diseñadores de software. El "infinite scroll", que hace que las apps de redes sociales presenten más contenido a medida que los usuarios pasan el dedo hacia arriba, estaría prohibido, al igual que las listas automáticas de videos. Las redes sociales tendrían que mostrar cuánto tiempo pasan los usuarios en ellas y establecer un límite de 30 minutos al día.

Los padres de adolescentes no deben hacerse muchas ilusiones: es improbable que se apruebe la ley de tecnología de reducción de adicción a las redes sociales (la sigla en inglés es Smart). Pero el hecho de que exista -y que fue presentado por un senador republicano, Josh Hawley, de Missouri- muestra lo rápido que cambió la marea en Washington contra las grandes firmas de tecnología. Después de décadas de dejarlas hacer más o menos lo que quisieran, el Estado está dispuesto a actuar. Los votantes están de acuerdo: una encuesta concluyó que dos de cada tres estadounidenses aprueban las compañías.

Las grandes empresas tecnológicas están preocupadas. Sus líderes, en un tiempo visitantes infrecuentes de Washington, se convirtieron en habitué. El mes pasado, Mark Zuckerberg pasó una semana allí, reuniéndose con el presidente Donald Trump y legisladores. El 1º de octubre apareció una grabación en la que el jefe de Facebook describe los planes de Elizabeth Warren, una precandidata presidencial demócrata de izquierda, de dividir su firma como una amenaza "existencial". La compañía madre de Google, Alphabet, reclutó como principal lobista un exjefe de gabinete de un senador republicano. Wall Street quiere saber qué significa todo esto para los modelos de negocios de las compañías más grandes de Estados Unidos. Microsoft, Apple, Amazon y Alphabet son las cuatro firmas más valiosas del mundo entre las que cotizan en bolsa. Si se agrega Facebook (sexta) valen US$4,3 billones sumadas.

Los entusiastas de la tecnología pueden argumentar, con justificación, que esto son solo simples ejercicios. Algunas de las acciones de las firmas de tecnología se vieron afectadas mínimamente por la guerra comercial. Ninguna hasta ahora fue golpeada duramente por la reacción contra la tecnología en el país. Aun así, están emergiendo los contornos de un plan de batalla contra la industria. Tiene dos vertientes. Algunos funcionarios están usando leyes existentes para perseguir a las compañías, en particular por conducta anticompetitiva, mientras los políticos están preparando nueva legislación. Ninguna de las dos cosas constituye un asalto abierto y declarado aún. Ambas implican una batalla dura y prolongada.

Empecemos por las investigaciones. El departamento de Justicia (DJ), la Comisión Federal de Comercio (CFC) y el subcomité antitrust lanzaron indagaciones. Señal de que el lobista en jefe de Alphabet estará ocupado, un comité del Congreso envió a la compañía una carta de 17 páginas el mes pasado exigiendo los mails de la última década entre ejecutivos de alto nivel referidos a una variedad de cuestiones y, el 9 de septiembre, los fiscales generales de 48 estados lanzaron una investigación antitrust de la compañía.

La mayoría de estas iniciativas no son más que "salidas de pesca". Aún tiene que determinarse su alcance preciso. Ni siquiera está clara la división de tareas entre los investigadores. Aunque, según se dice, acordaron esa división en junio, el DJ y la CTC aún tienen que decidir a qué empresas atacará cada uno.

Aunque la CTC y el DJ propongan medidas radicales, como divisiones de las compañías, y convenzan a las cortes de primera instancia, la mayoría de los jueces de las cortes de apelaciones federales (por no mencionar la mayoría conservadora de la Corte Suprema) son renuentes a aplicar medidas antitrust, ya que están formados en las viejas enseñanzas de la Universidad de Chicago, que dejan actuar a las compañías mientras no causen daño a los consumidores.

Aun así, la línea general de ataque está clara. Amazon, Apple y Google son cuestionadas por su control sobre el comercio electrónico, las tiendas de apps y los motores de búsquedas, respectivamente. Google y Facebook se enfrentan al escudriño por la publicidad online, que dominan. Los gigantes tendrán que mostrar que la compra de startups no es solo una manera de neutralizar rivales.

La historia es similar en el Capitolio. Se reproducen como hongos los proyectos de ley para regular la tecnología. Hawley por sí solo presentó media docena desde que se sumó al Senado en enero. Además de lo adictivo de la tecnología, cubren la privacidad de los niños, juegos online y moderación de contenido. Algunos tienen a demócratas como coautores. Uno, bautizado la ley dashboard (tablero de control), requeriría que las plataformas online informen el valor de los datos que recogen de los usuarios; Mark Warner, exinversor de riesgo, ayudó a redactarlo. Otro, con respaldo de Richard Blumenthal y Ed Markey, prohibiría que los videojuegos permitan a los jugadores pagar una suma y recibir premios al azar (se ve muy parecido a apostar).

Con la posible excepción de un proyecto de ley federal de privacidad, que las firmas de tecnología están promoviendo antes de que entre en vigor una ley estadual estricta de California en enero y se convierta de hecho en la ley del país, la mayoría de las propuestas existentes pueden no llegar lejos. El procedimiento de juicio político contra Trump distraerá a los legisladores durante meses. Si es elegida el año entrante, la presidenta Warren podría no lograr que el Senado republicano apruebe sus leyes.

Pero las grandes empresas de tecnología estarán bajo fuego no importa quién gane la presidencia. Los entes de control y los políticos están "recorriendo una curva de aprendizaje acelerada", dice otro lobista. La CTC tiene una "fuerza de tareas tecnológica" dedicada y dos comisionados activistas. Uno de ellos, Rohit Chopra, hizo su dentición en la Dirección de Protección Financiera de los Consumidores, donde encabezó los esfuerzos por reformar el sistema de créditos estudiantiles de Estados Unidos. La Cámara baja contrató como abogada a Lina Khan, autora de un trabajo influyente sobre el poder de Amazon. Activistas antimonopólicos y legisladores también están reuniendo información. Además de la misiva a Google, el subcomité antitrust envió pedidos de información a Amazon, Apple, Facebook y docenas de firmas más. Oracle recibió uno del fiscal general de Texas. Se dice que Snap tiene un dossier que documenta las acciones anticompetitivas de Facebook.

Algunos think tanks también estudian la cuestión antitrust. Tim Wu, de la Facultad de Derecho de Columbia y otros diseñaron una estrategia legal para obligar a Facebook a separarse de Instagram y WhatsApp. En septiembre un informe de Chicago Booth reclamó un vigoroso control de fusiones y una "autoridad digital" para supervisar la competencia online.

Las empresas tecnológicas no están de brazos cruzados. Sus lobistas tratarán de desarmar estos intentos radicales. Ni Silicon Valley ni Washington se preparan para un ataque fulminante. Más bien será una desgastante guerra de resistencia.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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