
Pesca: acusaciones contra Solá
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El coordinador nacional de Pesca, Juan Carlos Cabirón, dijo que el descontrol, la sobrepesca y el exceso de buques en el Mar Argentino comenzaron con la gestión del ex secretario de Agricultura, Ganadería Pesca y Alimentación y actual vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá. El funcionario adelantó, además, que continuarán las investigaciones en torno de las administraciones anteriores, que dejaron unos 200 sumarios sin tramitar, cincuenta de lo cuales ya fueron elevados a la Procuración General de la Nación.
Esos expedientes estarían relacionados con la dilación en la ejecución de sanciones y con el otorgamiento de permisos de pesca para algunas empresas que actualmente trabajan.
"Cuando veíamos cosas de omisión o lentitud, inmediatamente lo transmitíamos a la Procuración", indicó Cabirón, y aclaró que en caso de que existiesen irregularidades, serían detectadas.
Por más de tres años consecutivos, el Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero (Inidep) anunció que las capturas de merluza, principal especie económica del país, duplicaban lo biológicamente recomendable.
Esos informes anticipaban el colapso del caladero al que asisten hoy los pescadores.
Pero para Cabirón, el telón empezó a bajarse mucho antes. "En 1994, comienza con Solá a descuidarse el control y se pesca mucho más de lo recomendado hasta llegar al doble", comentó el funcionario y, al cabo de una pausa, agregó: "Solá llevó una política que permitió el exceso de capacidad pesquera en el Mar Argentino", en clara alusión al acuerdo con la Unión Europea que fomentaba las sociedades mixtas.
Hasta Solá admite relativamente el hecho: "La superación de la captura máxima permisible comenzó durante mi gestión... en 1995", dijo a La Nación .
Negó, sin embargo, que eso pudiese llamarse "descontrol", dado que en esa época los permisos eran irrestrictos, es decir que los barcos no tenían límites de especies ni de volumen de capturas.
"Debo admitir que yo no tenía plena conciencia del problema del caladero", reconoció Solá, al tiempo que deslizó: "Soy de reconocer mis errores y sé que no tuve los mejores consejos, aunque de no haber existido el Consejo Federal Pesquera, lo habría corregido".
Durante 1999, las cosas no mejoraron para la actividad, pues ingresó en una espiral descendente. Se produjo el desmantelamiento del equipo de inspectores a bordo y el sistema de control satelital Monpesat quedó desactivado por falta de pago.
Como corolario, la existencia de merluza tocó los índices más bajos de la historia y el Gobierno tuvo que dictar un decreto de necesidad y urgencia.
En este contexto, sólo intentar poner orden resulta una tarea titánica, aceptó Cabirón al definir que "estamos para administrar la miseria".
Transparentar los mecanismos dentro de la administración pesquera y salvar el recurso merluza fueron las órdenes explícitas del titular de la cartera de Agricultura, Antonio Berhongaray.
"Estamos a días de reactivar el Monpesat, que es un elemento fundamental para el control marítimo, al que tendrán acceso directo la Prefectura y la Armada", adelantó el funcionario y concluyó que se avanzará en la cuotificación de capturas tal cual lo ordena la ley federal de pesca sancionada allá por 1997.





