Piketty y el espíritu del tiempo

Dani Rodrik
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18 de mayo de 2014  

PRINCETON.- Últimamente, donde sea que vaya todos me preguntan lo mismo: ¿qué piensa de Thomas Piketty? En realidad, son dos preguntas en una: ¿qué piensa de Piketty, el libro, y qué piensa de Piketty, el fenómeno?

La primera pregunta es mucho más fácil de responder. Quiso la suerte que yo fuera uno de los primeros lectores de la versión en inglés de El capital en el siglo XXI. La editorial que lo publicó, Harvard University Press, me envió las galeradas del libro con la esperanza de que yo escribiera un comentario elogioso para la contratapa. Cosa que hice con agrado, ya que el alcance, la profundidad y la ambición del libro me parecieron impresionantes.

Desde luego que ya conocía el trabajo empírico que Piketty y otros colegas (entre ellos, Emmanuel Saez y Anthony Atkinson) hicieron en relación con la distribución del ingreso. Ya antes de la publicación del libro, esta investigación entregó hallazgos sorprendentes sobre el aumento de ingresos de los superricos y demostró que en muchas economías avanzadas, la desigualdad alcanzó niveles que no se veían desde principios del siglo XX.

Pero el libro va mucho más allá, al presentar un fascinante relato de la dinámica de la riqueza en el capitalismo, a modo de advertencia. Tal vez más que el argumento en sí, lo que hace de este libro una lectura excelente es la sensación de estar viendo a una mente brillante encarar las grandes preguntas de nuestro tiempo. El énfasis de Piketty en la naturaleza política de la distribución del ingreso; el sutil camino de ida y vuelta que recorre entre las leyes generales del capitalismo y el papel de la contingencia; y que esté dispuesto a ofrecer remedios audaces para salvar al capitalismo de sí mismo son hechos tan refrescantes para un economista cuanto son escasos.

Así que me gustaría poder decir que tuve la clarividencia de prever el enorme éxito académico y popular que tendría el libro publicado. Pero lo cierto es que la acogida que recibió me tomó totalmente por sorpresa.

Por una sencilla razón: el libro no es nada fácil de leer. Tiene casi 700 páginas, y aunque Piketty no le dedica mucho espacio a la teoría formal, no puede evitar de vez en cuando alguna que otra ecuación o letra griega. El lector se encontrará ante todo la prosa seca y acompañada de estadísticas propia de un economista, con pocas alusiones literarias.

La respuesta de la profesión económica no fue uniformemente positiva. El argumento del libro gira en torno de varias identidades contables que relacionan el ahorro, el crecimiento y la rentabilidad del capital con la distribución de la riqueza en las sociedades. Piketty tiene el mérito de darles vida a estas relaciones abstractas poniéndolas en cifras reales cuya evolución sigue a lo largo de la historia, pero son relaciones ya conocidas por los economistas.

El pronóstico pesimista de Piketty se basa en una ligera extensión de este marco contable. Bajo ciertos supuestos razonables (a saber, que los ricos ahorren una cantidad suficiente) la ratio entre la riqueza heredada y la renta de la economía tenderá a crecer siempre que la tasa de rentabilidad promedio del capital sea superior a la tasa de crecimiento de la economía en su conjunto. Piketty afirma que ésta ha sido la norma histórica, excepto durante la tumultuosa primera mitad del siglo XX. Si el futuro se presenta así, entonces nos espera una distopía en la que la desigualdad aumentará a niveles nunca antes vistos.

Sin embargo, en economía es peligroso extrapolar, y las pruebas que presenta Piketty en apoyo de su tesis distan de ser concluyentes. Como muchos argumentaron, también puede ocurrir que la rentabilidad del capital empiece a disminuir si el stock de capital de la economía llega a ser demasiado grande respecto de la mano de obra y otros recursos, y si la tasa de innovación se desacelera.

Tal vez la causa del éxito del libro haya que ir a buscarla al Zeitgeist. Si el libro se hubiera publicado hace diez años probablemente no hubiera tenido el mismo éxito. Hace ya bastante que en Estados Unidos se viene incubando malestar por el aumento de la desigualdad. Pese a la recuperación de la economía, los ingresos de la clase media están estancados o en disminución. De modo que ahora parece aceptable hablar de la desigualdad en Estados Unidos como el principal problema al que se enfrenta el país.

Este libro renovó el interés de los economistas en la dinámica de la riqueza y su distribución, un tema que preocupó a economistas clásicos como Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx. Cualesquiera que sean las razones de su éxito, su aporte a la profesión económica y al discurso público ya es innegable.

© Project Syndicate 2014

El autor es profesor en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey

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