Pizza Cero se reconvierte para ganar mercado
El establecimiento alcanzó reconocimiento durante la década de los noventa, cuando era frecuentado por ricos y famosos de la farándula.
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Pizza Cero ganó fama a mitad de la década de los noventa ocupando centímetros al por mayor en diarios y revistas, pero no en las páginas gastronómicas:su trampolín fueron las secciones dedicadas a la vida social y la farándula.
En el pico más alto del menemismo, sus mesas estaban repletas de políticos, actores, jueces, modelos y empresarios, y alrededor revoloteaban los fotógrafos como moscas, buscando la primicia del último romance. Era uno de los lugares favoritos para ver y ser visto.
Pero se trata de un caso atípico. Ahora que se apagó la estrella de la farándula menemista, la pizzería no cayó en picada como la mayoría de los locales que fueron famosos en ese tiempo. Por el contrario, procura seguir en la senda del éxito con nuevos proyectos.
La fama de Pizza Cero, que nació hace 17 años en Cerviño y Ugarteche, le había permitido convertirse en una de las mayores cadenas argentinas de pizzerías, con tres locales propios y 18 franquiciados.
Pero los socios Jorge González y Jorge González tenían en común algo más que el mismo nombre y la misma edad (45 años):soñaban con construir un imperio de las pizzas y empezaron a amasar el sueño la noche en la que el actual presidente de Carrefour, Carlos Richter -cliente habitual- les propuso fabricar una línea de ultracongelados para vender con el nombre de la cadena francesa, en todas sus sucursales nacionales.
Así tomaron la decisión de impulsar una nueva unidad de negocios, a escala industrial. Para eso se asociaron en partes iguales con un capitalista norteamericano e iniciaron la construcción de una planta, en Pilar, que demandó una inversión de 20 millones de dólares. La fábrica acaba de inaugurarse. Ocupa una superficie cubierta de 4000 metros cuadrados y tiene capacidad como para producir 2500 pizzas y 700 docenas de empanadas por hora. Además dispone de tecnología para elaborar productos de panadería y líneas de repostería, como helados y tortas.
La obra demandó tres años y en el camino los González, que además de socios son cuñados, llegaron a un acuerdo con la petrolera Shell para instalar córners (como un stand, pero más grande) de Pizza Cero en sus 200 estaciones de servicio de la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay.
Cuarenta ya están en funcionamiento y se abastecen con pizzas frescas que se producen en San Isidro, en una fábrica más pequeña, desde donde salen también los insumos para las 20 bocas tradicionales de la cadena.
A las góndolas
La mayor apuesta comercial, ahora, es el lanzamiento en los supermercados de una línea de pizzas y empanas ultracongeladas con la marca Pizza Cero. Para ello, ya tienen un convenio en marcha con Carrefour y se disponen a entrar en Norte, Disco y Wall-Mart, según explica el Jorge González que trabajaba como ingeniero naval, antes de dedicarse al negocio de los alimentos (su cuñado, en cambio, siempre estuvo vinculado con la gastronomía).
A estos supermercados la empresa también les proveerá pizzas con su propio nombre. Yen una segunda etapa les fabricará, a pedido, líneas de postres y helados.
En el mapa de proyectos de los reconvertidos cuñados González también hay un horizonte ancho para la exportación. Están en tratativas con Cisco, una compañía originaria de Houston que figura entre las mayores distribuidoras de alimentos de los Estados Unidos. En cuanto cierren trato, las pizzas y empanadas de Pizza Cero comenzarán a venderse en ese país.
Por las ventas de sus locales y córners, la empresa obtiene alrededor de US$10 millones por año. Y hacia finales del 2001, cuando la planta industrial de Pilar incremente su producción, se proyecta sumar a la facturación US$1 millón por mes.
"Pizza Cero nunca pasó de moda, lo que pasa es que los fotógrafos dejaron de venir", dicen los socios para justificar esta nueva etapa de crecimiento con bajo perfil.





