¿Por qué hacer un Executive MBA te cambia la vida?
1 minuto de lectura'

Tienen entre 30 y 40 años. Algunos tienen hijos, otros no; pero la gran mayoría se casó o vive con su pareja. Trabajan en empresas de primer nivel. Se recibieron hace varios años, crecieron profesionalmente y de repente decidieron volver a estudiar. Los graduados del Executive MBA (EMBA) de la Escuela de Negocios del IAE suelen coincidir en que la experiencia los transforma radicalmente: vienen a buscar capacidades técnico-empresariales y se terminan llevando además herramientas para convertirse en verdaderos líderes en todos los aspectos de la vida.
Para nadie que tenga su vida “armada”, con necesidades familiares impostergables y altas exigencias laborales cotidianas, resulta sencillo meterse dos años en un aula para volver a estudiar, aún cuando hoy día la capacitación constante tenga una relación tan directa con el desarrollo profesional. El EMBA tiene una cursada muy intensiva en cualquiera de sus modalidades y la decisión de hacerlo obliga a lograr ciertos permisos en la empresa y conseguir el apoyo de pareja, familiares y amigos. Pero una vez terminado, los resultados no pueden ser mejores. Por lo general, los alumnos notan que las habilidades incorporadas ya empiezan a rendir sus frutos durante el tiempo del Máster. Lo perciben ellos, sus jefes o compañeros de trabajo y sus afectos más cercanos. Estas son solo tres historias entre los 264 alumnos de 38 países distintos que se graduaron en 2017, quienes se animaron a salir de la zona de confort para enfrentar los nuevos desafíos del mundo global.

Jóvenes que dejan huella

Benjamín Thixton tiene 35 años, es Ingeniero Industrial y está casado. Actualmente trabaja en Consultatio, donde dirige el equipo de Control de Gestión, proyecto que se terminó de consolidar a medida que hacía el EMBA. “Cuando empecé el Máster habían pasado ya diez años de que me había recibido. Con los cambios que tuve internamente en la compañía sentí que necesitaba tener una visión más corporativa, entender a la empresa en su conjunto”, cuenta sobre las motivaciones que lo llevaron a inscribirse en el IAE. Aunque la decisión de hacerlo no le costó a nivel personal porque se considera una persona inquieta a la que le gusta estudiar, reconoce que debió involucrar a su jefe y a otras personas para anotarse. Y hoy, por supuesto, no se arrepiente: “Fue una experiencia transformadora. Yo vine a buscar una visión directiva y me llevé visión directiva, liderazgo y una transformación personal en varios aspectos”, concluye.

Otra graduada del EMBA en 2017 es Victoria Pintos. Tiene 33 años, es Licenciada en Administración de Empresas y trabaja como Controller en la agencia de publicidad Ogilvy. Para ella la decisión de hacerlo fue un poco más difícil, pues era muy consciente del tiempo que implicaría y que debería dejar de dedicarle a su pareja, a su familia y a sus amigos. Sin embargo, apenas empezó el EMBA vio que el esfuerzo valía la pena. “Sin darse cuenta uno va cambiando mientras atraviesa los dos años del EMBA, tanto en personal como en lo profesional. En el día a día vas trabajando de una manera diferente, llevando consejos o aplicando en la práctica distintas cosas a raíz de la experiencia”, resume sobre este período de su vida que acaba de concluir.

Cristian Cores, por su parte, es un poco mayor y además tiene hijos. También Licenciado en Administración de Empresas, con un posgrado en Negocios Digitales, está a cargo del negocio de Twitter para Latinoamérica de la empresa IMS. Con 39 años, un hijo de 10 y otro de 7, su decisión de hacer el EMBA tuvo el condimento extra de la paternidad. “En mi caso estuve cerca de hacer un MBA durante casi 10 años pero por varias razones no lo terminé haciendo. Finalmente me decidí impulsado por mi familia, por las ganas que veía en mi mujer”, cuenta Cristian. ¿Cómo hizo con los chicos? “Una de las cosas que me funcionó es involucrarlos, contarles qué iba a hacer y hasta traerlos a clase algunas veces. Es decir, que vivan la experiencia conmigo”, señala. Incluso su graduación coincidió con la del mayor, que acaba de terminar la escuela primaria. La otra “dificultad” que debió sortear Cristian durante los dos años del EMBA fue un cambio de trabajo, con muchos viajes incluidos, que le impidió por ejemplo ir a la Semana Internacional, una oportunidad que le da el EMBA a sus alumnos de aprender en los centros financieros más importantes del mundo. Pero así y todo llegó al final del camino más que satisfecho.
Líderes sanos y comprometidos
De qué se trata esa “experiencia transformadora” de la que hablan todos los que hacen el EMBA lo explica Sebastián Benoit, director del Máster. “La información dura sobre finanzas, economía, contabilidad, operaciones, marketing o comercial está en muchos libros. Lo que confluye acá es la manera en que querés procesar esa información. El adulto aprende por experiencias, entonces se sienten transformados porque nosotros diseñamos el programa de tal manera que sucedan un montón de cosas experienciales. No se trata exclusivamente de saber utilizar una herramienta, sino de contar también cómo vas a hacer para utilizarla. Y qué aprendiste en ese proceso”, explica. El foco está puesto en la toma de decisiones y en los tipos de liderazgos, siempre desde una perspectiva humana. Para Benoit, el espíritu del EMBA se puede resumir en la materia “Liderazgo Adaptativo”, que se da en una semana súper intensiva. “Es una metodología que trajimos de Harvard en la que el caso sos vos. Y tiene que ver con esto de la transformación personal, con lo que te pasa cuando no podés hablar con tu jefe, cuando no podés tener una conversación sincera con alguien que reporta a vos, cuando te tiemblan las piernas al tener que defender el salario de alguien o cuando no podés presentar un proyecto. Ayudamos a los alumnos a tener conciencia del impacto de su toma de decisiones y de la responsabilidad que tienen, lo cual genera líderes más sanos y comprometidos”, dice Benoit.
El otro rasgo distintivo del EMBA es la gran variedad de disciplinas y áreas que confluyen a través de los alumnos en un aula. Además de las profesiones estrictamente financieras o comerciales, también hay médicos, abogados, filósofos, ingenieros, contadores y biotecnólogos, entre otras. Y en cuanto a las áreas, según el IAE el 28 por ciento viene de Marketing y Ventas y el 24 por ciento de Operaciones.
El EMBA tiene hoy tres formatos posibles. El EMBA Lunes, que inicia en abril y tiene un solo día de cursada en el Campus de Pilar; el EMBA Baires, que es un día a la semana en la sede de CABA y sábados por medio en Pilar; y por último el EMBA Regional, que arranca en agosto, se cursa tres días cada tres semanas y dura 15 meses, cuatro menos que los otros dos. Para más información www.iae.edu.ar/emba2018




