
Por qué Venezuela puede complicar el salto de Vaca Muerta
El posible aumento de la producción venezolana suma presión a un mercado ya sobreofertado y obliga a la industria local a acelerar la reducción de costos para sostener su crecimiento
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Tras haber superado en 2025 el récord histórico de producción de petróleo, la industria local se prepara para enfrentar nuevos desafíos, vinculados a la necesidad de ganar eficiencia en un contexto de menores precios internacionales. El reciente anuncio de que Estados Unidos buscará aumentar la oferta petrolera de Venezuela aceleró un proceso que las compañías locales ya venían asimilando: la era de precios elevados no regresará en el corto plazo.
A nivel global, el mundo produce alrededor de 109 millones de barriles de petróleo y líquidos por día. La Argentina aporta apenas el 0,8% de esa oferta, con una producción cercana a los 850.000 barriles diarios. Estados Unidos lidera el ranking mundial con 13,9 millones de barriles por día, seguido por Rusia y Arabia Saudita, ambos con 8,9 millones. Completan el grupo de mayores productores Canadá y China.
Entre 2021 y 2024, la cotización del Brent —el precio de referencia para la Argentina— se mantuvo por encima de los US$80 por barril, con un pico de US$110 en 2022, tras la invasión rusa a Ucrania. Sin embargo, a partir del año pasado, cuando la oferta mundial comenzó a superar a la demanda, el precio cayó a un promedio anual de US$69, lo que representó una baja del 17% en relación con 2024.
Para este año, las proyecciones más pesimistas estiman que el Brent podría promediar los US$55 por barril, mientras que las más optimistas prevén un valor cercano a los US$60.

Pese a que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el fin de semana que empresas estadounidenses invertirán en Venezuela para incrementar su producción, el precio del crudo subió hoy 1,71%, hasta los US$61,80. El aumento respondió a que el mercado ponderó más el comunicado difundido ayer por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que decidió mantener la pausa en los ajustes voluntarios adicionales de producción.
Si bien Venezuela posee las mayores reservas petroleras del mundo, recuperar los niveles de producción de hace tres décadas —cuando llegó a producir 3,7 millones de barriles diarios— requerirá inversiones estimadas entre US$85.000 y US$130.000 millones, según la consultora Wood Mackenzie. De acuerdo con su último informe, solo aumentar la producción desde los actuales 1,1 millones hasta 1,5 millones de barriles diarios demandaría entre US$20.000 y US$30.000 millones, sin considerar los costos de reconstrucción de la red de oleoductos y gasoductos, hoy seriamente deteriorada tras años de desinversión.

El banco JP Morgan, en cambio, proyecta que, con una transición política, Venezuela podría elevar su producción a entre 1,3 y 1,4 millones de barriles diarios en un plazo de dos años y alcanzar potencialmente los 2,5 millones en la próxima década.
La Argentina, sin embargo, enfrenta desafíos propios. Entre ellos se destacan costos operativos aún elevados en comparación con otros productores similares y un financiamiento caro, condicionado por un riesgo país que no logra perforar el piso de los 500 puntos básicos.
“La industria petrolera argentina ya recorrió la curva de aprendizaje en la explotación no convencional, adoptando las mejores prácticas de los productores norteamericanos. Ahora el desafío es innovar y reducir costos en una formación que ofrece mayores rendimientos que sus equivalentes en Estados Unidos, pero que todavía opera con costos significativamente más altos”, señaló el último informe de Montamat & Asociados, la consultora que dirige el exsecretario de Energía Daniel Montamat.
De cara a 2030, el sector proyecta alcanzar una producción de 1,5 millones de barriles diarios, de los cuales alrededor de un millón se destinaría a la exportación. Para lograrlo, las empresas advierten que será necesario destrabar algunos “dolores de crecimiento”, como los cuellos de botella generados por la multiplicación de proyectos y la escasez de proveedores. “En Estados Unidos hay más empresas de servicios compitiendo, lo que presiona los costos a la baja”, reconocieron fuentes del Gobierno.
Hoy, perforar un pozo en la Argentina cuesta cerca de un 40% más en dólares que en Estados Unidos. A eso se suman los elevados costos logísticos, vinculados al deterioro de la infraestructura vial, tanto en Neuquén como en otras regiones del país.
Un ejemplo claro es la provisión de arena, un insumo clave para el fracking. La mayor parte proviene de Entre Ríos y se transporta en camiones. En promedio, la perforación de un solo pozo requiere unos 500 camiones de arena. Con 62 pozos perforados, eso implica alrededor de 31.000 viajes por rutas que, en gran parte de su trazado, siguen siendo de mano única y doble sentido, lo que incrementa los tiempos y los costos operativos.





