Presionadas por la disparada del petróleo, las empresas ya subieron 7% los combustibles en marzo
El precio internacional del crudo superó los US$118 el barril y dejó a las refinadoras operando a pérdida, donde dicen que todavía hay un atraso del 25%; el Gobierno deberá decidir si interviene o si deja que el mercado encuentre una salida
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La disparada del precio internacional del petróleo —que llegó a superar los US$118 por barril, su mayor valor desde la invasión rusa a Ucrania— comenzó a generar tensión en el mercado doméstico. Los valores de la nafta y del gasoil acumulan una suba promedio del 7% desde comienzos de mes, pero aun así las empresas refinadoras dicen que operan a pérdida y acusan un atraso en los precios del 25%.
En la Ciudad de Buenos Aires, donde los precios son más bajos debido a la mayor competencia entre estaciones de servicio y a una menor carga impositiva, el litro promedio de nafta súper se ubica en $1717 y el de gasoil, en $1768. En lo que va del año, los combustibles acumulan una suba del 9,6%, mientras que el Brent avanzó un 48%. Solo en marzo, el incremento fue del 7% (había bajado en enero con la caída de la cotización internacional).
“O la industria encuentra una solución o el Gobierno interviene. Es el peor escenario posible para el sector petrolero. El barril es el principal componente de nuestros costos y lo estamos comprando como si estuviésemos en medio de Irán, pero vendemos con los precios de hace un mes. Por suerte, el dólar no se mueve”, señaló un refinador.
La explicación está en la política de precios vigente desde que el gobierno de Javier Milei liberó completamente el mercado de combustibles: el valor local del barril se fija por paridad de exportación —el Brent con un descuento del 8% por el concepto de retenciones— menos cuatro dólares adicionales.
Aunque los contratos son mensuales, los precios se ajustan diariamente según la cotización internacional.
Desde hace dos semanas, cuando se aceleró la suba del crudo por el comienzo de la tensión en Medio Oriente, las refinadoras venden nafta y gasoil por debajo de sus costos, dicen en el sector. Según fuentes que hablaron en reserva, hoy compran el barril a por lo menos US$90 y lo venden a US$70.
En Estados Unidos —el mayor productor de petróleo del mundo, con más de 13 millones de barriles diarios— el precio de los combustibles trepó un 25% en la última semana. El galón de gasoil súper alcanzó los US$4,42, equivalente a US$1,17 por litro, lo que comenzó a generar preocupación en el gobierno de Donald Trump, que evalúa algunas opciones de intervención, sobre todo para aminorar el impacto en la inflación de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
El mercado local de combustibles está dominado por cuatro grandes empresas: YPF concentra el 55% del despacho, seguida por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%).
Dado el peso decisivo de YPF en el mercado, el resto de las compañías prefiere aguardar su movimiento antes de actualizar sus propios precios. El presidente y CEO de la petrolera de mayoría estatal, Horacio Marín, se encuentra en Nueva York para participar del evento Argentina Week, con el que el Gobierno busca atraer inversiones. En ese marco podría reunirse con el ministro de Economía, Luis Caputo, y con Marcos Bulgheroni, su par en Pan American Energy (PAE), la compañía que controla las estaciones de servicio de Axion.
En un mensaje por redes sociales, Marín intentó calmar las aguas: “Entiendo la incertidumbre que genera la volatilidad del precio internacional del petróleo, por eso creo importante reafirmar nuestra posición. YPF no va generar cimbronazos en los precios de los combustibles, somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”.
“Trabajamos con una estrategia de micropricing para ir analizando los precios día a día, semana a semana y mediante el sistema de moving average podremos atenuar picos de aumento y bajas dando mayor previsibilidad a los consumidores, teniendo un precio más estable. La volatilidad y la incertidumbre no genera valor real sino especulación de corto plazo y nosotros buscamos ser confiables en el tiempo”, agregó.
YPF y Axion cuentan con una ventaja comparativa: son refinadoras integradas, es decir, también producen su propio petróleo y pueden autoabastecerse, lo que amortigua parcialmente las pérdidas. No ocurre lo mismo con Raízen —operadora de las estaciones Shell— y Trafigura —dueña de Puma Energy—, que deben comprar el crudo a otras productoras como Pluspetrol, Vista, Chevron y Shell, y por lo tanto quedan más expuestas a la volatilidad del precio internacional.

Hasta la llegada del gobierno de Milei, la Secretaría de Energía aplicaba una restricción que obligaba a las productoras a abastecer el mercado local antes de exportar. La actual administración dejó de aplicar esa medida, dado que el precio internacional y el local son similares; sin embargo, la ley aún la habilita en situaciones de emergencia, como la que atraviesa el sector en este momento.
“Hoy el sistema tiene una falla que se puede corregir vía precio o vía falta de refinación”, señalaron desde el sector. Esto significa que las empresas están priorizando el abastecimiento a pérdida de sus clientes con contrato —tanto para nafta como para gasoil— y limitando la oferta para el resto del mercado, lo que podría derivar en desabastecimiento en algunas estaciones de servicio.
Crisis internacional
La reciente suba del petróleo responde casi exclusivamente a la tensión geopolítica. Si se observan únicamente los fundamentos del mercado, la oferta global actualmente supera a la demanda. Por eso, a comienzos de 2026, las proyecciones indicaban que el Brent se mantendría en torno a los US$60.
El mundo produce alrededor de 105 millones de barriles diarios y cerca del 20% de ese volumen —unos 21 millones de barriles por día— atraviesa el estrecho de Ormuz, en Medio Oriente. Ese paso estratégico explica gran parte de la volatilidad actual del precio internacional. Por allí circulan exportaciones de Arabia Saudita (7,2 millones de barriles diarios), Emiratos Árabes Unidos (4,4 millones), Irak (3,6 millones), Kuwait (2,3 millones), Irán (2,1 millones), Qatar (1,2 millones) y Bahréin (200.000).
La semana pasada, el tránsito por el estrecho de Ormuz cayó 70% y el régimen iraní amenazó con que “ni una gota de petróleo” saldrá del Golfo.
Este lunes, los ministros de Economía de las siete grandes economías occidentales debatieron la posibilidad de una liberación coordinada de reservas de petróleo para contener la escalada de precios, según informó el Financial Times y confirmaron otros medios. La medida, de emergencia y sin precedentes relevantes, fue analizada junto al director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol. Según las mismas fuentes, Estados Unidos y otros dos países del bloque habrían respaldado la iniciativa. El G7 está integrado por Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Alemania, Gran Bretaña e Italia.
“Estamos ante la mayor disrupción en la historia mundial del petróleo en términos de producción diaria, sin ninguna duda”, afirmó el historiador energético Daniel Yergin en declaraciones al Wall Street Journal. “Si se prolonga durante semanas, repercutirá en toda la economía mundial”, advirtió.
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