
Quiénes son los nuevos dueños de las tierras
Boom: el campo está reviviendo gracias al precio relativamente bajo de la hectárea y al ligero aumento de la rentabilidad, pero para hacer negocios hay que invertir fuerte.
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Las condiciones internacionales favorables, con el surgimiento de nuevos mercados para la Argentina, y la apertura de la economía, hicieron recuperar al campo el atractivo de otros tiempos. Pero, a diferencia del pasado, el negocio ya no es para cualquiera: convertirse en un auténtico terrateniente hoy exige comprar cientos de miles de hectáreas.
Los hermanos Benetton y el financista húngaro-norteamericano George Soros hicieron punta, adquiriendo enormes extensiones para explotaciones agrícolas, y miles de cabezas de ganado vacuno y ovino.
La petrolera angloholandesa Shell también acaba de incursionar, sorpresivamente, en la actividad forestal, comprando tierras en Corrientes.
Algunos políticos cuestionan esta extranjerización por entender que se está relegando a los productores locales. Pero no sólo entran los empresarios del exterior, también hombres de negocios argentinos irrumpen en el sector, como Eduardo Eurnekian (Multimedios América) y Raúl Moneta (Banco República, CEI); ex banqueros, como Luis Otero Monsegur, y ex industriales, como Gilberto Montagna. El resultado es una mayor profesionalización en la administración de campos.
Los que están en retroceso son los apellidos más tradicionales del campo argentino, aunque otros se mantienen firmes, como las familias Hirsch, Zorraquín, Zichys Tyssen, Pérez Companc y Born.
El "boom" del campo es negocio sólo para los Nuevos terratenientes
El bajo precio de la tierra y el aumento de la rentabilidad revivieron al sector agropecuario, pero sólo hay lugar para quienes, como Benetton y Soros, compran en gran escala
Un "boom"? Sí, pero para pocos. A imagen y semejanza de lo que pasó en otros sectores tras la apertura de la economía, hacer negocios en el campo argentino exige apostar muy fuerte, por eso, para convertirse en auténticos terratenientes, los nuevos jugadores tienen que comprar -como para empezar al hablar- varios cientos de miles de hectáreas.
En la Patagonia, por ejemplo, cada vez se necesitan mayores extensiones de tierra para armar una unidad económica rentable. Hace años, con un campo de 30.000 hectáreas destinado a la agricultura o a la ganadería se sacaba chapa de terrateniente, hoy con esa superficie se pierde plata. Además, esos campos obligan a invertir en infraestructura: la mayoría ni siquiera cuenta con servicios básicos como luz y teléfono. En tierras más fértiles, como las de la pampa húmeda, hay otras complicaciones: el precio de la hectárea viene aumentando sin pausa desde que empezó el año, principalmente porque los recién llegados -en su mayoría hombres de negocios que se desprendieron de sus empresas- están dispuestos a pagar sumas exorbitantes porque no buscan rentabilidad inmediata sino a largo plazo. El resultado es que ya no se puede administrar la tierra con el viejo estilo familiar; ahora se requiere un manejo profesionalizado, con incorporación de tecnología.
Estos cambios están perfilando el "nuevo campo" argentino, en el que sobresalen dos nuevos reyes: los hermanos Benetton, que poseen casi 900.000 hectáreas en el Sur, y George Soros, que por intermedio de Cresud (de sus socios argentinos Eduardo Elsztain y Marcelo Mindlin) posee unas 405.000 hectáreas en explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Chaco, Salta y Catamarca. Benetton y Soros están siguiendo al pie de la letra un viejo dicho inglés:"Cuando todo el mundo vende las ovejas hay que comprarlas".
Al más tradicional de los sectores económicos también llegó Eduardo Eurnekian, dueño del Multimedios América, quien destinó gran parte del dinero que recaudó al vender CableVisión a TCI a ampliar sus inversiones en el agro. A los campos de jojoba que poseía en el Noroeste, le sumó ahora nuevas extensiones en el Litoral para producir algodón y arroz. Por su parte, Raúl Moneta, uno de los dueños del Banco República, compró un aserradero en Misiones. Otro que está moviendo las fichas del tablero agropecuario es Luis Otero Monsegur, ex propietario del Banco Francés, que adquirió campos en Daireaux, en Buenos Aires. Pero además de ex banqueros, también hay ex industriales probando suerte en el verde, como Gilberto Montagna, antiguo dueño de Terrabusi; y la familia Vizzolini, ex propietaria de la fábrica de fideos del mismo nombre. Un capítulo aparte lo constituyen los capitales chilenos, como los grupos Matte y Angellini, enfocados hacia las actividades forestales.
Quienes, por el contrario, decidieron salir del negocio son los apellidos más tradicionales como Pereyra Iraola, Martínez de Hoz, Roca (los descendientes del ex presidente Julio Argentino), Menéndez Hume, Paz y Ochoa, a quienes las sucesiones naturales perjudicaron por la división de las tierras hasta límites absolutamente antieconómicos.
Pero no todos los clásicos abandonaron el barco: la familia Zichys Tyssen y la empresa Pilagá, de capitales belgas, siguen comprando, mientras que Jorge Born, los Hirsch y Pérez Companc mantuvieron intactas sus respectivas explotaciones. Otros históricos, los Zorraquín, renovaron la apuesta hace unos meses al comprar los frigoríficos CEPA.
A la hora de explicar el "redescubrimiento" del campo, los especialistas coinciden en señalar las nuevas posibilidades que se están abriendo para las carnes y los granos argentinos en el exterior como principal factor de atracción. "Antes de fin de año, nos declararán país libre de aftosa (hoy es libre con vacunación). Además, el año próximo no se sabe si la Unión Europea seguirá subsidiando sus productos, con lo cual se abriría otro mercado importante para nuestros bienes agropecuarios", explicó Juan Martín de la Serna, director de De la Serna Business Brokers, una de las inmobiliarias del sector.
De acuerdo con Clarisa Lifsic, directora de Cresud, "beneficia al campo el hecho de que estén bajando los subsidios y las restricciones. La apertura del mercado norteamericano a la carne argentina también influye". Con ella coincide Roberto Frenkel Santillán, de la inmobiliaria Bullrich Campos: "mejoraron todos los productos del campo y surgieron nuevos destinos, como el Mercosur para la leche y los lácteos".
Otro atractivo son los bajos precios de la tierra: según un estudio de SEA consultores, la héctarea para explotación agrícola cuesta U$S 280.000 en Japón, U$S 7000 en los Estados Unidos, U$S 4700 en Australia, y U$S 3000 en la Argentina; en tanto que la hectárea de campo para explotación ganadera cuesta U$S 112.000 en Japón, U$S 3500 en los Estados Unidos., U$S 2800 en Australia y U$S 1500 en la Argentina. De todos modos, algunos relativizan este punto. Carlo Benetton, uno de los dueños del grupo homónimo, aclaró que "no sé cuánto sale en los Estados Unidos un campo del tipo patagónico, pero seguro que es más caro que acá. Claro que vale más porque ya tiene la infraestructura necesaria. Comparada con Italia, la tierra en la Patagonia también es más barata, pero, al final, con lo que hay que invertir para mejorarla, lo que uno pensaba pagar 25 pesos lo termina pagando cien". Según el empresario italiano, "tuvimos que desembolsar más o menos un millón de dólares por año para arreglar los campos que compramos en el sur".
Ricardo Patterson, diputado de la UCR por Santa Cruz y propietario de tierras, concedió que "hoy por hoy los precios de los campos son bajos pero también hay problemas productivos". Crítico de la gestión del gobernador de su provincia, el justicialista Néstor Kirchner, el legislador consideró que "ésta es una extranjerización innecesaria, porque se puede decir que no había argentinos con capital y tecnología para operar los teléfonos, pero no puede aplicarse ese razonamiento al campo. Hay poco esfuerzo para recuperar la producción de lana o de alimentos por parte de los santacruceños".
Finalmente, otro factor que cuenta es la rentabilidad. "En los últimos dos años hubo una mejora. Antes se hablaba de rentabilidades del 3 al 5% en campos para cría de ganado y un poco más para explotación agrícola. Hoy hay un crecimiento del doble en cada uno de esos rubros", opinó Frenkel Santillán. Para su colega De la Serna, "tradicionalmente la rentabilidad del campo fue baja -de entre 3 y 4%- y hoy, explotado intensivamente y bien administrado, se puede hablar del 13 al 15%. En los Estados Unidos, un campo rinde del al 8 al 10 por ciento".
Ramón Zorraquín, administrador agropecuario, en cambio, consideró que "los precios están en una meseta. Estos personajes que compran campos no son representativos. Si aparece un Eurnekian o un Otero Monsegur parece que el precio de la tierra subiera mucho, pero no es para nada representativo. Ellos compran caro porque apuestan a que los precios seguirán subiendo".
La opción de los famosos
Crecen las inversiones dedicadas al descanso por parte de dueños de grandes fortunas
Es cada vez más común ver en los aeropuertos de Bariloche o San Martín de los Andes los jets privados de magnates que visitan sus nuevas propiedades o que están interesados en comprar la suya.
Tal es el caso de Ted Turner y Jane Fonda, que vinieron asiduamente el último verano a su estancia La Primavera, a unos 60 kilómetros al norte de Bariloche. Aunque sólo se trata de 4500 hectáreas -y se quedó con ganas de comprar más- eligió una propiedad que tiene acceso exclusivo a uno de los cauces más codiciados para la pesca, el Traful, que nace en el lago homónimo y desemboca en el Limay.
Transcurrieron pocas semanas del paso fugaz del actor Christopher Lambert -ahora también empresario gastronómico-, según se dice interesado en una propiedad no tan cara como la de 6 millones que sobrevoló en Cholila, 200 kilómetros al sur de Bariloche.
Antes estuvo su colega Sylvester Stallone, de quien se dijo que había comprado un extenso territorio en las inmediaciones de El Foyel, donde su amigo Charles Lewis, ex propietario del Hard Rock Cafe, se hizo dueño de un pintoresco valle, lago incluido.
La mayor parte de las nuevas inversiones están destinadas al placer y el descanso de propietarios de grandes fortunas. Uno de los últimos en la lista es Alfredo Yabrán, llegado a San Martín de los Andes hace poco más de un año.





