Rafael Di Tella: "La elección de Macri fue extraordinariamente buena para lo desastrosa que fue la economía"

Rafael Di Tella
Rafael Di Tella Crédito: Rodrigo Néspolo
Rafael Di Tella estudió economía en la Universidad de Buenos Aires (UBA) e hizo su doctorado en Oxford University, en Inglaterra; desde 2007 es investigador y profesor en Harvard University; además participó como esgrimista profesional de los Juegos Olímpicos Seúl 1988 y Barcelona 1992; con la selección argentina fue campeón sudamericano en 1992
Sofía Diamante
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1 de septiembre de 2019  

Rafael Di Tella está contento: sus hijos Pascual e Isabel ganaron respectivamente una medalla plateada y una de bronce en los últimos juegos Panamericanos. El objetivo que tienen para adelante es clasificarse a los Juegos Olímpicos 2020, algo muy difícil ya que solo viaja un representante por el continente americano.

Radicado en la ciudad de Cambridge, en donde está Harvard University, pero de visita en Buenos Aires, el economista argentino -hijo del excanciller Guido Di Tella- habló con LA NACION sobre su nuevo trabajo que relaciona el populismo con la política comercial, e indicó que la economía se está cerrando a una velocidad notable. Además, señaló que la administración de Mauricio Macri no es populista, pero que tuvo una mala gestión económica desde su primer año de gobierno.

-Usted dijo una vez que las tres cosas sobre las que le hablaría a un extranjero sobre la Argentina son: los problemas interesantes que tenemos, lo insólitas que son las soluciones que se nos ocurren y lo poco que aprendemos de los errores. Pareciera que esta crisis actual se ajusta perfecto a lo que dice...

-Increíble. Es un misterio la razón por la que la Argentina vuelve a entrar en crisis. Lo mal que le fue al gobierno de Macri en la macroeconomía en relación a lo bien que le fue en el área de infraestructura, por ejemplo, es una sorpresa. No es tan fácil de entender. Nos sorprende porque uno tiene la teoría de que todas las decisiones malas que hacemos es porque somos populistas, o porque hay intereses electorales. Nada de eso estaba presente en este caso. El gobierno de Macri no era populista, no estaba con presiones electorales tan obvias, pero desde el primer año al gobierno le fue relativamente mal y tuvo decisiones medio raras. La idea de usar metas de inflación fue un poco sorprendente. No estábamos acostumbrados y no resultaron bien. Sería una cosa buenísima para que los historiadores o psicólogos nos digan por qué se toman decisiones tan malas a veces.

-En 2017 el Gobierno había ganado las elecciones legislativas y ya se hablaba de la reelección, pero en dos años cambió todo...

-En 2017 pudo haber habido euforia, pero el plan antiinflacionario andaba relativamente mal. El gradualismo fiscal había sido en verdad una expansión fiscal. Estábamos con muchísimos problemas y había mucha gente preocupada. Lo raro de las metas de inflación era la idea de no usar el tipo de cambio, pero como dijo esta semana [el ministro de Hacienda, Hernán] Lacunza, no tiene ningún sentido tener reservas y dejar el tipo de cambio en las nubes. Estamos recordando algo que todos sabíamos: que en la Argentina, si no se estabiliza el tipo de cambio, es muy difícil organizarse.

-¿Qué análisis hace de la relación con el FMI?

-Es interesante que el Fondo esté intentando tener un rol menos político; vienen con menos condicionalidades con respecto a privatizar o a hacer cosas de reformas mucho más agresivas políticamente de lo que eran antes. Veo una cierta mejora en ese aspecto. Después hay ciertos límites entre los cuales se mueve el Fondo, pero no quiero opinar mucho sin tener más conocimiento.

-¿En qué investigación está trabajando ahora?

-Estamos trabajando con Dani Rodrik [otro economista de Harvard] en un tema sobre el populismo y la política comercial, junto con la base a datos de Estados Unidos. La idea es tratar de entender por qué la gente pide proteccionismo y por qué cambia cuánto proteccionismo pide dependiendo de cosas que los economistas creemos que son irrelevantes, pero que obviamente para la gente no lo son. Por ejemplo, si una persona pierde su empleo porque el país está importando mucho, la gente tiene versiones distintas si esas importaciones vienen de un país rico, o de uno que es amigo, o de uno que es pobre. Los economistas creemos que no debería ser así.

-¿Los pedidos de proteccionismo no se incrementaron con el avance de la tecnología?

-Sí, la gente pide proteccionismo también cuando hay shocks tecnológicos. Por ejemplo, cuando se reemplaza fuerza laboral por una máquina que hace las tareas automáticamente. Pero en verdad tiene poco que ver.

-Pero hay que echarle la culpa a alguien...

-Puede ser que sea eso. Estudiamos también cómo reaccionan los republicanos y los demócratas al proteccionismo. Los que apoyan a Donald Trump son muchos más proteccionistas, pero a los que apoyan a Hillary Clinton, por ejemplo, que tienen un proteccionismo de base mucho más bajo, apenas se los estimula con estos temas y terminan siendo tanto o más proteccionistas que los que apoyan a Trump. Quiere decir que las preferencias sobre proteccionismo son muy flexibles, y que son muy fáciles de excitar con un discurso político.

-Teniendo en cuenta este estudio, ¿cómo ve el futuro? ¿Más proteccionista?

-No tengo ni idea del futuro. Lo que observo es que el presente ya es rarísimo y todo avanza a una velocidad notable.

-¿Y qué peligros trae un mayor proteccionismo? ¿Bienes y servicios más caros?

-A los economistas nos gusta un sistema abierto porque tiene muchas virtudes y la gente puede trabajar en cosas para las cuales se especializa más. Hay millones de virtudes obvias. También es cierto que los economistas hemos enfatizado mucho en los beneficios de la globalización, sin explicar los riesgos y los costos que tiene en el corto plazo. Y esa exageración de los beneficios es una de las razones por las cuales la gente reacciona en contra de las élites o de los economistas. Y creo que tienen razón. Los economistas, que hemos exagerado los beneficios, tenemos ahí algo que corregir.

-¿Cree que tuvo mala suerte Macri en virar a una economía más abierta, justo cuando Estados Unidos comenzaba el proceso inverso?

-Yo no diría que tuvo mala suerte. No se puede gobernar solo para los mejores momentos. Es verdad que el kirchnerismo tuvo muy buenos precios internacionales. Esa es una verdad obvia, pero tampoco fue tan mala la coyuntura en los mercados internacionales en estos últimos años. No es la época de los 80, esa época que le tocó a Raúl Alfonsín.

-Economistas argentinos hay muy buenos y en varias partes del mundo pero, ¿por qué cree que la Argentina no logra despegar?

-No hay ninguna razón por la cual se necesite un economista para hacer política económica en un país; sí se necesitan algunos consejos de un economista, pero puede tomar la cartera una persona con sentido común, que entienda más o menos lo que está pasando. Hay muchísimos países a los que les va excelentemente bien con ministros de economía que no son economistas.

-El presidente de la Fed, Jerome Powell, y la exdirectora gerente del FMI, Christine Lagarde, no son economistas sino abogados, por ejemplo.

-También hay ejemplos de países en los cuales los ministros de economía no son economistas. Por supuesto que contratan a economistas y tienen gente que los ayudan en aspectos que no son tan intuitivos, como la cuenta corriente y la balanza de pagos. Pero no es cierto que se necesita un economista profesional.

-¿Cree que nos iría mejor si el próximo ministro de Economía no es economista?

-Creo que es un error la idea de que tiene que ser un economista. La Argentina tiene un problema bastante extremo de problemas monetarios, así que en esa parte en particular no califica esto que estoy diciendo. Pero en general creo que se confía demasiado en el poder de la economía, que es relativo al poder de la política o al poder de otras cosas, que me parece que son más importantes.

-¿Le ofrecieron algún cargo público?

- No que yo recuerde. Lamentablemente nunca me ofrecieron ser secretario de Deportes.

-¿Le interesaría ocupar un lugar así en la función?

-Absolutamente no.

-¿Cómo se imagina la Argentina del futuro?

-Soy súper optimista. La Argentina llevó el gasto primario de alrededor de 25% a casi 40% del PBI: hay una presencia del Gobierno mucho más grande. Eso le gusta a la izquierda, que por lo tanto debe ser la principal interesada en lograr que se mantenga este nivel de presión impositiva que a mucha gente, me incluyo, nos parece un poco alto. Debería ser trivial para el próximo gobierno lograr el apoyo de la izquierda para bajar el déficit, que no tiene nada que ver con el nivel de gasto. Lo esotérico del gobierno de Cristina [Kirchner] es que expandieron el nivel de gasto y además tuvieron déficit. Y los grandes ajustes de nivel del gasto se dan cuando un déficit termina en una crisis, con una corrida. Entonces, ¿quién es el principal interesado en que no haya déficit alto? La izquierda. A "la derecha" se le puede ofrecer bajar el gasto actual de 38% del PBI a 35%, y a "la izquierda" una garantía de que se va a dejar el gasto en 35% (10 puntos más de lo que históricamente produjo el sistema impositivo argentino). Para eso, la izquierda tiene que ser la primera defensora del déficit cero. Debería ser obvio para la izquierda: los principales perjudicados cuando hay una corrida inflacionaria son los que menos tienen.

-En el caso de que asuma Alberto Fernández y tenga un gobierno de izquierda, ¿cree entonces que le será más fácil?

-Sí, porque se podrán juntar con la gente de más de izquierda y decirles que si quieren mantener un gasto grande tenemos que llegar al déficit cero.

-Pero usted habla de una izquierda muy racional.

-Con la locura, no puedo ayudarlos. Lo único que les diría es que todas las veces que se resistieron a ese tipo de cosas, cuando se dispara el dólar, el peso del Estado colapsa.

-Se habló mucho de que tal vez los mercados tenían más ganas de creer que iba a ganar Macri de lo que mostraba la experiencia sobre elecciones en países en recesión

-Es buenísimo ese tema: ganas de creer.

-¿En qué país sucedió que, con una crisis como la nuestra, un presidente sea reelegido?

-Pensémoslo de otra manera. La elección de Macri fue extraordinariamente buena para lo desastrosa que venía siendo la economía. Hay unos modelos para predecir el resultado de la elección basados solo en la inflación y el desempleo. Si hacemos ese cálculo, a Macri le tendría que haber ido muy mal.

¿Cuáles son sus cinco clubes sociales favoritos?

  • Club de Gimnasia y Esgrima (GEBA)
  • Centro Asturiano
  • Club Flandria
  • Club Ciudad de Buenos Aires (Muni)
  • Club Náutico Hacoaj

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