
Reciclar para ganarse la vida
Dos postales de la infancia: la de Marcos muestra "una plaza divina" frente a su casa, a la que iba a jugar; la de Julieta, a sus padres artesanos trabajando el cuero. Algo tienen que ver las sensaciones de aquellos años en las actividades que estos dos emprendedores desarrollan hoy bajo la premisa de transformar en un elemento útil algo que, de otra manera, sería basura.
Marcos Heyd tiene 28 años, es cordobés y está al frente de la empresa que fundó para convertir escombros en insumos para la construcción, concretamente en sustitutos de la arena. Entusiasmado, dice que las metas de la firma La Escombrera incluyen la recuperación de espacios en los que se acumulan residuos. Esos lugares podrían convertirse en parques donde puedan disfrutar del pasto y los juegos esos chicos de las villas que tantas veces vio, durante sus tareas de ayuda social, andando descalzos entre pedazos punzantes de lo que alguna vez fue una pared.
Julieta Milone vive en Buenos Aires y cree que la actividad de sus padres puede haber influido en su trabajo actual, pero enseguida aclara que el cuero nunca fue lo de ella. Las carteras que fabrica bajo la marca Xull son en realidad hechas con papeles que antes fueron envases de galletitas y snacks y que le juntan en jardines de infantes. "Soy una cartonera fashion", se define, luego de contar que, además de adoptar el reciclaje como base de su actividad, en su casa tiene muebles, lámparas y cuadros hechos en papel.
El aprendizaje debió sumarse a las ganas de transformarse y de transformar; ganas que fueron respaldadas por ambas familias. En la historia de La Escombrera, los otros socios, Javier y Santiago, son ingenieros civiles y aportaron sus conocimientos, pero además hubo que indagar en experiencias de otras latitudes. Al saber hacerlo hay que sumar el saber venderlo, y otra tarea es la de convencer a posibles clientes de las bondades tanto de los productos como del efecto social de la compra.
Las frustraciones tienen muchas veces que ver con el contexto y con estar convencido de algo que los demás, no. La falta de un mayor interés político en el tema del reciclaje, los impuestos y leyes que actúan como frenos, son para Julieta, de 36 años, algunas de esas cosas que desaniman. Desde lo personal y tras haber perdido hace unos años mercados de exportación, dice que cuando llegaron sus hijos decidió reducir su actividad por un tiempo, aunque ya quiere volver a pisar fuerte.
"Nos movemos con las reglas del mercado, pero entendemos al fin de lucro como un medio para solucionar problemas ambientales", dice Marcos. Esa motivación implica salir de los esquemas tradicionales de pensamiento para abrirse a una acción diferente; lo mismo que a él le pasó cuando al colaborar en las villas desde la ONG Surcos Argentinos, descubrió que no se trata de guiar a otras personas hacia lo que uno cree que es la felicidad, sino de entender cómo los otros ven la vida y, desde ahí, tratar de producir mejoras. Eso también es transformar.
El reciclaje celebra cada año su día internacional, que fue ayer. Con creatividad, los emprendedores que se basan en el uso de residuos se abren paso. Lo hacen con un propósito: que actuar desde el principio de las tres R, reducir, reutilizar y reciclar, les permita ganarse la vida y ganar en la vida.






