Reforma laboral con sindicatos fuertes

Ariel Cocorullo
Ariel Cocorullo PARA LA NACION
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5 de noviembre de 2017  

Sí, hubo proyecto de reforma laboral. Un proyecto que resulta ambicioso e ineludible, pero que de ninguna manera pretende ni puede funcionar de manera autónoma. Requerirá tanto del consenso legislativo como de la negociación colectiva en cada sector.

A poco de recorrer su redacción, percibimos que un "blanqueo" amplio de personal resulta necesario y se impone a los empresarios como una última oportunidad de subirse al sector formal. Ello, para no depender ya más del rigor de la litigiosidad del fuero laboral.

En la misma línea, las reformas de las condiciones individuales del contrato de trabajo son correctas y pretenden contener la ambigüedad y el temor a la hora de utilizar figuras que -comprendidas por los actores sociales de cada actividad- fomentarán el empleo, un beneficio para trabajadores y empleadores.

Es bueno que se pretenda precisar algunos conceptos, a la vez que aggiornar tantos otros como trabajo humano, remuneración, trabajo independiente y solidaridad laboral, puesto que son ejes de la más espesa e injusta actividad judicial. Tenemos que entender que las sentencias no sólo reposan en conceptos teóricos, sino que se proyectan a la realidad con cuantiosas sumas de dinero que aplastan, fundamentalmente, la rentabilidad -y cuando no, sustentabilidad- de pymes y demás empresas.

También resulta destacable que se abra paso a las nuevas necesidades de la tecnología 4.0 y de los recursos que ésta nos puede brindar, que se intente concientizar y fomentar el empleo juvenil y el entrenamiento para el trabajo. Esto pensado como una transición desde el sistema educativo formal, pero sabiendo que no se terminan ahí las tareas. Todo lo contrario, es en este punto donde debe reposar el máximo esfuerzo de entrenamiento y capacitación para un mundo del trabajo cada vez más exigente y competitivo a nivel mundial.

Claro está que las discusiones ya probadas en la "casa matriz" de la negociación colectiva del mundo -como lo es la Organización Internacional del Trabajo (OIT)-, deben ser recibidas sin recelo ni desconfianza. Tal es el caso de las agencias privadas de empleo, que merecen más apoyo que condena a la luz de lo establecido en el Convenio N° 181 de la OIT.

Aliados

Finalmente, pobre del que piense que este proyecto atenta contra el poder de los sindicatos o que relativiza su posición en el campo de la negociación colectiva.

Todo lo contrario, eleva la discusión y les otorga un papel protagónico en varios de los institutos que promueve esta pretendida legislación. Así, jerarquiza su participación en inspección, fiscalización y lucha contra la evasión, ratifica su papel preponderante como vectores necesarios a la hora de innovar en materia de tipicidad de jornada y modalidades de contratación. También los dispone como árbitros a la hora de establecer cupos máximos para establecer prácticas formativas, les otorga participación en el llamado "Fondo de cese laboral", en distintos consejos tripartitos y entes capacitadores.

No obstante, también se decide censar la multiplicidad de asociaciones sindicales actualmente inscriptas para saber a ciencia cierta cuáles son un mero "sello de goma" y cuáles practican verdaderamente el oficio sindical.

Por lo tanto, un proyecto tan ambicioso como ineludible, no puede ser desperdiciado por finalidades mezquinas o excusas políticas, sino que debe ser tomado como una oportunidad para discutir sin temor de hacerlo una legislación que mire hacia el futuro de los trabajadores argentinos. Sin que los prejuicios más difundidos -que no son los que tiene el mundo global- permitan cualquier acción para obtener una ventaja "chicanera" de empleadores o sindicatos.

Se trata de una chance para establecer una industria sustentable y lograr el consenso de los distintos actores en un mesa de negociación, para evitar entender a los sindicatos y empresarios como enemigos del pasado, sino como aliados.

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